Pataletas de la despedida

Por Francisco Olivera

De tanto entusiasmo, a Florencia Girotti se le fue un poco la mano. Joven militante y, desde marzo del año pasado, también contratada en la Secretaría de Comercio a través de la ley marco de regulación del empleo público, Girotti venía el lunes pasado repitiendo allí las enormes ventajas que, dijo, tendría votar aScioli . El candidato es el proyecto. Hay que ver esas fotos de Facebook en las que, enfundada en remeras de La Cámpora y con los dedos en V, Girotti pinta en paredes, árboles o lo que se le ponga enfrente diversos grafitti de Kicillof , Néstor o Cristina Kirchner . "Trabajo para militar", advierte, jactanciosa de sentirse "perseguida por la derecha" o de llegar con las manos manchadas de pintura a ese edificio ubicado en Julio A. Roca 651, al lado del Indec.

Pero la pasión no siempre es contagiosa. El lunes pasado, sus adoctrinamientos internos le parecieron a una compañera de trabajo tan excesivos que, cuando estaban en la oficina de Legales, le pidió que se contuviera un poco. "Nos hace mal a todos", la reprendió. A Girotti no le cayó bien. Tomó a su compañera por los hombros, la sacudió y empezó a prometer, a voz alzada, que el kirchnerismo pelearía hasta el final y en todos los frentes. "Estamos muy organizados", se envalentonó.

Las elecciones han alterado la atmósfera en esos rincones del Ministerio de Economía. Por el resultado de la primera vuelta, que la militancia habría preferido más holgada en favor del Frente para la Victoria, y porque la empatía con Scioli no es la que se tiene con Cristina Kirchner. "Voto desgarro", definiría Horacio González. Desde aquel incidente del lunes en la Secretaría de Comercio, gran parte de quienes responden a La Cámpora decidió no volver a esas oficinas hasta el 23 de este mes. Militarán en las calles.

Esta especie de sinfonía del sentimiento continuista se entremezcla también con urgencias laborales. Santiago Mónaco, un licenciado en Ciencias Políticas designado el año pasado como jefe de Gabinete de la Subsecretaría de Comercio Interior, dependencia que conduce Hernán Langer, cayó esta semana con una lista de 32 nuevos empleados a los que, en un esfuerzo administrativo, se les darán contratos bajo la ley marco, el status más codiciado en el Palacio de Hacienda en estos días. La encargada de ubicarlos a todos será Lorena Adriana Flores, otra camporista que entró en mayo de este año para agilizar contrataciones porque, dicen ahí, el área de Recursos Humanos se toma siempre su tiempo.

La primera resistencia que tuvieron estos 32 incorporados cuyos expedientes debe firmar Kicillof no fue ideológica sino física. Como no hay lugar donde ubicarse en el edificio, se resolvió sumarlos a las campañas proselitistas callejeras, ahora abocadas a la evangelización en trenes y colectivos, como reveló ayer La Nación.

Así están La Cámpora y sus alrededores. Desechada la posibilidad de pertrecharse en la provincia de Buenos Aires tras la derrota de Aníbal Fernández y conscientes de que no tendrán lugar con ninguno de los dos candidatos presidenciales, intentan asimilar como pueden la retirada. Es demasiado lo que han puesto en juego. Esta semana, por ejemplo, circuló en Aerolíneas Argentinas una convocatoria para que, el sábado próximo, los empleados estén en la calle defendiendo el proyecto y la compañía aérea. "No a los cielos abiertos si gana Macri ", podría resumirse la consigna. Será, si triunfa en el ballottage, una posta complicada para el líder de Cambiemos. Guillermo Dietrich, su especialista en Transporte, viene pidiendo entre empresarios recomendaciones para sucesor de Mariano Recalde. Pero, a diferencia de lo que pasa con YPF, aquí no sobran los aspirantes.

Es cierto que la preocupación laboral por lo que viene se circunscribe sólo a los funcionarios de niveles medio y bajo. Técnicos o militantes que advierten que, si gana Scioli, la renovación podría resultar menos inmediata que con Macri. Aunque a algunos de ellos les sobre capacidad de adaptación. Días atrás, un miembro del staff económico le ofreció en voz baja sus servicios profesionales a un macrista: "Es obvio que no puedo estar en las primeras líneas si ganan ustedes -pidió-, pero existen muchos organismos descentralizados donde podría pasar inadvertido".

Entre los más encumbrados, en ese caso, la decepción sería más de fondo: ¿cómo hacer para que la próxima gestión no sea un paso atrás? Nunca menos. ¿Habrá que empezar de nuevo a construir desde el llano? Hay indicios inquietantes. Empresarios que interactúan con la Secretaría de Comercio han escuchado a miembros de Cambiemos decir que Macri mantendría Precios Cuidados, pero no la "administración del comercio" que enamora a kirchneristas y a industriales protegidos. Es decir, habrá que despedirse de la regulación sobre los productos que van por fuera de esa lista de más de 500 descuentos. Era lo último que tenían que escuchar para convencerse de que el legado de heterodoxia económica depende de Scioli.

Además de banderas a media asta, la frustración ya tiene consecuencias administrativas. La más obvia es de caja: hace varios días que Kicillof frenó pagos a proveedores. No sólo en el Ministerio de Economía sino también en el de Planificación. El martes, Mariana Matranga, secretaria de Energía, recibió por correo electrónico una carta en la que Martín Carosio, gerente comercial de la británica Aggreko, proveedora de generadores eléctricos, le reclamaba que no se olvidara de suministros de febrero pasado todavía impagos. "Agradeceremos la información que pudiera aportar, en vías del pronto pago", urge el texto.

Scioli y Macri deberán atender a estos incumplimientos si, como insinúan en el sector, la alternativa es retirarlos de las calles. La ciudad de Buenos Aires y el conurbano están atestados de esos artefactos de emergencia que suplen la oferta eléctrica y cuyos costos de generación superan, en algunos casos, 80 veces el valor del megavatio hora que se le reconoce al resto del mercado. Por muchísimo menos de la mitad podría desarrollarse la energía eólica. Si esos generadores que dilapidan un millón de pesos mensuales cada uno fueran desconectados, ¿sobre quién caerían, el próximo verano, las quejas de los usuarios? ¿Sobre los diputados De Vido y Kicillof o sobre el nuevo secretario de Energía?

Una transición económica ordenada, con funcionarios acordando el traspaso en áreas sensibles luego de 12 años de gestión, es ya en esta Argentina difícil de imaginar. "Me voy a llevar hasta el teléfono", se oyó días atrás en el Ministerio de Planificación.

Nada que no haya ocurrido en otros cambios de administración, pero acaso de modo más grotesco. Los términos de la sucesión volverán a servir, con todo, para entender qué tan comprometida está la clase política con esa ciudadanía cuyos intereses dice defender.

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