Para los sanisidrenses, la inseguridad y la muerte tienen hoy nombre y rostro: Jorge Jimenez Lozano

Para los sanisidrenses, la inseguridad y la muerte tienen hoy nombre y rostro: Jorge Jimenez Lozano
En la madrugada del Domingo 3 de noviembre, la muerte golpeó feo a los vecinos de San Isidro. En un hecho delictivo incalificable, fue asesinado un querido vecino de Boulogne y del partido, el odontólogo Jorge Jimenez Lozano, en las puertas de su casa. Paradógicamente, un hombre preocupado por la delincuencia juvenil y realizando acciones para desarrollar escuelas de oficios y sacar a los chicos de la droga.
El hecho ocurrió en la calle Wilde al 1400, entre Manuelita Rosas y Rioja, en Boulogne, localidad del partido de San Isidro, donde Jiménez Lozano arribaba con su mujer a bordo de un Renault Megane. Fuentes policiales informaron que todo comenzó cuando el hombre abrió el portón del garaje y dos delincuentes que iban en una moto los amenazaron con fines de robo. Sin embargo, según especula la policía, algún movimiento de Jimenez Lozano hizo que los delincuentes decidieran ultimarlo con dos tiros en el pecho.

Presidente del Rotary Club de Martínez en 2011, Jimenez Lozano, “el gordo” como lo llamaban todos, había dividido esfuerzos personales para, además de velar por su familia y desarrollarse exitosamente en su profesión, apoyar el scoutismo sanisidrense y trabajar por los jóvenes más vulnerables y golpeados por cruentas realidades.

Su idea, entre otras, era fundar una escuela de oficios en el Arenasa frente al Barrio Santa Rita, a fin de rescatar a los chicos de las malas enseñanzas, de las malas compañías y del mal camino.

Jorge Jimenez Lozano fue atacado cuando llegaba a sus casa, en la modalidad entradera, una de las más frecuentes en estos tiempos. Los ladrones esperan a una víctima al azar y, cuando ella llega o sale de su casa, aprovechan para amenazarla con armas.

En muchos casos terminan de manera trágica, al igual que el domingo. Pero este, para los vecinos de San Isidro, tiene nombre y tiene rostro, y un recuerdo imborrable de su hombría de bien y su ejemplo.

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