No pasarán

No pasarán
La lucha de los trabajadores papeleros en Azul lleva dos años de agotadoras batallas legales, políticas y económicas. Cada paso adelante en este duro camino por la reposición del derecho a trabajar, en un régimen que sistemáticamente lo quita, ha sido el resultado de esfuerzos increíbles. Una resistencia histórica y heroica en este pueblo.
A la larga penuria de la que sólo ellos tienen conciencia y cuando habían logrado despejar el camino para la locación del predio, luego de extensas negociaciones, dando así un paso adelante indispensable incluso para conseguir la provisión del gas a la planta -único servicio que les resta conectar con miras al objetivo de producir-, los obreros hoy ven impedido su cometido como consecuencia del accionar del representante de una de las organizaciones que abraza desde sus orígenes la causa papelera; nada más ni nada menos que el presidente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, quien se apartó del objeto de lucha y burló el estado asambleario en el que todas las organizaciones permanecemos y dentro del cual venimos actuando desde hace dos años.

El señor Fernando Wilhelm, periodista y máximo dirigente de la APDH de Azul, violó el espíritu democrático que siempre prevaleció entre las organizaciones que militamos en solidaridad con los trabajadores papeleros, se apartó del objetivo que nos convocó desde los orígenes de esta lucha y se puso al servicio de un propósito político ajeno al de los trabajadores, valiéndose del ámbito de lucha que se organizó en la fábrica. De manera inconsulta y aprovechándose del lugar que se le había reconocido como autoridad de una organización en defensa de los derechos humanos, Wilhelm levantó una vivienda para él y luego invocó su derecho al techo, que debió reclamarlo al Estado y no facturárselo a los trabajadores, como resulta finalmente al constituirse hoy en un obstáculo invencible para ellos, rehenes del litigio entre la propietaria del inmueble, que se niega a firmar contrato de locación si Wilhelm no se retira del lugar, y el propio presidente de la APDH, que se niega a irse.

Ante la noticia de que a instancias del mismo Wilhelm se estaba levantando otra vivienda en el lugar, desde las mismas organizaciones se le pidió que desistiera de continuar esa construcción y al menos la emplazara sobre tierras fiscales. Como respuesta, el presidente de la APDH redobló su apuesta y aceleró la construcción de una segunda vivienda, esta vez, para un joven con familia a cargo, a quien involucró en su maniobra, sometiéndolo a una inminente situación de conflicto. De este modo, Wilhelm desafió a las organizaciones comprometidas con la lucha papelera y se sirvió de la necesidad de una familia para justificar su avance, del que se niega a retroceder, exigiendo a los trabajadores que peleen a la propietaria del inmueble las condiciones que su interés personal y la finalidad política a la que sirve introdujeron por fuera de la lucha papelera y contra ella, a espaldas de trabajadores y organizaciones.

En lugar de reclamar el respeto de los derechos elementales al gobierno al que ha servido desde primera hora con su profesión, ha explotado -con fines que resultan muy difícil interpretar, excepto el de servir a un interés político inmediato (hay que preguntarse quién se beneficia con esto)- un escenario de lucha que siempre tuvo como objetivo que los papeleros recuperaran su trabajo y lo hicieran bajo su propia gestión.

Es cierto que el capital, en este caso la sociedad que es dueña del predio donde se erige la fábrica, se aprovecha de la vulnerabilidad de los trabajadores y de su urgencia para “apretar” y recuperar la totalidad de sus tierras que seguramente explotará económicamente por otro lado; pero también lo es que una de las organizaciones, la APDH, ha traicionado la razón por la cual las organizaciones ingresamos a la papelera. Las luchas obreras son colectivas y democráticas y Wilhelm violó estos principios, contra los cuales opuso su accionar individual y políticamente contrario al interés y propósito de los trabajadores, que no tienen otra fábrica y otras herramientas que defender, más que las que han trabajado toda su vida.

Con esta acometida, Wilhelm no está dirimiendo el derecho a la vivienda; si así hubiera sido, habría encaminado su accionar y denuncia contra el Estado, que es el que debe garantizar el ejercicio de los derechos elementales; lo habría hecho en unidad, con organización y método, para arrancarle a este gobierno políticas que resolvieran el estado de necesidad de la enorme población que sufre no tener techo. En cambio, es un propagandista de la gestión de Inza, escriba del kirchnerismo y mano de obra al servicio de las internas de las camarillas carroñeras.

Se cortó solo –con el apoyo externo de interesados políticos en frustrar la meta de los trabajadores papeleros- y no le importó las consecuencias negativas que su conducta podía tener para el plan de los obreros. Como dijo el presidente de la Cooperativa Pachi Lara, ningún trabajador, ninguna familia papelera, ninguno de sus hijos obró como lo hizo Wilhelm. Tampoco lo hizo ninguno de los integrantes de las organizaciones que están en igual situación que Wilhelm –las familias papeleras están en condiciones de vida muchísimo peores que las que en cambio protegen al dirigente-. Es obvio que el apedeachista le dio la espalda a la causa obrera para poner por encima de ella y contra ella el propósito político de quebrar la unidad que también desde los inicios han intentado por todos los medios operadores oficialistas.

Las organizaciones no permitiremos que la causa papelera sea bastardeada por acciones que están muy lejos de defender seriamente los derechos fundamentales de la persona y más bien estimulan un enfrentamiento de pobres contra pobres, desviando a los trabajadores de la lucha de clases para orientarlos al plan de ahorrar al gobierno el reclamo de una política de viviendas destinadas a las clases populares, sin acceso al PRO.CRE.AR, y al mismo tiempo convertirlos en custodios de las tierras fiscales que sospechosamente son las únicas sobre las que no se han registrado ocupaciones, preservándoselas al Estado para alimentar el negocio inmobiliario. Recordemos solamente que Wilhelm también levantó una vivienda en la ocupación del Barrio del Carmen, techo que, sin embargo, luego abandonó.

Reclamamos una urgente intervención del gobierno municipal para garantizarle una vivienda a la familia que Wilhelm intenta instalar en el predio de papelera y resuelva el litigio que ha abierto uno de sus operadores de prensa y militante.

Que el intendente resuelva este conflicto, para que los papeleros puedan firmar el contrato de locación que hubiesen podido suscribir en estos días, de no haberse planteado esta disputa.

Para que la clase trabajadora no tenga fracturas y avance en unidad y organización en el trayecto de lucha por su independencia política, los trabajadores debemos responder a la traición con la misma fuerza con la que se traiciona la democracia asamblearia de la que no debemos apartarnos, los propósitos decididos por esa vía y las estrategias acordadas para alcanzarlos. Contra los intereses que intentan quebrarnos y sus servidores, los falsos revolucionarios, respondamos con más unidad y carácter. No pasarán.

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