“Cómo pedirles que sean ángeles en una sociedad que libera a genocidas”

“Cómo pedirles que sean ángeles en una sociedad que libera a genocidas”

Con su bolso al hombro, un corazón sensible, forjado en la privación económica y el barro de la villa, y una cabeza llena de conceptos que incorporó observando la vida desde los márgenes, pero también leyendo y escribiendo para echar a volar su mente entre los barrotes de la cárcel, César González brindó una jugosa charla anteayer en el CePLA, en el marco de la jornada contra la violencia institucional que organizaron la Dirección municipal de Derechos Humanos, la gente del establecimiento anfitrión y otras áreas comunales, en el Día Nacional contra la Violencia Institucional.

Antes de la disertación del poeta también conocido por su seudónimo de Camilo (por Cienfuegos) Blajaquis (por el dirigente sindical del peronismo asesinado en Avellaneda en 1966), hubieron una intervención pictórica en piso y paredes del sector de ingreso al Centro Preventivo Local contra las Adicciones (CePLA) y la interpretación de un tema alusivo al asunto convocante por parte de un ensamble de niños conducido por Mariano Vega, quien da clases de música en el centro inaugurado en agosto del año pasado en barrio Vivanco.

Ocurrió el lunes en las primeras horas de la tarde, ante la presencia de docentes y equipo pedagógico del CePLA, los niños y adolescentes que allí concurren, sus padres, maestros de escuelas bolivarenses, representantes locales del SUTEBA, referentes del área de DD.HH. de la municipalidad encabezados por la directora, Marianela Zanassi, sus pares de la mesa local contra la violencia de género, integrantes del colectivo Ni una menos, y con escasísimo público en general y una fuerte ausencia de líderes políticos. 

“Ni un pibe menos”; “Ningún pibe nace chorro”; “Mi barrio no es delito” son las consignas que pintaron los pibes, englobadas en el concepto general de la movida: “Sacate la gorra… Ponete la visera”, que refulgía desde la gran bandera colgada al frente del salón, a la vista (y a la sensibilidad) de todos.

 

“LA POLICÍA CAMBIARÁ” CUANDO NO HAYA ODIO

“Si los ponen desnudos, un pibe chorro y un policía son iguales: se cortan el pelo igual, son morochos, salen del mismo lugar. La mayoría de los policías no sale de las clases altas, sino de los barrios pobres”, aseveró González en el primer tramo de su intervención, frente a un auditorio de grandes y chicos que lo escuchaban con interés y una cierta fascinación. Esto, para explicar por qué entiende que un pibe pauperizado elija ser policía, quizá el único rumbo que una sociedad capitalista, carnívora en su afán competitivo y profundamente desigual le sirve a un joven marginado para ganar un salario fijo, poseer obra social y poder irse de vacaciones. “No se hacen policías porque quieren salir a matar gente, sino porque es su única posibilidad de conseguir un trabajo estable”, diferenció.

“Yo quisiera saber si todos los que se quejan de la policía, cuando van caminando a la noche y vienen dos pibes atrás, no están deseando que haya un policía cerca por las dudas que esos pibes vayan a robarlo. No estamos preparados para vivir sin policías, es fácil decirlo desde el discurso. Yo fui torturado y baleado por la policía y no tengo el pensamiento de creer que eliminando a la policía el mundo será un jardín de rosas. La policía cambiará cundo cambie la sociedad, si cambiamos cultural y sentimentalmente, si dejamos de sentir tanto odio por el diferente. Pretender que la policía cambie” mientras subsista semejante desigualdad, no sólo económica, representa una vacuidad discursiva y un imposible práctico, explicó el poeta y también cineasta. “¿Queremos una policía diferente o que no la haya?”, remató.

 

“AYUDO A LOS PIBES A QUE AMASEN UN SUEÑO: SER ARTISTAS”

En un contexto de creciente represión y mano dura ordenados por el gobierno nacional, el hombre de 28 años que nació y vive en la villa Carlos Gardel, de Morón (“una de las más estigmatizadas de Buenos Aires”), advierte a sus compañeros que “traten de no ir al choque con la policía, porque ellos cuentan con el aval y la maquinaria del estado y el poder judicial atrás”. César padeció el abuso del Servicio Penitenciario cuando comenzó a escribir: le rompían cuadernos y lapiceras, “no querían que fuera escritor, les molestaba a los jueces y al sistema mismo que un negro de la villa les dijera las cosas en la cara. El Servicio Penitenciario hacía de mano de obra de algo más grande, porque un juez tiene mucho más poder que un policía, y gran parte del periodismo también”, alertó.

Hablando de sus congéneres, César puntualizó que casi no le quedan amigos de su infancia y primera juventud: “Algunos están muertos por la policía, otros presos, y los que sobrevivieron, quedaron en sillas de ruedas. Esta es mi generación”, asumió. “Como decía un pintor inglés: miro alrededor y veo un desierto. Pero valoro el hecho de ser un sobreviviente, y entonces trato de ayudar a pibes y pibas de los barrios a que tengan un sueño en su vida, el de ser artistas, frente a toda una sociedad que les dice que los pibes de la villa no sirven para otra cosa que albañiles, barrenderos, basureros, empleados en una fábrica o policías. Yo le agregué un ítem al catálogo: podemos ser artistas”, desafió.

En otro pasaje, González remarcó que no juzga: “Jamás le diría a alguien que es malo o bueno, no mido la vida en términos morales, jamás me escucharán decir que cuando era pibe chorro era malo y ahora soy bueno. Y sobre todo, me interesa ayudar a los pibes que salen de estar presos, porque son los que la tienen más difícil para conseguir una oportunidad. Si vas a pedir trabajo y sos de la villa, así sea para fregar pisos, no te toma nadie. Y si encima estuviste preso… Esa persona está declarada muerta en vida por el sistema, no puede aspirar a nada. Yo me acerco más a esa gente, porque son discriminados en su propio lugar. Todos llaman a la policía para denunciarlos, nadie se acerca a preguntarles qué piensan, qué sienten. Yo tengo necesidad de hacerlo, porque si no venía un profesor a decirme, cuando estaba preso, que a pesar de los delitos que había cometido era una persona, hubiese muerto creyendo que era un monstruo”.

 

“LA MUERTE DE LOS POBRES A ESTE GOBIERNO NO LE MUEVE UN PELO”

“Yo no sirvo para trabajar siendo una autoridad, necesito que los pibes me vean como uno más y el día que no sea así, me sentiré un fracasado. (…) ¿Cómo le puedo pedir tanto a un pibe que no tiene garantizadas sus necesidades básicas? Siempre me molestará cuando escucho a alguien con sus necesidades básicas cubiertas, exigirle a quien no, que sea un ejemplo de ética y moral. Me parece ridículo. Frente a quien no tiene sus necesidades básicas cubiertas hay que quedarse en silencio, escuchar, más que hablar”, enfocó el artista, que el año pasado dio una charla en el Cine Avenida. “Después, se necesita del estado, que es el que tiene las herramientas y los recursos. Pero con un estado como el que gobierno hoy, estaremos mucho peor. Por los hechos, que están a la vista: a este gobierno nacional la gente pobre no le importa, se mueren y no se les mueve un pelo. Por eso a los pibes les digo que se cuiden más que nunca, porque hay una orden a nivel nacional de que haya más represión y más mano dura. Fíjense el ejemplo que se le da desde el estado a toda la sociedad, beneficiando con el 2x1 a gente que cometió un genocidio, mientras a un pibe que se roba un celular lo quieren linchar en la plaza pública. Esa es la moral de la sociedad en la que vivimos. ¿Cómo voy a pedirle a un pibe de la villa que sea un ángel en una sociedad que libera a genocidas? ¿Esa es esta sociedad, esa es la justicia?”.

 

CONSTRUIDOS SOBRE LA VIOLENCIA

La desigualdad, puntualizó González, late hasta en las palabras: “Un político que robó se dice que es corrupto; no es lo mismo decir que un pibe es chorro. Al pibe chorro la sociedad necesita verlo cadáver, para sentir que se hizo justicia. Pero frente otros actos delictivos, no”. (…) “Esta sociedad está construida sobre la violencia. Es la teoría de la evolución de Darwin, quizá: sobreviven los más aptos, los más fuertes. Competir, ver quién es mejor, quién tiene más que quién, quién sabe más. La competencia es otra forma de violencia”, definió.

Finalmente, se hizo espacio para el diálogo entre el disertante y el auditorio, y luego el escritor leyó algunos de sus poemas.

 

En la calle, la injusticia, insaciable, sigue dándose su festín, pero al menos los que escucharon al valioso César se fueron con unas pepitas de luz y el orgullo de ser sin limosnear disculpas. Y en la frente de algún pibe caído, la frase No estás solo acaso habrá vibrado con la fuerza de un tifón de dignidad.

                  Chino Castro

 

Imágenes contra la violencia institucional

En memoria de la masacre de Budge, en la que efectivos policiales asesinaron a  los jóvenes Oscar Aredes, Agustín Olivera y Roberto Argarañaz y de los cientos de jóvenes asesinados por fuerzas policiales, el 8 de mayo es el “Día Nacional de la Lucha Contra la Violencia Institucional” (Ley Nº 26.811). En Bolívar, esa fecha se recordó en el CePLA, a puro arte: mural colectivo, stencils, dibujos, música y la charla de César González (ver nota principal).

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