Reunidos en Bruselas, los líderes de la UE acordaron ayer que pedirán a sus socios del G20, en la cita de Pittsburgh la semana que viene, que aprueben un sistema que limite los bonos excesivos que los bancos pagan a sus directivos. Un discurso coherente con los temores europeos a que el desempleo y la desvergüenza de algunos banqueros provoquen conflictividad social.
Las conclusiones de la cumbre de ayer apuntan a que "el G20 debe comprometerse en pactar normas vinculantes para las instituciones financieras sobre las remuneraciones variables y limitarlas en función de una determinada proporción de la remuneración total o de los ingresos del banco".
Estas propuestas son contrarias a las de la administración estadounidense, reticente a limitar los salarios de los banqueros, por lo que muchas podrían no ser más que palabras.
Ayer la UE acordó que las primas a los directivos de bancos "se fijen a un nivel apropiado en relación con la remuneración fija" y dependan "del rendimiento del banco", además de "tener en cuenta los resultados negativos para evitar que los bonus estén garantizados".
Los líderes europeos también tratan de evitar, después de acusar a los bancos de provocar la crisis, que los ciudadanos -que pagan la debacle perdiendo el empleo o sufriendo más impuestos- piensen que gobiernos y banqueros van de la mano mientras el desempleo se dispara. La UE también defenderá en el G20 que se mantengan las medidas económicas expansivas contra la recesión económica, se empiece a diseñar "una estrategia de salida" de la crisis y se determine coordinadamente cuándo se retirarán las medidas extraordinarias de estímulo económico.
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