El repaso de la trayectoria de una corriente política que fue hegemónica en Escobar.
Es cierto que otros desaparecidos habían venido a vivir a estos pagos para escapar de la negrura, vivían muchas veces escondidos y no se relacionaban con el barrio, y no lo lograron.
Muchos sabían, pero no lo podían decir ni aun recuperada la democracia, porque no había certeza si no era una pequeña primavera más entre tantas dictaduras que se sucedieron en aquellos tiempos.
Además en Escobar la democracia estaba más que en pañales, porque después de la independencia como municipio nunca existió una etapa de estabilidad institucional como para aprender a manejarse en el debate y el consenso, que nada más, y nada menos que eso es la democracia.
Pero aun en ese marco de pobre tradición de las instituciones constitucionales, Escobar dio una sorpresa, un grupo de concejales radicales, por entonces oficialistas durante la intendencia de “Pololo” Larghi, crearon una Comisión de Derechos Humanos, y confeccionó una primera lista tentativa de desaparecidos, que resultó bastante completa al final. Hablamos de los concejales Roberto Gaytán, Daniel Alfaro, Ruben Alberoni entre otros. Para ejemplificar el mérito, en el vecino Tigre recién se homenajeó a sus desaparecidos en el 2008, pasaron años desde aquel 1985…
Cuando Patti se afilió a la Ucede, muchos militantes del campo popular y progresista se pusieron contentos porque pensaron que quedaría claro quienes entraban a esa fuerza, por entonces en crecimiento, y posteriormente, cuando disputó en una interna contra Santroni, íntimo amigo de la adolescencia de Miguelito Magnarelli, creyeron que iba a salir más que derrotado, humillado, porque los peronistas iban a recordar que Patti era uno, ideológicamente hablando, de los que bombardearon Plaza de Mayo, de los que hubieran querido sofocar a sangre y fuego el 17 de octubre, los que fusilaron en José León Suárez y reprimieron a la Resistencia, y los que concretamente habían llenado de cadáveres peronistas la Argentina durante las dictaduras de Onganía y Videla.
Pero les falló el horóscopo.
Patti arrasó en la interna y después conquistó el 73% de los votos a intendente en la general, invitado a participar con el escudito al que antes le tiraba balazos, por gentileza de quienes nunca se hicieron cargo, y que todos también saben bien quienes fueron.
Una vez legitimado por la voluntad popular, Patti dejó de ser, en un aspecto, el “Pata Negra” de los Grupos de Tareas, fue un intendente peronista más, y que como siempre ocurre, cuando tiene buena sintonía con el poder central, recibió ventajas, que utilizó con el propósito de crecer políticamente, pero cometió un error, en su voracidad “comercial” creyó que podría volver a derrotar a los peronistas, estaba vez desarmado y sin picana.
Si hubiera seguido en la orgánica justicialista, no hubiera tenido este final, porque hay pilas de tipos que a los que apenas se le pasa la uña por la pintura, muestran lo que fueron, y sin embargo están ahí, defendiendo el “modelo”.
Cuando abandonó al PJ encaró directo para Marcos Paz.
Nunca hubiera imaginado el intendente con violento pasado policial que un presidente venido del lejano sur, para construir poder y base política, iba a reflotar la lucha por la justicia.
Su encarcelamiento representa una mejora de la calidad democrática, porque las dictaduras son su negación. Y también representa el fin de la aventura pattista, porque aún cuando el Paufe continúe vigente, el carácter verticalista extremo, casi paternalista, hace que este sea un fin del camino; aunque muchos lo añoren.
Para finalizar, ser pattista no es delito, ser un intendente peronista más tampoco, Patti cayó en cana por lo que hizo antes, y el que las hace, las tiene que pagar para que podamos vivir tranquilos. Patti fue un fenómeno altamente contradictorio, que formó parte de otro conglomerado contradictorio como lo es el Justicialismo, que puede albergar un arco que de un Patti a un Cooke, una Insfrán a una Cristina Fernández, o ministros de economía tan contrarios como Cavallo y Gelbard.
Para la Justicia, los hechos son blancos o negros, o alguien delinquió o no lo hizo, la política está llena de grises, por lo tanto hay que separar las evaluaciones.
El Pattismo llegó a su fin por sus propios errores y porque en la política, como actividad vital y humana, todo tiene una génesis, un desarrollo y un final, aunque algunas tengan permanencia más allá de la vida de sus fundadores, siguen vigentes porque la aceptación de la contradicción los mantiene vivos.

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