Una disposición que obliga que la mercadería pase al vecino país en envases menores a 50 kg, es rechazada por fleteros.
La Quiaca, ciudad emblema del norte provincial, pasó por todos los modelos económicos del país, algunos fueron favorables otros desalentadores; sin embargo siempre sus habitantes lograron seguir haciendo patria por estos terruños.
Desde el año 2006 la localidad comenzó un repunte económico importante, debido a la actividad comercial, la cual se acentuó desde la devaluación progresiva del peso argentino con respecto a la moneda boliviana en todo ese tiempo. Hoy unas 3.500 personas tienen mano de obra directa o indirecta de esa actividad. Sin embargo desde hace unos días atrás ven peligrar esas fuentes laborales que le significan el único sostén del hogar.
Todo se debe a una medida adoptada por la Dirección General de Aduana con respecto a la mercadería que arriba hasta la frontera mediante el “Trafico Vecinal Fronterizo”. Sin dudas esto genera un fuerte cimbronazo para el comerciante, que igualmente por el capital ahorrado puede instalarse en cualquier otra parte. Quienes sufren las consecuencias directas son las personas que dependen de la actividad mercantil.
Antecedentes
La década menemista dejó huellas imborrables para muchos quiaqueños: la ciudad quedó postergada a una actividad económica ínfima, donde numerosos comercios cerraron sus puertas. Las divisas comenzaron a fugarse hacia la ciudad de Villazón (Bolivia) que creció notablemente en todo los aspectos, todo gracias a los capitales argentinos.
En ese marco al pasar el tiempo el 60 por ciento en relación a la generación de puestos laborales correspondía a actividades relacionadas con el comercio, al por mayor y menor. La mayoría de locales se ubicaron en ciudades como La Quiaca y Abra Pampa; la primera ocupa un importante rol relacionado al comercio internacional, dada su ubicación fronteriza. Mientras Abra Pampa, constituye el centro geográfico de la región, además de su cercanía a los emprendimientos mineros.
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