Nicolás Loyacono viajó con la asociación al Valle de Conlara, en San Luis. “Allí funciona Monsanto, la principal productora de agroquímicos del país”, sostuvo. En diálogo con Infoeme habló sobre el trabajo de la organización, que define al modelo económico y de producción como un “arma de destrucción masiva”.
En diálogo con Infoeme, Loyacono contó que la asociación surgió hace un año y medio, y que reclamar soluciones a las problemáticas que producen esa clase de empresas es un tema que genera conflicto “por cuestiones económicas”.
“Monsanto es la principal productora de agroquímicos y generadora del modelo de la revolución verde que es lo que caracteriza al modelo agroexportador de la Argentina de los últimos 20 a 25 años. Lo que ellos lograron son una serie de productos y de semillas transgénicas que se resisten a ciertos tipos de insecticidas y herbicidas”, detalló el profesional y destacó que la planta principal se ubica en Rojas, al norte de la provincia y la segunda en el Valle de Conlara.
“La población en general no sabe a qué está expuesta, incluso los productores. Nosotros planteamos una solución inicial en base a un cambio de modelo económico porque hoy en día el glifosato y el agroquímico en general, está tolerado por todos los sistemas de comercialización y venta. Se miden los agroquímicos en la carne del pollo para ver cuanto químico tiene en base a la soja que consume, y eso lo comemos nosotros”, subrayó el médico, oriundo de Pergamino.
La llegada de Loyacono a Médicos de Pueblos Fumigados se relaciona con otra práctica conflictiva en cuanto a lo económico por sobre la salud: la minería a cielo abierto. “Me comentan de las afecciones que viven las comunidades expuestas a los metales pesados y decidimos juntarnos un grupo de médicos. Así conocimos otra gente que está abocada al tema de las fumigaciones”.
El objetivo de la asociación es explicar a las comunidades que están obligadas a reclamar pos sus derechos, “que en este caso es a la supervivencia básicamente”, sostuvo. Además contó que en los encuentros de Médicos de Pueblos Fumigados, en la Unión de Asamblea Ciudadana y en el primer Congreso Latinoamericano de Salud y Ambiente que se realizó en Rosario, se declaró al modelo económico y de producción sojera como un “arma de destrucción masiva. El genocidio toma distintas formas, esta es una de ellas”, afirmó.
Las consecuencias de la exposición a agroquímicos van desde cáncer a malformaciones congénitas. La población sufre insuficiencias respiratorias, trastornos endocrinológicos y reproductivos. El pediatra explicó que los estudios “se han realizado en animales a modo experimental, porque éticamente no se pueden hacer con personas. Aunque tenemos investigaciones de personas de la mesopotamia hasta la patagonia, que tienen vidas completamente diferentes pero comparten las afecciones propias de la exposición a fumigaciones”.
Por último, sostuvo que los hospitales están saturados de problemáticas relacionadas a este tipo de afección y no lo reconocen. “Tampoco es reconocido en libros de texto, por las universidades, ni por los programas educativos” y declaró que la organización vive “permanentemente acercamientos por parte de las empresas; consejos y ofertas”.
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