Paranoico y autoritario: el lado oscuro de Assange

Los que trabajaban con el fundador del sitio que puso en vilo a Estados Unidos critican algunos aspectos de su personalidad. Se lanzará un WikiLeaks de WikiLeaks para exigir a ese portal la transparencia que proclama.
¿Cuánto se sabe del hombre que puso en jaque al mundo? Su negocio es desentrañar los secretos de gobiernos y corporaciones, pero la clave de su fachada enigmática es saber conservar los propios. Aún así, Julian Assange, el hombre que puso el rostro a WikiLeaks, también ha dejado huellas de su pensamiento en el lugar más simbólico posible: la Web. Y quienes lo conocen y trabajaron con él no siempre hablan bien de su carácter paranoico y, por momentos, autoritario.

Entre 2006 y 2007, cuando WikiLeaks daba sus primeros pasos, Assange mantenía una web personal, IQ.org, abreviatura de Interesting Question (“pregunta interesante”) donde aún subyacen extractos de sus ideas. “Cuanto más secreta o injusta es una organización, más miedo y paranoia inducen las filtraciones en su liderazgo”, escribió el 31 de diciembre de 2006.

Ya entonces, cuando WikiLeaks aún no se había convertido en el enemigo digital número uno de la Casa Blanca, Assange coqueteaba con conspiraciones y filtraciones en esta suerte de blog que hoy es un camino hacia lo más profundo de su pensamiento. Sin embargo, no todos guardan buenas referencias de Assange.

Y las descripciones provienen de algunos de sus más estrechos colaboradores que, en septiembre pasado y ante la inminente divulgación de los documentos sobre la guerra de Washington contra Irak, abandonaron WikiLeaks denunciando cierta paranoia obsesiva de su líder con la Casa Blanca corrompiendo el espíritu original del sitio. Uno de ellos fue el único rostro visible de WikiLeaks aparte de Assange, el alemán Daniel Domscheit-Berg.

“Nuestro objetivo cuando comenzamos en 2006 era informar a personas inteligentes y darles acceso a una serie de hechos sólidos para que puedan elaborar decisiones inteligentes. El problema surgió cuando empezamos a tomar partido por uno de los lados”, protestó en una entrevista a The Times desde Berlín Domscheit-Berg, que supo oficiar de vocero del portal. “Nuestra razón de existencia es la transparencia, pero no somos transparentes con nosotros mismos”, añadió.

Cuando la acusación contra Assange por abuso sexual en Suecia cobró estado público, Domscheit-Berg le aconsejó que diera un paso al costado para no comprometer a WikiLeaks. Pero Assange lo acusó de “insubordinación y deslealtad” y lo suspendió durante un mes. La respuesta de su socio fue tajante: abandonó el portal y, ahora, lanzará un WikiLeaks alternativo junto a otros miembros que lo siguieron. “Si Julian puede chasquear sus dedos y suspenderme, ¿qué dice eso de WikiLeaks? –acusó–. Si puede hacer algo así significa que WikiLeaks es de él y de nadie más.”

Tanto hermetismo y protagonismo le valieron a Assange una larga lista de enemigos. Uno de ellos, un hacker conocido con el apodo de Gawker que, desde su blog WikiLealileaks.org prometió desde agosto filtrar los secretos del portal más revelador de los últimos tiempos. “Es hora de dar a WikiLeaks el trato de WikiLeaks, de exponerlo a la misma especie de transparencia radical que propugna y ver qué parece”, escribió en el sitio.

Uno de los artículos publicados al momento, posteado en el diario Wall Street Journal, habla sobre la supuesta red de financiamiento oculto de Assange a través de ONGs en diversos países. Como ejemplo, cita el caso de la Fundación Wau Olland, receptora en Alemania de supuestas donaciones anónimas para el portal.

Pero, por supuesto, Gawker tampoco revela su identidad, tan misteriosa como la personalidad de Assange: el nuevo enemigo público

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