Por: Jorge Fontevecchia.Sectores kirchneristas interpretaron que el domingo pasado triunfaron sobre los medios. No entienden al periodismo y no comprenden su dinámica, su lógica, ni su técnica.
Para aumentar la épica, precisan bautizarlo con adjetivos: “Los medios hegemónicos”, un colectivo que junta a PERFIL con Clarín y La Nación para, así, mezclar todo. Según esta visión, los “medios hegemónicos” habrían confundido a una parte de la ciudadanía y a la propia oposición apostando a ella y asignándole posibilidades de las que carecía, habiendo quedado perplejos ante el triunfo kirchnerista.
A PERFIL no le sorprendió el resultado del domingo pasado porque lo viene anticipando recurrentemente:
* Domingo 27 de marzo, título principal de tapa: “Encuesta: Cristina vuelve a subir. Dos de cada tres apoyan su gestión”.
* Domingo 15 de mayo: “Encuesta: Cristina gana en primera vuelta y le saca 40 puntos a Alfonsín”.
* Y el domingo previo a la votación, 7 de agosto, el título principal de tapa decía: “Cristina sigue ganando sin ballottage”. Las encuestadoras fueron Ipsos-Mora y Araujo y Management & Fit.
Y el propio domingo de las elecciones, esta contratapa concluyó con estos tres párrafos:
* “Desilusión. Mañana y desde hoy a la noche habrá una importante cantidad de argentinos desilusionados, preguntándose: ‘¿Por qué sacamos menos votos que los que esperábamos?’. Esto sucede en todas las elecciones, pero en la Argentina será la primera vez que suceda cuando la elección definitiva no se ha producido, generando un hecho político totalmente inédito.”
* “Otro hecho novedoso es la autocensura que parte de los principales diarios aplicaron a las encuestas. El domingo previo a cualquier elección, último día de mayor circulación antes de la veda electoral, los principales diarios acostumbran a titular su tapa con la última gran encuesta disponible. Sólo PERFIL lo hizo; el resto de los diarios no. Incluso hubo anuncios de publicación de encuestas que no se cumplieron.”
* “No desairar a las audiencias que esperan otro resultado es una de las tantas formas en que se retroalimenta el the filter bubble. PERFIL recibió quejas de lectores por haber publicitado en tapa, el domingo pasado, la encuesta que entristecía a la oposición y alegraba al oficialismo.”
Binner periodista. Un dato curioso es que en las votaciones que se hacen en todas las redacciones entre los periodistas, Binner fue el ganador tanto en Clarín y La Nación como en PERFIL. No se podría decir que quien vota a Binner está ubicado ideológicamente en las antípodas del kirchnerismo. Es más, Binner apoyó la nueva Ley de Medios.
En mi caso particular, voté por Binner el domingo pasado y por Filmus en el ballottage contra Macri. La semana anterior a la segunda vuelta en la Capital, estábamos comiendo con Lanata y se produjo este diálogo. El me dijo:
—Voy a votar en blanco.
—No puedo votar por Macri, voy a votar a Filmus –afirmé.
—Votá en blanco.
—Siento que votar en blanco es votar al que saca más votos y más allá del kirchnerismo, su figura de maestro me resulta mejor ejemplo que la de Macri. Además, por su moderación, el kirchnerismo no lo quiere y él no representa esa cultura.
Pero la simpatía o distancia con una persona o un grupo de ellas no implica que la mayoría de los periodistas vayan a dejar de publicar informaciones que afecten a quienes aprecian. Es el caso de Zaffaroni, quien personalmente me generó valoración y respeto (al igual que Filmus, de lo mejor del kirchnerismo), pero si cinco departamentos suyos estaban alquilados a prostíbulos no iban a dejar de ser nota por la consideración que se le tenga al juez.
Buena parte del periodismo, y PERFIL entre ellos, no dejará de publicar denuncias y tener una posición crítica de todos los gobiernos, por más que pudiera simpatizar con ellos. En mi caso, el kirchnerismo no me genera ningún apego aunque sí algunas de sus políticas y de sus figuras, pero no por ello, mientras estén en la función pública, sobre esas personas habrá una mirada más benevolente.
La mente de los periodistas está guiada por la idea de la primicia, de lo nuevo, de lo desconocido, de la revelación, de que la audiencia les preste atención. Esa y no la política es su verdadera inclinación. Hay, sí, quienes usan el periodismo para la política pero no son estrictamente periodistas o dejaron de serlo en algún momento. Y las redacciones, cuando trabajan en un marco de libertad, son organizaciones complejas que trascienden las simpatías y antipatías de sus conductores porque aquella noticia que despierta el interés del público tiene una fuerza propia y autopotenciadora que, una vez encendida, nadie puede detener.
Cuando escucho hablar de periodismo a algunos militantes, me queda la impresión de que desconocen cómo es una redacción y las fuerzas que la recorren. Que imaginan una escena pintada con brocha gorda que les impide ver matices. A veces, también poner todo en la misma bolsa, especialmente si se nivela con lo peor, es funcional a la idea de realidad que se han preconfigurado.
El mismo día de las elecciones, mientras almorzaba en un restaurante, se me acercó Amira Yoma y me dijo: “Usted arruinó mi vida, pasé muchos años sin salir de mi casa por su culpa”. La revista Noticias y Página/12, bajo la dirección de Jorge Lanata, fueron quienes más ampliamente difundieron el llamado “Yomagate” y las valijas que pasaban sin control por la aduana. Por entonces, la revista Noticias contrató a Carl Berstein, el famoso periodista del Watergate, para cubrir el caso en Argentina y su nota motivó una desmentida de Clarín porque Berstein escribió que Clarín sabía lo de las valijas antes que Página/12 y la revista Noticias pero se habría autocensurado. Era el comienzo del menemismo.
El periodista tiene un impulso profesional que lo automotiva más allá de quien gobierne. Como cualquier actividad creativa, la profesión tiene su fuego sagrado que desde fuera de ella puede a veces resultar difícil de comprender, porque no se rige sólo por la maximización del beneficio material. Al kirchnerismo, que está muy atravesado por el materialismo, le cuesta entender estas lógicas diferentes. Y lo juzga desde su prisma beligerante como si cada acción estuviera motivada por un único fin.
En su paranoia, ve en el periodismo una aspiración de sustituirlo. Por lo menos en lo que hace a los verdaderos periodistas, debería sentirse más tranquilo. Podría darse cuenta de que tan preocupados están los periodistas por llegar antes a las noticias y por cubrirlas mejor, que no resultan una verdadera competencia.
Sí tenemos una función de asedio al poder, pero ya habrán podido ver que las denuncias sobre Skanska, el Valijagate (K), la bolsa de dinero de la ministra de Economía, Jaime o el escándalo de Schoklender no le impiden al kirchnerismo (ni al menemismo 16 años atrás) ser reelecto con comodidad.
El público les asigna al periodismo su papel y a los políticos el suyo. Por eso los medios críticos no sirven para que la oposición gane elecciones ni los medios oficiales sirven para conseguir grandes audiencias. Periodistas y políticos somos diferentes.


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