Para los cerveceros un sueño hecho realidad

Para los cerveceros un sueño hecho realidad

Hay muchos otros hinchas de Quilmes mucho más representativos que este cronista para intentar exponer en primera persona lo que se siente, ante la posibilidad, cada vez más real, de jugar de local en Once Unidos, el clásico con Peñarol.

No soy de Mar del Plata y descubrí mi simpatía por los colores en el epílogo de los ´90, cuando Quilmes de la mano de Milton Bell y el Huevo Sánchez, ascendió a fuerza de liquidar las series siempre de visitante. Nos reprochan haber descendido un par de veces de local pero de esa no se acuerdan nunca.

De las manos de mis hijos esa simpatía se convirtió en algo más parecido una pasión. Martín, el mayor de los varones comenzó a jugar al fútbol ahí de casualidad, pero en el fondo sentí que estaba predestinado. Que no iba a jugar en otro club que no fuera Quilmes. En Luciana, la mayor, el amor por Quilmes trascendió su paso fugaz como jugadora de hockey. Crecimos como familia con el negro rojo y blanco como fondo de pantalla. Nos mudamos de barrio, más cerca de Once Unidos y se convirtió  un ritual eso de caminar juntos y apurados para llegar a tiempo.

Muchas veces sufría y gozaba por lo que ellos sentían por esos colores.  Y el amor es contagioso. Lloré al verlos llorar en los escalones, desconsolados tras el triple de Frank Williams que los/nos dejó a la sombra de la Liga. Y lloré de alegría cuando se les caían las lágrimas con la magia de Mac Hopson, el regalo que nos mandó el tsunami de Japón. Y lloré un par de veces más, sí.

En toda esta etapa Peñarol marcó un claro predominio. Presupuestario primero que por mérito dirigencial, luego se trasladó al rectángulo de juego. Las estadísticas se dispararon y el consuelo que nos quedaba era pensar que si jugáramos en Once Unidos la cosa sería muy distinta. Deporte lógico si los hay, era más un consuelo que una verdad absoluta, pero alimentó la ilusión de muchos. Y me incluyo.

Hoy ese sueño parece más cerca que nunca de convertirse en una realidad. Y me parece adecuada la decisión de los dirigentes. Al fin podremos sentir que somos locales de verdad, lleno de punta a punta, haciendo de ese gimnasio una verdadera caldera cuando truena el “voy a morir… siendo del cervecero”.

En definitiva, jugar de local un clásico, por el calor de la gente, y no porque lo marque un frío tablero electrónico en el Polideportivo. Ese es otro clima, ese es su mundo, no el nuestro.

La decisión de trasladar la localía a Once Unidos me parece adecuada para esta instancia de la Liga, en que no hay mucho en juego y la pasión puede imponerse por un momento a la ecuación económica de una mayor recaudación. Ya no tienen a Campazzo, Leiva no llega… No creo descubrir una oportunidad mejor para que los fundamentalistas del Once puedan revalidar sus argumentos.

Y no me molestaría si Peñarol adopta la misma medida: de jugar en condición de local sin público visitante. Con todo respeto, me evitarán la sensación desagradable que me invadía cada vez que pasaba cerca de la parrilla: sentir que con la entrada le estaba pagando parte del sueldo a Leiva.

Solo espero, como hincha de Quilmes, estar a la altura de la oportunidad y no desaprovecharla. Boludos hay en todos lados y la hinchada cervecera no tendría por qué ser la excepción. No la arruinemos pensando que los de rayas blancas y azules, en vez de rivales, son nuestros enemigos.

Habrá que extremar las precauciones para que todo se desarrolle en paz. La fiesta y el carnaval tan ansiado en el coro popular hecho canción parece estar cada vez más cerca de desatarse. Será un sueño hecho realidad.

Roberto Garrone

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