Jorge Schlottke es presidente de la Asociación de Estudiantes de Farmacia de la Argentina. Apoya la existencia de laboratorios estatales y pide más farmacias en los barrios.
—¿Cuáles son las funciones que tiene la Asociación de Estudiantes de Farmacia?
—Soy de San Luis y estudiante de cuarto año en la UNSL de la carrera. Decidimos crear esta asociación, que existe legalmente desde el 15 de noviembre del año pasado, para favorecer el desarrollo de los estudiantes de farmacia, tanto en el plano personal como académico. Abordamos los temas que en la carrera se tocan poco y preparamos a los chicos para que tengan una mirada más amplia de la actividad. Por ejemplo, ponemos el acento en asuntos como los medicamentos genéricos, la ley de patentes y la atención farmacéutica. Nuestra agrupación ya tiene unos veinte afiliados, todos estudiantes de la UNSL, aunque también contamos con representantes en Rosario y Misiones. Otra cosa que descubrimos es que en la Argentina nunca hubo una asociación adherida a la Federación Internacional de Estudiantes de Farmacia y nosotros hemos sido los primeros en hacerlo.
—¿Qué ventajas les da estar adheridos a la Federación Internacional de Estudiantes de Farmacia?
—Nos abre la puerta para todo lo que son capacitaciones, congresos, simposios y talleres. Además accedemos a un amplio programa de intercambio estudiantil con las 84 agrupaciones asociadas a la Federación Internacional que hay en el mundo. En agosto vamos a ir a Utrecht, Holanda, para presentar ahí de manera oficial la Asociación de Estudiantes de Farmacia en la Asamblea General de la Federación Internacional. En este punto agradecemos a la Universidad Nacional de San Luis y al Ministerio de Salud de San Luis, que financiará el viaje.
—¿Cuál es la realidad de la carrera de farmacia en la Universidad Nacional de San Luis?
—La carrera de farmacia de la UNSL está considerada como una de las más prestigiosas de la Argentina. Acá vienen chicos de todo el interior de la provincia, aunque también de otras jurisdicciones como Córdoba, La Pampa, Neuquén, Río Negro y San Juan, entre otros lugares. Este año en la universidad ingresaron entre 70 a 80 alumnos a la carrera de farmacia.
—¿Cuáles son los principales desafíos que enfrenta la actividad farmacéutica?
—El principal desafío es lograr la individualización en la atención y alcanzar así la confianza del paciente. Esto es algo que incrementa la eficacia de los tratamientos y permite un uso racional de los medicamentos.
—¿Qué postura tienen en relación a la producción de medicamentos genéricos?
—Nosotros estamos a favor de los medicamentos genéricos y de la producción pública de los remedios. Por eso nos parece excelente que la provincia produzca sus remedios y tenga un emprendimiento como Laboratorios Puntanos, un organismo que produce y también los exporta. Esto no son palabras menores.
—¿Qué campo laboral encuentra hoy un farmacéutico cuando se recibe?
—Hoy la salida laboral es buena y existen posibilidades de trabajo. Actualmente en la Universidad Nacional de San Luis se solicitan muchos profesionales para trabajar en provincias del sur del país y también en la Costa Atlántica. Son empleos que generalmente están bien remunerados.
—La actualización de la ley provincial de farmacias, que recibió media sanción en la Cámara de Senadores de San Luis, establece que las herboristerías deben tener un profesional a cargo. ¿Usted apoya esta medida?
—Sí. Cuando se habla de productos naturales las personas muchas veces creen que son inocuos, pero se corren muchos riesgos que con un farmacéutico a la cabeza pueden ser evitados. Hay que tener en cuenta que son medicamentos que tienen efectos farmacológicos, y que incluso pueden inhibir o potenciar la acción de otros remedios.
—La nueva norma promueve que haya más farmacias en los barrios y que no se junten tanto en el centro de las ciudades. ¿Ustedes comparten que es un problema a solucionar?
—La concentración geográfica no es favorable ni para los pacientes ni para las farmacias. En San Luis podés encontrar cuatro o cinco comercios de este tipo alrededor de la plaza Pringles, mientras existen otros sectores de la ciudad o municipios cercanos donde no hay farmacias o sólo pueden tener acceso a botiquines. La disponibilidad de estos comercios debería ser más equitativa para que toda la población pueda conseguir fácilmente los remedios que necesita.
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