Es el policía asesinado en un barrio de Viedma. El acusado tenía 17 al momento del crimen, en el 2011.
La condición de menor de edad que tenía al momento del hecho el único imputado de la causa generó que el Tribunal no permitiera el ingreso del público en general ni de la prensa. Sólo se autorizó que presenciaran la audiencia los familiares directos de la víctima.
La Cámara de juicio, integrada por los jueces subrogantes Gustavo Azpeitía, María Luján Ignaci y Carlos Reussi escuchó ayer a dos testigos, uno de ellos el hombre que manejaba la camioneta en la que se trasladaba Lucanera aquella trágica tarde.
En las mismas condiciones continuará hoy el debate, en lo que será la última audiencia con testigos.
El imputado, cuya identidad no se dio a conocer por las mismas razones por las cuales no se permitió el ingreso de público, se abstuvo ayer de declarar. Permanece alojado en el Penal de Viedma y es asistido por Marta Ghianni –defensora penal oficial– y Patricia Arias –defensora de menores–.
El joven llegó a juicio imputado por el delito de "homicidio en ocasión de robo" en concurso ideal con portación ilegal de arma de fuego de uso civil. Durante la etapa de instrucción el menor de edad confesó ante el juez haber sido quien disparó contra el policía Andrés Lucanera.
Aquella tarde del 29 de mayo de 2011, el suboficial se encontraba en el interior de una camioneta que conducía un amigo suyo. Buscaban un perro que habían comprado recientemente a lenta marcha por las calles del barrio Lavalle.
En el marco de esa búsqueda y al llegar a la intersección de las calles 10 y 15 apareció el menor de edad, entonces de 17 años, quien con un revólver en mano y sin que mediara palabra alguna apuntó a la cabeza del suboficial de 26 años y le disparó a menos de un metro de distancia, provocándole la muerte al día siguiente.
Al parecer la intención del joven fue apoderarse de dinero y bienes. El arma de fuego utilizada habría sido una pistola calibre 22.
Lucanera se trasladaba en el asiento del acompañante, de civil y con el vidrio bajo, lo que le permitía una mayor visión en la búsqueda del perro. Esa circunstancia lamentablemente lo habría trasformado también en un blanco fácil.
El proyectil impactó sobre el sector fronto temporal derecho de la cabeza de Lucanera, provocándole la muerte por paro cardiorrespiratorio traumático.
El suboficial tenía cinco hijos pequeños y dejó una lección de vida: su familia accedió a la donación de sus órganos cumpliendo la voluntad que en algún momento Lucanera había manifestado para cuando llegue el final de su vida.
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