Para saber cómo es la soledad

Para saber cómo es la soledad
Salvo ser mendocinos, a Julio Cobos y a Celso Jaque políticamente nada los une, todo los separa. Excepto estos amargos días en que ambos han llegado a las cumbres más borrascosas de la soledad. Nadie, ni propios ni ajenos los quieren ni los necesitan. No obstante, a veces la soledad suele ser una muy buena consejera.
Don Arturo Jauretche solía repetir que el temple de un dirigente político se verifica cuando éste es capaz de defender sus banderas en soledad. Precisamente en ese momento en que nadie lo apoya -ni el pueblo ni sus pares ni siquiera las circunstancias históricas-, es cuando el político se hará más grande que nunca si se aferra a aquellos valores o propuestas que reivindicó cuando todos parecían compartirlas.

Es más, sólo si el político defiende con más fuerza sus ideas en soledad que cuando estaba acompañado, podrá demostrar (y demostrarse) que realmente creía en esas ideas, que lo suyo no era mera oportunismo, mero seguidismo.

Frente a tal disyuntiva se encuentran hoy los dos políticos mendocinos institucionalmente más representativos: el vicepresidente Julio Cobos y el gobernador Celso Jaque. Habrá que ver, entonces, cómo sobrellevan su mutua soledad para saber frente a qué tipo de políticos nos encontramos.

La soledad de un vicepresidente. Pese a sus idas y venidas, Julio Cobos supo sentir las brisas más amables de la historia luego de su voto anulando la resolución 125 contra la que los productores del campo se rebelaron.

Fueron los tiempos en que se transformó en el candidato de la “gente”, de aquellos que querían políticos que se les pareciesen. Y Cobos parecía hablar, pensar, actuar como un ciudadano común más que como un político convencional.

Gracias a ello logró que el partido opositor del cual se fue para plegarse al partido oficialista, lo perdonara y lo recibiera de nuevo con bombos y platillos. Por otro lado, los insultos que el partido oficialista le prodigaba diariamente no hacían más que incrementar su gloria.

Cobos no tenía más que comprarse una montura y cabalgar casi sin riendas los vientos del porvenir, que ellos lo llevarían a su destino de triunfo sin esfuerzo alguno. Con el apoyo de todos, excepto de los pocos que quería frenar la historia.

Pero un día el oficialismo perdió una crucial elección y a partir de ese momento todos los opositores triunfantes se sintieron con los mismos derechos de Cobos. Entonces ya no lo miraron con igual simpatía. Incluso muchos de ellos se plegaron a las críticas que el gobierno le hacía a Cobos, porque “quien traiciona dos veces, traicionará siempre”, dijeron.

Y así, poco a poco, los golpes combinados, fueron haciendo mella en ese vicepresidente persuadido que su voto circunstancial y su cara “como la gente” eran los dos pasaportes definitivos y suficientes para conquistar la gloria final.

La soledad de un gobernador. Celso Jaque jamás gozó los mieles de la popularidad que el azar o el destino le brindaron a Julio Cobos, pero también tuvo sus buenos momentos.

Un día logró persuadir a los mendocinos de que sus ganas de ser gobernador eran mayores que las de todos sus competidores. Fue un notable triunfo de la voluntad por sobre cualquier otro atributo, pero tanta fue la voluntad que puso en ganar, que apenas llegó al gobierno ya se la había gastado toda.

Y entonces, así como convenció en tiempo récord a los mendocinos de los deseos que tenía de ser gobernador, en tiempo aún más record les demostró que esos deseos no eran acompañados ni con equipos ni con ideas en consecuencia. Por eso, sin luna de miel alguna, Jaque sufrió la soledad del poder desde el mismo día en que asumió como gobernador.

Felizmente para Jaque, al poco tiempo el romance entre Cobos y los Kirchner se derrumbó estrepitosamente.

Entonces el poderoso matrimonio puso sus ojos por primera vez en ese gobernador mendocino que los apoyó sin fisuras desde el principio, con una lealtad que ellos jamás tuvieron con él. Es que ahora lo necesitaban para perseguir a Cobos hasta en su tierra natal, para que la venganza fuera terrible y definitiva como les gusta a ellos. Y entonces se acordaron de la existencia de Jaque, lo mimaron, lo visitaron, lo prometieron las mismas cosas que le prometieron a Cobos.... hasta que Jaque perdió la elección frente a Cobos.

A partir de ese fracaso electoral, los Kirchner otra vez se olvidaron de Jaque, como lo habían hecho siempre antes y se fueron en busca de nuevos amores.

Pero él siguió creyendo en ellos con la misma lealtad, convencido de que jamás le clavarían un puñal. Hasta que se lo clavaron con la promoción. Pero no se lo clavaron con premeditación, ni por castigo ni por venganza ni por nada. Simplemente se olvidaron otra vez de él, como se olvidaron cuando se enamoraron de Cobos. Con la única diferencia de que esta vez se olvidaron de Jaque porque se enamoraron de Gioja, el gobernador que mejor mide en la región de Cuyo (como un par de años atrás mejor medía el “Cleto”).

Así, frente a un pueblo que lo quiere poco y abandonado por los dueños de un "proyecto nacional" que él ingenuamente creyó posible sintetizar con los intereses de Mendoza, el gobernador Jaque está hoy más solo que nunca. Sólo tan solo como el vicepresidente Cobos. Los dos mendocinos más solos de todos.

En síntesis, como se dijo al principio, don Arturo Jauretche estaba persuadido de que si mientras más solo estaba más altas mantenía sus banderas, el político que así actuara a la postre resultaría infinitamente fortalecido. Porque luego de superar la cruel prueba de la soledad -la más dura de todas las pruebas- ya nada ni nadie podría doblegarlo.

Quizá a Jaque y a Cobos les pueda servir ese consejo de Jauretche, pero antes de mantener en alto sus banderas en soledad, deberán definir de una vez por todas cuales son sus banderas. Porque no se puede ser oficialista y opositor a la vez. Ni tampoco se puede defender a Mendoza, junto a un proyecto nacional que atenta contra los intereses de Mendoza.

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