Se trata de la condena que podrían enfrentar Fano y Steding. Para García, el máximo es de 3 años. El relato de los tormentos que sufrieron Amaya y Solari.
El fiscal general Horacio Arranz adelantó: “Supongo que son las penas que pediremos pero aún no hemos elaborado ese tema. Seguro que no serán mínimas”. En cuanto a los dichos del diputado radical Roberto Risso, que aseguró que su defendido García era un perseguido político, Arranz explicó que “hace más de 30 años que estoy en el Ministerio Público Fiscal en la zona; desde 1993 soy fiscal general y nunca tuve ni siquiera algún desvío por razones políticas en mi actuar. Cada uno se tendrá que hacer cargo de lo que dice”.
Los tres acusados escucharon en silencio el relato de las imputaciones en su contra. Según la versión fiscal, desde su llegada el 11 de setiembre de 1976 a la Base Almirante Zar de Trelew, encadenados y vendados desde el penal de Bahía Blanca, Mario Amaya e Hipólito Solari Yrigoyen fueron torturados física y psicológicamente apenas bajaron del avión. Hasta los perros policía les mordían los tobillos. La bienvenida fue del Servicio Penitenciario Federal, que había cambiado sus métodos al ritmo del golpe militar. Los presos llegaban en el pico represivo.
Patadas y trompadas en todo el cuerpo, poco y nada de comida, amenazas a sus familias, humillaciones, interrogatorios al peor estilo militar para arrancar confesiones, celdas de aislamiento, baños de agua helada. Varios testigos dieron cuenta de los aullidos de dolor de ambos presos políticos, noche y día, en el pabellón 8 de los presos políticos. Les dejaron la cara negra de moretones.
Solari aseguró que lo obligaban a quedarse de pie hasta 8 horas seguidas en su celda y que los guardias se quedaban con sus lentes para leer, casi jugueteando con su desesperación. Al abogado Amaya le fue peor: suplicaba a los gritos su inhalador y sus medicinas para el asma bronquial. Sólo cuando lo atacó una crisis imparable que lo ahogó fue llevado a la enfermería de la cárcel. Ya había tenido un infarto años antes y muchos le observaron la cabeza partida en dos por una herida profunda. Cuando se cruzó con Solari en un pasillo apenas susurró: “Estoy mal, muy mal”.
Los dos sufrieron el paso por “Los chanchos”, el sector de la cárcel de Rawson dedicado a castigar detenidos desobedientes. Se cruzaron con muchos otros que los vieron “duramente golpeados”. Se supone que el pabellón 8 era de los recuperables, pero según la acusación “les pegaban todos los días”. Para los fiscales, Fano y Steding conocían las vejaciones y las avalaron; García habría constatado las torturas médicamente, sin denunciarlas.
Amaya no resistió y pese a que fue trasladado al Hospital Penitenciario de Devoto, lo mató un infarto el 19 de octubre del ´76. Solari sobrevivió para contarlo.
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