Fue el salto que dio el precio a partir del 9 de marzo. No descartan nuevos aumentos.
Los clientes que quieran comprar un kilo de filet de merluza deberán pensar en gastar cerca de 30 pesos. La misma cantidad de milanesa de merluza y de pollo de mar se encuentra a 32 y 30 pesos, respectivamente. El titular de la Asociación de De-fensa de Usuarios y Consumidores de San Luis (ADEUCO), Jorge Olguín, remarcó que los precios de estos alimentos son por lo general más baratos en las pescaderías que en los supermercados.
Los comerciantes señalan que las remarcaciones fuertes en el pescado se dan por la mayor demanda que sobreviene en Cuaresma, cuando la clientela se duplica. Sin embargo, en la comparación de los precios actuales con los del 2010 la variación ha sido bastante mayor al 10 por ciento registrado en las últimas semanas, algo que queda de manifiesto en el valor de algunos productos como las rabas. Un kilo el año pasado salía 39 pesos, mientras que ahora cuesta 60. Los últimos retoques en las cifras igualmente podrían llegar en los días previos a Semana Santa.
“No estamos seguros si va a haber un ajuste, pero si ocurre estimamos que va a estar en el orden del 5 por ciento”, destacó María Fernández, encargada de una pescadería ubicada en la esquina de San Martín y Lavalle, quien dijo que las subas no responden a una acción especulativa de las pescaderías ante la mayor demanda, sino que obedecen a que los comerciantes deben trasladar los precios que fijan previamente los proveedores.
Al pico de comercialización en el año que registran las pescaderías en Semana Santa, acostumbra a seguirle inmediatamente una caída abrupta que se traduce en el cierre de estos negocios. La explicación a este cambio tan notorio está en que los proveedores logran poner todos los volúmenes del producto en el mercado y por eso durante aproximadamente diez días estos comercios se quedan sin mercadería para vender.
Más allá de los últimos incrementos, los comerciantes de la ciudad subrayan que el mercado del pescado es más estable que el de otros productos de la canasta familiar, y que después de Semana Santa los precios incluso llegan a bajar, aunque nunca alcanzan los valores que tenían antes de los cuarenta días del año en que dispara el consumo.
Otro aspecto que destacan es que este alimento tiene un suministro estable y no padece escenarios de escasez o cortes en su suministro.
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