Gobernó la ciudad escasos tres años. Tantos como intendentes peronistas tuvo Olavarría. Fue derrocado por la Revolución Libertadora y vivió tiempos de enormes brechas políticas y sociales y de violencia sorda. La dictadura que dijo llegar para terminar con la tiranía lo empujó a la cárcel. Alfredo Fernández y tres años fundamentales en la historia.
Gobernaba Santiago Cañizo -primer intendente peronista de la ciudad- cuando en noviembre de 1951 Alfredo Fernández logró 10.344 votos. Una elección con 19.000 participantes en una ciudad con 53.000 habitantes. Eva Perón ya estaba enferma, Olavarría asilaba en su ombligo las mismas brechas políticas y sociales que estallaban en el país, la ciudad tenía menos de la mitad de los habitantes actuales, los Emiliozzi eran germen de leyenda, estallaban bombas en las casas de los dirigentes, el arroyo mostraba los dientes en la crecida más grande hasta 1980, llegaba la polio y se hacían colectas para ayudarle al intendente saliente a pagar la multa del Tribunal de Cuentas. Una Olavarría distinta, rara, impensada, naciente.
Asumió el 1º de mayo de 1952 -el día de su muerte coincidió con el aniversario 58- y sería el último peronista en despacho hasta 1987. Jamás sospecharía ese dato del futuro ni el otro, mucho más cercano: que sería sacado a la fuerza del Palacio y que hasta lo acusarían de robarse un auto.
Pero mientras tanto, la ciudad se convirtió en una canasta de homenajes a Perón y a Eva, con nombres desparramados por monumentos y edificios. Que luego serían barridos como el nombre de todas las bocas, como el busto de la avenida Del Valle, como -pretendieron- el peronismo de la historia. Llamaron Eva Perón al Teatro y a la avenida Del Valle entre Brown y Pringles. Presidente Perón a la Escuela Normal. Y Comisionado Cañizo al puente de Colonia San Miguel. Las protestas radicales tuvieron que esperar hasta que la Libertadora arrasó literalmente con todo.
A pesar de los cortes brutales que los amores y los odios plantaban en la sociedad, Olavarría se empeñaba en crecer. En 1952 nacía FABI en Hinojo y se vendía PICO (Piquelado y Curtiembre SRL) a la Cooperativa Agraria después de mucho tiempo de inactividad. Sin embargo, el Piquelado nunca terminó de remontar. Pasó por penurias varias hasta que cerró. Hace un año el segundo Eseverri que gobierna la ciudad prometió que allí, en el Piquelado, se construiría gran parte de las mil viviendas prometidas en el megaplan. Nada fue posible.
En Sierra Chica, el Instituto de Hormigón Elástico Inversor, una fábrica que prometía ser única en Sudamérica y que ocuparía entre 500 y 600 obreros terminó formando parte de las cárceles. Como un presagio de lo que sucedería 50 años después, cuando el perfil de ciudad fue modificado por la invasiva presencia carcelaria.
En Durañona, el cardo venenoso se llevó a centenares de vacas. Escaseaban el azúcar, el pan blanco y las papas: los precios máximos hacían desaparecer ciertos productos. Y la Liga de Padres de Familia intentaba crear una comisión de moralidad: basta con observar el nombre de la entidad y el que se le impondría a la que pensaban parir para entender el tenor de la disputa. Una película con Blanquita Amaro y Adolfo Stray, inocente e insulsa, era declarada inmoral, impúdica y blasfema. Perón se peleaba con la Iglesia y, tras la muerte de Evita, coquetearía con pibas del secundario. Imposible convivencia.
A Olavarría empezaba a llegar la poliomielitis, una epidemia que se alcanzaría su pico en la segunda mitad de la década y que dejaría muerte y marcas indelebles en toda una generación que hoy ronda los 60 años. No había vacunas ni cura. Las madres, desesperadas, colgaban del cuello de sus hijos una bolsita de género con una pastilla de alcanfor dentro. La necesidad de aferrarse a lo mágico cuando la realidad no ofrece alternativas creó el amuleto.
Veinte días después de la asunción de Alfredo Fernández muere José Luis Torres. Nombre de una linda calle que cruza Pueblo Nuevo, Mariano Moreno e Hipólito Yrigoyen, muy pocos saben que fue un maestro, que dirigió desde 1913 el Instituto Sarmiento. Y enseñó dactilografía, idiomas, etc. a centenares de jóvenes que terminaban la enseñanza oficial y querían más.
Dos meses después murió Eva Perón. San José y Monte Viggiano fueron escenarios multitudinarios de oraciones desconsoladas. Altares ante los que debieron comparecer los que tenían el corazón ardiente de pena y los que escondían sus vísceras festivas tras el gesto grave.
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La crónica que involucra a Santiago Cañizo -el intendente que precedió a Fernández- es de otro mundo. La historia y sus rémoras han pasado tan por encima de los pueblos y de sus dirigentes que hoy el episodio sería quimérico.
Fue Julio Fassina, abogado y ex funcionario, quien publicó en EL POPULAR las razones: el Tribunal de Cuentas se disponía a cobrarle a Cañizo una multa injusta. Es que los intendentes pagan con sus bienes personales los problemas en los números municipales que detecta el Tribunal. Los 2.000 pesos eran imposibles de afrontar por el hombre que se fue del Palacio con los bolsillos agujereados. Entonces se convocó a una colecta popular para ayudarlo. Miles de personas participaron para ayudar al ex intendente que no tenía un centavo. Hoy apenas se lo recuerda en una calle de Loma Negra. Ojalá Alfredo Fernández tenga mejor suerte.
En 1953 llegaron los incendios. Se quemó la Tienda la Victoria, en Vicente López y Belgrano. En ese mismo lugar estaba planeado el primer edificio torre de Olavarría. Pero también el odio seguía creciendo como un monstruo en la oscuridad. La violencia comenzaba a pararse en las esquinas. Y a estallar, como las bombas al dirigente Víctor Giri y al médico Ricardo Viñuales. El primero, en la noche del 17 de ocubre.
Pero Olavarría insistía en su cara brillante -aun cuando crecía su lado oscuro y conspirador-: del Censo Nacional Agropecuario surgió que Olavarría contaba con 545.042 cabezas vacunas y no había territorio nacional que la superara. Y Aldo Forletti se empeñó hasta que logró captar imágenes televisivas por primera vez en la ciudad, cuando nadie le creía y apostaba a una demencia creciente. Los gringos Emiliozzi lograron el primer gran triunfo en el TC, en la vuelta de Chacabuco. Después ganaron en Mercedes y como cereza del postre se alzaron con el Gran Premio Nacional, desde Rosario a Buenos Aires, con la caja de cambios rota. Después de semejante hazaña, llorosos y sudados, dedicaron el triunfo a Perón, al gobernador Aloé y a Olavarría.
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Las brutales dicotomías, los enfrentamientos con sectores de poder, la política de inclusión peronista -que ese mismo partido desanduvo dramáticamente cuarenta años después-, la certeza de que las elecciones las ganaría el peronismo y la ira del Ejército, la Marina y la Iglesia acorralaron al gobierno de Juan Domingo Perón. Que, para colmo, había perdido su pata humana y pasional: Eva.
El 23 de septiembre de 1955 asumió Lonardi la Presidencia y el titular del regimiento, teniente coronel Santana Pérez, se volvió intendente de Olavarría. No se privó de hablar desde el balcón aunque, dijo, hubiera preferido hacerlo "desde un arado, un carro o de un caballo". El militar sudaba demagogia.
Una parte de la ciudad lloraba amargamente la huida de Perón. Otra, la festejaba. Por segunda vez en tres años brindaban con champagne. La mayoría estaba muerta de miedo. Con razones más que concretas. El peronismo sería reprimido, allanado, detenido. Hubo atentados, cesantías de docentes y trabajadores estatales, los nombres de "esa mujer" y del "tirano prófugo" fueron barridos de los monumentos, calles y edificios. El busto de Eva Perón, ubicado en Pringles y Del Valle, fue arrancado y secuestrado. Una mujer peronista lo rescató y lo guardó. Sería Pedro Eugenio Aramburu el padre del decreto 4161 que prohibía nombrar a Perón, al peronismo y a todo aquello que lo implicara.
Pocos días después de ser expulsado del Municipio, Alfredo Fernández fue detenido por orden de las autoridades entrantes. Santana Pérez, entre ellos. Otra crónica burda: le prestaron un auto municipal para trasladarse a su casa de Sierras Bayas y traer toda la documentación oficial. Pero en realidad, querían acusarlo de robarse el auto. Por supuesto que fracasaron: muchas acusaciones pero fundamentos inexistentes. Sin embargo, Fernández tuvo que bancarse la cárcel en Azul hasta diciembre.
Su crónica traza una línea que recorta la historia de la ciudad. Y la del país. El hombre que murió el 1º de Mayo, el día en que hace 58 años asumía la intendencia -nada puede ser casual- fue el segundo peronista que gobernó. En una soledad de tres. No llegó a los tres años frente a un Eseverri y a un Portarrieu que se repartieron casi cuarenta años de historia ciudadana. Durante su gobierno se construyó el Monumento a la Madre en la plaza central. Justamente ahí, en el ombligo de la Olavarría que necesitó siempre padres para sostenerse.
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