Se perdió una chance de apostar por la inversión

Por Hernán de Goñi

El gobierno argentino se perdió una oportunidad razonable de transmitir a las empresas un gesto que estimule la inversión y mejore la competitividad de la oferta exportable del país. El Impuesto a la Ganancia Mínima Presunta, invalidado ayer por la Corte, había perdido fuerza con el cambio de ciclo económico. Aunque el Gobierno sumó nuevas herramientas de recaudación, como las retenciones a las exportaciones, este gravamen quedó congelado en la memoria de los funcionarios.

Está claro que el objetivo de alcanzar superávit fiscal es central para cualquier administración. Pero en los últimos años, el deterioro del clima de negocios que produjeron otras decisiones oficiales (como la intervención del Indec, por mencionar solo una) hubiera justificado una revisión de la estructura tributaria que compensara la suba de otros costos internos, como el que produjo la desarticulación del sistema de riesgos del trabajo.

Hoy este impuesto le deja al Palacio de Hacienda entre $ 800 y $ 1000 millones por año. La Corte, con su fallo, le dio algo de razonabilidad. El Ejecutivo lo podría haber hecho por su cuenta, antes de que se expidieran los jueces. Pero se perdió la chance de dar de baja, con fundamento, de una creación puramente noventista.

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