Demostró así su intención de no involucrarse en una posible solución.
El canciller Celso Amorim fue muy preciso: "El gobierno de facto hondureño podrá resistir las apelaciones de las potencias regionales. Pero no aguantará un embargo económico de Estados Unidos, el Banco Mundial y el BID". Ayer, Lula definió claramente el pensamiento de su gobierno. Por un lado, expresó su repudio al golpe como lo había hecho desde el primer momento. "Los golpistas deben entender que no es posible que aceptemos más golpes de Estado en América Latina" y, de hecho, Brasil estuvo entre los primeros en retirar su embajador y suspender todos los programas de ayuda al país centroamericano.
Pero así como cuestionó con énfasis la ilegalidad del nuevo gobierno de Tegucigalpa, del mismo modo demostró su decisión de no involucrarse en las posibles soluciones. Sugirió que era evidente el fracaso del retorno de Zelaya, en compañía de dos presidentes sudamericanos. "Era previsible que no lo dejarían volver", subrayó el jefe de Estado brasileño. No obstante atenuó su postura al señalar que era un derecho de Zelaya realizar el intento "ya que él fue elegido democráticamente".
Inmediatamente descartó cualquier posibilidad de que Brasil intervenga en la búsqueda de alternativas para una situación que retrotrae a los años 60 y 70. Dijo que la salida a la crisis requiere una mediación política y "no hay mejor intermediación que aquella que pueda hacer la OEA". A modo de consejo, especuló que lo mejor era "una interlocución con personalidades del país que excluya a los golpistas". Uno de los grandes conocedores de los bastidores brasileños, el periodista y analista político Clovis Rossi, señaló en una columna aparecida ayer en el diario Folha de Sao Paulo que, en verdad, la mayor preocupación del gobierno brasileño es "evitar que la crisis complique a Obama". El periodista recordó que, cuando fue la votación de la OEA para la inclusión de Cuba, Obama lo llamó a Lula y le preguntó su opinión. En medio de aquella conversación, el presidente norteamericano le habría asegurado su decisión de normalizar completamente su relación con la isla caribeña a fines de este año. Lula prefirió tener una postura discreta en el caso de Honduras para evitar contradicciones posteriores.
Por otro lado, y esto es quizá lo más realista, Lula entendió que la influencia de Brasil no llega a América Central. Menos aún a Honduras que depende, básicamente, de su comercio con EE.UU.; aunque no deja de ser cierto que le puede provocar un serio agujero una ruptura con Venezuela que le provee combustible subsidiado.

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