Paro en el Iscamen: la provincia podría dejar de ser una zona libre de plagas

Los inspectores que ponen las trampas se sumaron a la medida de fuerza y los controles en las fronteras son mínimos. Hoy realizarán una asamblea en ATE

Sigue sin tener un final feliz la situación en el Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria de Mendoza (Iscamen), ya que las negociaciones paritarias están estancadas y los empleados continúan con el paro. Por lo tanto, las medidas de prevención sanitarias, no sólo en las fronteras sino también la colocación de trampas, se están realizando con guardias mínimas, comprometiendo la garantía agroalimentaria. La medida de fuerza prosigue y hoy se realizará una asamblea a las 12 en la sede central de ATE.

Desde hace un mes, los empleados del Iscamen vienen intentando llegar a una acuerdo con las autoridades del organismo estatal pero no obtienen los resultados que desean. El Sol publicó el 8 de marzo la situación de los encargados en las fronteras provinciales. Fabián Calero, responsable de las barreras sanitarias, indicó que el paro de los empleados del Iscamen preocupa porque "se debilitan las barreras sanitarias contra la mosca del Mediterráneo".

En esta oportunidad, Walter Von Kunosky, uno de los inspectores que se sumaron al paro, explicó que, sin los controles, Mendoza corre el riesgo de perder los estándares de calidad que se han logrado con tanto esfuerzo. "El problema es que las zonas Norte y Este, declaradas de escasa prevalencia con capturas esporádicas, es necesario que se tengan controladas, porque si no, esa población de moscas se incrementa y se va a las áreas libres como el Valle de Uco y San Rafael. Si no hay registro, no se sabe qué está pasando", informó el trabajador.

Los oasis centro y sur de la provincia y la Patagonia argentina han sido reconocidos como libres de mosca de los frutos. Así también, ante la presencia de la polilla de la vid (lobesia botrana), las autoridades indican que es necesario cumplir con todos los requisitos sanitarios para evitar la dispersión de esta plaga. Por ejemplo, una carga de uva que se pretenda introducir en forma oculta puede proceder del área cuarentenada por la presencia de esta plaga, por lo que se estima que no cumple con los tratamientos cuarentenarios exigidos por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa).

El personal que trabaja en el campo comprende a unos 30 inspectores y ellos desarrollan una tarea fundamental para que Mendoza sea una zona libre de plagas. Colocan unas 4.500 trampas que se sirven, es decir, las actualizan. Pero, como están de paro, desde hace más de 20 días que no hay lectura de los tramperos, por lo tanto, no hay registro. "Estamos desconocidos dentro del Iscamen. Los organismos internacionales se fijan en esta lectura que hacemos. Ponemos unas 400 trampas por inspector, distribuidas en toda la provincia, en las áreas en que convenga colocar una de estas piezas", contó Von Kunosky. Estos registros sirven para detectar la presencia de la plaga en determinado lugar.

El inspector transita todas las áreas cultivadas, ya sean urbanas, semiurbanas o rurales. En cada oportunidad, el empleado retira el piso de la trampa que atrapa moscas, posteriormente se hace la lectura de cuántas se atraparon y finalmente se deja la trampa con un nuevo piso. Los inspectores reclaman que ellos tienen que contar con movilidad propia para recorrer desde 150 a 300 kilómetros diarios. El combustible y todos los gastos, como roturas, están tenidos en cuenta en un ítem que se denomina movilidad. El año pasado estuvieron en paritarias, y los empleados propusieron que el kilómetro recorrido fuera pagado a 1,80 pesos pero arreglaron por 1,20 con la condición de discutir nuevamente en diciembre.

El Iscamen se presentó en febrero con la propuesta de 20 centavos. "Esto está lejos de la realidad, nos movilizamos en vehículos que son modelos muy viejos, como un Ford Falcon o camionetas de 1971", explicó el inspector.

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