No paran los arrebatos en los semáforos de la 9 de Julio

Hay pungas, motochorros y limpiavidrios o vendedores ambulantes que roban a los automovilistas. También sucede en las veredas. Por el tipo de delito, casi no tiene castigo. Y el problema se hace crónico.
Rojo se enciende el semáforo. Son las cuatro de la tarde en la esquina de 9 de Julio y Córdoba. Una mujer al volante se detiene. Tiene el vidrio bajo. Un muchacho con una vieja botellita de plástico se acerca al vidrio.

“Una monedita”, le dice y la chica lo mira.

“No tengo”, responde ella.

“Dale, linda, dame ésa”, insiste él. La mujer gira el cuello en dirección a la seña cuando siente las uñas rasgando la piel. Otro hombre en una camioneta grita. Pero el muchacho desapareció como un fantasma y ya no quedan rastros de nada.

Hasta que alguien lo comenta y un vecino desliza “a mí también me pasó”, “yo vi un caso igual”. Todos coinciden: sienten que la 9 de Julio es “zona liberada”. Se trata de delitos menores y excarcelables. Van desde los clásicos pungas y motochorros hasta los que simulan limpiar parabrisas o ser vendedores ambulantes y asaltan automovilistas. Aunque la mayoría de los robados no hace la denuncia, en la Policía Metropolitana afirman que sólo durante el primer semestre de 2013 hubo 67 detenidos por robo, hurto y sus tentativas.

Hace unas semanas la ex mujer del senador kirchnerista Aníbal Fernández, María del Carmen Barreiro, fue asaltada al volante un sábado a la noche cuando paró en el semáforo de 9 de Julio y Santa Fe, y dejó que le limpiaran los vidrios mientras hablaba por el celular que segundos después le quitaron. “La 9 de Julio es tierra de nadie, en especial en esta esquina de Santa Fe y en la de Córdoba y la de Corrientes”, asegura Ana Marchy, una comerciante brasileña de 37 años con local a la calle. “Van detrás de los turistas.

Nunca llevan armas, porque si los agarran es sólo hurto y encima muchos son menores, así que los largan rápido, en el mismo día casi siempre”, marca. Ese dato lo confirman fuentes de la Metropolitana: sin antecedentes, sin armas y siendo menores, la causa se cierra rápido. Los detenidos, en su mayoría, son argentinos, seguidos por chilenos, de la zona de Constitución y CABA. Desde la Metropolitana cuentan que “son personas con adicciones que ni piensan que hay cámaras en toda la avenida”.

Oscar, 32 años, es cadete en la zona, uno de los motoqueros que descansan en las plazoletas. “Nosotros los vemos, corren como gacelas, pero aunque cada tanto los agarramos, no podemos hacer mucho. No quiero decir que la Policía está arreglada, pero que lo sabe, lo sabe. Te roban, corren, se meten en esta entrada del subte (señala la estación 9 de Julio de la línea D) y salen por la otra donde está la salida de todas las líneas (Pellegrini y Diagonal Norte)”.

El comercio sobre las calles es ilegal en la Ciudad, pero no todos los que lavan parabrisas o venden productos se dedican a estos menesteres. Hay quienes de verdad trabajan más allá del frío y de la lluvia. Los vendedores lo enfatizan: “Hay grupitos bien distintos -confirma Ana-. Los que roban se repiten y eso a los comerciantes nos da mucha bronca. Estamos cansados”. Cansados, dice Ana y mira a alguien que duerme ahí, a un costado de la vereda. Una de las tantas personas en situación de calle que habitan la 9 de Julio, vidriera porteña para el mundo.

Esteban Figora, 52 años, encargado de edificio en Pellegrini al 700, comenta: “Actúan en grupo. El otro día vi a tres. Una chica de unos 20 años muy bien vestida y dos hombres fueron caminando detrás de un señor. La mujer simuló que se tropezaba y tiró las cosas. El señor le pidió disculpas. Se levantó a buscar sus papeles y en eso se acercó un tipo a ayudarlo. Yo le dije: ‘Maestro, le robaron la billetera y encima usted le pide perdón a uno de ellos”.

Hay también asaltos desde las motos. “Vienen dos -cuenta Esteban, el encargado-, marcan un auto, llegan al semáforo, uno distrae y el otro se baja a robar. Andá a alcanzarlos. Lo mismo con pibes en los semáforos. Salen corriendo en dirección a las plazas, en el medio del tránsito no podés agarrarlos”. ¿Los vidrios al manejar? “¡No los bajo ni loca!”, grita Ana, la vendedora.

¿Hacen la denuncia? “Los turistas, en el caso de que les roben los documentos -explica Esteban- … El resto de la gente no, ¿para qué?”. Y así el semáforo sigue en verde para los arrebatos.

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