Quizá debería conformarme con las declaraciones que allá por el mes de febrero realizaban autoridades provinciales en referencia a las bondades que la implementación del nuevo sistema informático de migraciones traía para quienes habíamos optado transitar por vía terrestre hacia nuestro destino vacacional, o con las explicaciones que hace unas horas formulaba el Cónsul de la República de Chile tratando de justificar la aberración de que fuimos objeto quienes, nuevamente optando por la vía terrestre, habíamos planificado aprovechar el feriado largo desplazándonos hacia distintos puntos turísticos de la Patagonia Argentino–Chilena.
Parece irreal, pero el anecdotario de cualquier viaje terrestre se nutre en buena medida con las peripecias fronterizas.
A diferencia de lo que puede ocurrir con el balseo Bahía Azul–Punta Delgada (o viceversa) donde los imponderables climáticos están más allá del control humano, resulta imposible creer que en la era de las comunicaciones, las autoridades de ambos países no hayan podido implementar aún un sistema unificado y ágil de tránsito fronterizo que esté más allá de las ganas y del humor del funcionario de turno sentado tras los mostradores de San Sebastián y Monte Aymond.
Si alguien se jacta de la eficacia del nuevo sistema, obviamente es porque no tuvo que utilizarlo. Haber procedido a completar la carga en la base de datos del servicio de migraciones argentino no trajo aparejado absolutamente ningún beneficio, al menos hasta ahora. Si no, que alguien explique para qué el Gendarme de San Sebastián debe volver a tipear los datos en una PC, o el Detective de la PDI de Chile hacer lo mismo tras retarnos por no haber recortado, al tamaño de su cajoncito, la impresión del formulario que entrega la página web de la Dirección Nacional de Migraciones de Argentina.
Si el paso de personas y vehículos queda registrado informáticamente, para qué los benditos papelitos. Si alguien contesta que la cuestión es la falta de conectividad en la región, pues bien, o va siendo hora de que se haga alguna inversión en el tema, o bien que se deje de gastar dinero en computadoras que en apariencia no están interconectadas a nada.
Decir que se agiliza el trámite sin haber coordinado las acciones pertinentes entre los servicios que operan en frontera es una muestra más de ineficacia, ya que aún en el supuesto de que la cuestión migratoria viajara a la velocidad de la luz, la cuestión aduanera no está integrada, ergo hay que completar el “papelito” correspondiente que también debe presentarse en los cuatro puestos fronterizos las ocho veces que hay que pasarlos, a lo que en el vecino país debemos sumar el imprescindible llenado del formulario del SAG; ¡uno por cada mayor en cada Paso Fronterizo!
Suponer que el no contar con antecedentes respecto de un feriado de carnaval, alcanza como justificación de la aberración a la que nos sometió la pretendida modernización del sistema de identificación migratorio de la República de Chile, es una ofensa más a la inteligencia. Esto dicho con el debido respeto por la investidura consular.
Puedo asegurar que es erróneo suponer que el mal estado de algún tipo de documento fue objeto de la impresionante demora registrada durante el viernes 4 y buena parte del sábado 5 del corriente; en nuestro caso, el grupo familiar completo contaba con los flamantes nuevos DNI, y al igual que los demás demoramos aproximadamente 30 minutos en completar el trámite, después de algo más de cuatro horas y media de espera.
Más allá de buscar justificaciones o de pedir explicaciones, cabe preguntarse si no hubiese sido más oportuno anticipar el cambio de modalidad con algún tipo de información oficial. Cabe preguntarse si no es oportuno que las autoridades binacionales comiencen a caer en la cuenta de que el obligado flujo de tránsito por las fronteras del extremo sur se ha incrementado conforme se ha ido desarrollando la región y que, por ende, tal circunstancia obliga a repensar los mecanismos. Y en esto de pensar tampoco estoy planteando el descubrimiento de un sistema revolucionario o que implique inversiones multimillonarias. Modestamente se me ocurre sugerir copiar lo que ocurre con el paso fronterizo integrado que nuestro país tiene con la República Oriental del Uruguay, donde los funcionarios de ambos países además de compartir el mismo espacio físico se encuentran sentados uno al lado del otro, situación que ¡oh sorpresa! genera que un simple movimiento del brazo transfiera la documentación para el correspondiente sellado (o timbrado) completando en segundos la tramitación pertinente.
Más allá de rimbombantes nombres vacíos de contenido como el de “Integración Austral” que identifica el paso fronterizo en el continente, y que en las antípodas de su significado hasta ahora funciona en edificios separados y con trámites duplicados, se me ocurre pensar que el auténtico espíritu de integración entre nuestros países podría comenzar a demostrarse con hechos concretos que nos simplifiquen la vida Uno de ellos podría ser que nuestra Cancillería informe vía oficial el calendario de feriados a la Embajada de Chile en nuestro País. Así de sencillito.
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