Como el alacrán de la anécdota, se han montado al lomo de esta democracia que la rema contracorriente en ocasiones y va atravesando también el río a costas del esfuerzo ajeno
El Partido Obrero es una corriente ideológica superviviente del último cataclismo político universal cuando el comunismo implosionó y se derrumbó bajo los escombros del Muro de Berlín. Desde allí en adelante, el mundo fue otro muy distinto. Excepto para algunos nostálgicos.
Incluso durante el apogeo del comunismo, uno de sus ideólogos más reaccionarios y violentos, León Trostky ya había caído en desgracia y tuvo que huir de la Unión Soviética para refugiarse en México, donde al fin de cuentas, la larga mano de la purga partidaria lo terminó con un picahielos incrustado en su cabeza. Lo que siguió es historia conocida.
La Revolución Cubana quedó huérfana y con el pasar de las décadas incluso esta variante americana del bolchevismo ha comenzado a virar hacia una suerte de capitalismo moderado. Queda una resaca, un último resto de aquel comunismo violento y reaccionario, utópico en sus ideales y dispuesto a llevar adelante la inalcanzable lucha de clases al precio que sea. Esa rémora política en la Argentina se camufló bajo el rótulo de Partido Obrero, una facción del comunismo más subversivo en todo el sentido del término.
La historia que tiene sus curiosidades dignas de estudio, dispuso que uno de esos huevos viera la luz en Salta, una tierra genuinamente conservadora y altamente cuidadosa de sus tradiciones, con una elocuente espiritualidad. Todos valores que están en las antípodas de este PO, ateo, antisocial, anárquico y combativo.
Esa paradoja tuvo su clímax en las últimas elecciones cuando lograran un altísimo porcentaje de votos, mezcla de cansancio, de castigo y otras posibilidades, más que de genuinos pensantes, lo que los encumbró de manera extraordinaria, incluso hasta lograr una banca en el Congreso de la Nación.
Más contradictorio es que en una provincia como Salta donde su gobernador, Juan Manuel Urtubey ha dispuesto llevar adelante su gestión en base al más irrestricto respeto al Estado de Derecho, es decir, donde el diálogo ha presidido siempre los tiempos políticos, militantes del Partido Obrero, camuflados ahora como elegantes demócratas, utilizan sus puestos e influencias para hacer lo que mejor saben: conspirar. Como el alacrán de la anécdota, se han montado al lomo de esta democracia que la rema contracorriente en ocasiones y va atravesando también el río a costas del esfuerzo ajeno.
Porque hasta la fecha, sus legisladores y concejales no se han distinguido por la materia gris, precisamente, sino por continuar picando, es decir, utilizando esas posiciones para conspirar contra el orden establecido y el sistema democrático. Aprovechados de su estratégica nueva postura, los dirigentes del PO se han lanzado a “apoyar” la lucha gremial de sus “compañeros” trabajadores, un eufemismo en el caso de estos dirigentes a quienes la sociedad jamás ha visto desempeñarse en oficios comunes, sino siempre medrando en un eterno enroque familiar para estar siempre colgados de algún puesto público.
Cuando un sector no reconocido jurídicamente de la docencia emprende su anual lucha por los salarios, resulta llamativa la virulencia con que en esta ocasión esa fracción del gremio de las tizas ha ganado la calle para reclamar. Los síntomas revelan claramente una metodología jamás utilizada por la docencia pero muy conocida entre los “trostkos”.
A la declaración política de apoyo, ha seguido el ganar la calle con manifestaciones, piquetes en el acceso a la ciudad, huelgas de hambre efímeras, vocabulario de alto voltaje y una persistente negativa a todo ofrecimiento de diálogo.
Desde el Gobierno de la Provincia se contestó disponiendo en un gesto inédito, abrir las paritarias a esta altura del año y luego, con un anuncio sorpresivo de incremento generalizado a toda la administración pública. Ni siquiera esta vocación de arreglo oficialista ha servido para calmar los ánimos de una dirigencia docente que bajo el pupitre aparenta haber arreglado con el Partido Obrero que provee de sus militantes camuflados como trabajadores docentes para llevar adelante los estragos callejeros que vienen haciendo, cuya máxima incursión fue dejar a Salta sin su desfile conmemorativo de la Fundación.
Bajo la consigna de ir por la "unidad del movimiento obrero y de la izquierda", el Partido Obrero ha comenzado su infiltración política en los gremios, por lo que es de esperar que así como docentes y ahora un sector de los médicos se suman a la protesta, otros sectores comiencen a hacerlo. Generar el caos sobre el diálogo, es una manera de conspirar contra el Estado de Derecho, toda vez que significa un abuso de las condiciones que la democracia propone para negociar. Es tratar de desequilibrar el orden público. Estas actitudes, en una democracia, no son otra cosa que picar al sapo por la espalda.

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