Pedaleando o surfeando, los viajes más insólitos de los argentinos que están en Brasil

Dos grupos de amigos fueron subiendo desde nuestro país en busca de las olas más grandes; además, un joven llegó desde Córdoba en bici y se alimentó de la caza

Las playas de Copacabana comienzan a sentir el Mundial Brasil 2014 De la soledad de hace unos días, sólo queda el recuerdo. Las camisetas se multiplican y las nacionalidades se mimetizan con la cultura brasileña: música, jogo y caipirinhas. La imagen se repite en cada paso sobre la calçadão, las famosas veredas onduladas. En la cuadra del otro lado de la calle, algo rompe con la armonía de este ambiente. Una cocina portátil, perdida entre dos camionetas, trabaja a todo ritmo para alcanzar la temperatura que se necesita para cocinar unas tortas fritas. Sí, tortas fritas y el infaltable mate. Alrededor del fuego, ocho amigos comparten un momento de descanso, risas y anécdotas.

Son argentinos, cuatro de Mar del Plata y cuatro de Pinamar, aunque con algo en común: el amor por el surf y el fútbol. Sin conocerse entre sí, ambos grupos planearon el mismo viaje desde la costa argentina hacia tierras mundialistas. El destino los unió en una solitaria playa brasileña y no volvieron a separarse. Desde ese momento, viajan juntos en busca de las olas más grandes, siempre sin desviar el objetivo de vivir una Copa del Mundo por dentro.

La historia inicia de manera muy similar para estos amigos, que rondan entre los 22 y 25 años. Mientras los marplatenses compraron una camioneta Citröen Berlingo modelo 2009 por 85 mil pesos, con la intención de venderla luego de la travesía; los oriundos de la playa de los pinos optaron por una opción más barata: una Ford Ecoline modelo 1981 por 55 mil pesos.

"La camioneta estuvo parada como cinco años, así que fuimos a preguntar y la terminamos comprando. Está impecable por dentro, pero tuvimos que hacerle varias reparaciones en el motor. Lo único que no le cambiamos fue el embrague. y se rompió", cuenta Ariel, que se muestra reconfortado porque los arreglos los hicieron ellos con sus propias manos.

Los vehículo están estacionados sobre la avenida que da al mar y allí piensan dejarlos hasta que termine el Mundial, cuando evaluarán si continúan subiendo en el mapa, o no. ¿Dónde duermen? En las camionetas, cinco en la chata más grande y tres en la otra. ¿El baño? "En el mar, en el McDonalds. Muchas veces la gente se acerca y nos preguntan si necesitamos algo. Incluso, hoy fuimos a bañarnos a la casa de un argentino que vive acá a la vuelta. ¡Qué lindo bañarse después de 15 días!", confiesa otro. ¿Verán los partidos? Sólo tres de ellos tienen tickets para el encuentro de la selección ante Irán, en Belo Horizonte, por la segunda fecha del Grupo F.

El viaje, financiado con el dinero que ahorraron durante la temporada de verano en la costa atlántica, comenzó a mediados de mayo y las anécdotas ya son incontables. Las de acción y peligro de vida son las favoritas. En Itamanbuca, un pequeño y "raro" pueblo, fueron echados por cuatro personas armadas, que decían ser los dueños del lugar. Claro, no hubo tiempo de intercambiar ideas. Otra historia para el recuerdo, aunque menos hollywoodense, fue cuando uno de los chicos casi cae doce metros sobre unas rocas y se salvó por algunos centímetros.

Las torta fritas están listas. Se cambia la yerba y continúa la rueda de mate. Sigue el descanso, la charla y las risas. No hay Mundiales sin amigos, eso también es un clásico argentino.

El imitador de Diego Maradona revoluciona la puerta del mítico estadio Maracaná. Colombianos, brasileños y costarricenses quieren su foto con el Diez de las Toninas. Pero a poco metros la imagen queda literalmente manchada. Con barro en cada parte de su ropa, el casco aún puesto y esa sonrisa tan característica de los cordobeses, Lucas Ledesma observa todo. Absolutamente, todo. Las últimas dos semanas las pasó en mayor parte solo sobre su bicicleta, otra protagonista de la escena, así es que no quiere perder tiempo para socializar. También está emocionado: llegar pedaleando al Mundial Brasil 2014 es un sueño cumplido para él y para los 6500 habitantes de Toledo, una pequeña localidad ubicada a pocos kilómetros de Córdoba capital.

A los 26 años, este profesor de educación física creyó que "una travesía" sobre dos ruedas era el mejor plan para este 2014. Perú había sido el destino inicial elegido junto a quien sería su compañero de aventura. Pero una vez que se compró todo el equipo, se quedó sin su ladero, por lo que tuvo que reprogramar el destino. Brasil y la Copa del Mundo fueron la tercera y definitiva opción. El apoyo de todo el pueblo, de la familia, de la novia y, fundamentalmente, de los jefes de sus trabajos fueron el envión final.

Así fue que con un pequeño bolso, una caña de pescar y una gomera, Lucas emprendió el recorrido, estimado en casi tres mil kilómetros. "Los primeros días fueron terribles. Tenía viento en contra, la ruta no era buena. Pero la gente me mandaba muchos mensajes y estaba muy pendiente, por eso seguí adelante y acá estoy", le dice a canchallena.com Ledesma, que acaba de completar su primera experiencia como ciclista: "Nunca antes me había subido a la bicicleta de esta manera".

Con un pedaleo promedio de 100 kilómetros por día, y gracias a un envión final en un camión de carga, el arriesgado cordobés completó el viaje en 18 días, una buena marca. ¿La clave? "El instinto de naturaleza. No eran todos los días, pero cazaba mi propia comida. Comí patos, cuises y palomas. ¡Son muy ricas las palomas!", agrega el joven, que permanecerá 10 días en Río de Janeiro para luego comenzar a bajar por el mapa. ¿Entradas? No, tampoco tiene, algo común del hincha argentino.

Vuelve a subirse a su bicicleta y se aleja lentamente del Maracaná, pero esto recién empieza. Ahora debe festejar, el pueblo de Toledo tiene su representante mundialista..

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