Agencia Santa Rosa – ‘Ñochilei-Co’ -topónimo indígena que hace referencia a las aguas que fluyen mansas- es el nombre que identifica a la octava reserva natural de La Pampa, recientemente creada por ley de la Legislatura provincial. Abarca unas 40.000 hectáreas de uno de los desiertos más agrestes del país, el oeste pampeano, que sufre desde hace casi 100 años la falta, precisamente, de agua.
En la flamante área protegida se busca resguardar lo que queda de los humedales y bañados que se forman en la confluencia de los ríos Salado-Chadileuvú y Atuel, y con ello la riquísima flora y fauna asociada.
Se entiende por área protegida a la zona dedicada especialmente a la protección y mantenimiento de la diversidad biológica y de los recursos naturales y culturales asociados, Actualmente existe en el mundo un marcado interés por el resguardo de los humedales, concibiendo como tales a aquellas áreas donde el agua es el factor principal de control del medioambiente.
El caso de los ‘humedales’ pampeanos es particular: una serie de obras aguas arriba en el Salado y el uso ineficiente que desde décadas se hace sobre el cauce mendocino del Atuel, condenaron casi hasta la extensión la biodiversidad que alguna vez tuvieron.
Política y ecología
El testimonio de viajeros que pasaron por la zona entre los siglos XVII y XVIII y el de quienes se asentaron allí hacia fines del siglo XIX, dan cuenta de una caudalosa unión de los ríos, formada fundamentalmente por los brazos y riachos que se generaban cuando el Atuel se desparramaba en la llanura pampeana.
La realidad actual es muy distinta, con un inconstante hilo de agua que ingresa por el cauce del Salado-Chadileuvú y un Atuel intermitente que sólo moja la huella del Arroyo de la Barda algunos meses por año.
El proyecto de creación de Ñochilei-Co -redactado en base al trabajo del biólogo Fabián Tittarelli- giró más de seis años en la Cámara de Diputados a raíz de desacuerdos entre los legisladores y la Subsecretaría de Ecología sobre los alcances de la protección y la extensión del área. Pero finalmente salió, y con sus 40.000 hectáreas es hoy el área natural protegida más grande de la provincia.
Las otras son: La Humada, Limay Mahuida, Parque Luro, La Reforma, Laguna de Guatraché, Casa de Piedra y Pichi Mahuida.
Con dificultades similares a las que debió atravesar de Ñochilei-Co, todavía se espera una definición sobre ‘Salitral Encantado’, también en el oeste provincial. (ver aparte).
Según explicó el subsecretario de Ecología, Darío Mariani, en la nueva área protegida ‘todavía quedan muchos animales autóctonos, principalmente reptiles y una gran variedad de aves, pero muchas especies ya no están por el cese del escurrimiento’. También lamentó que el ‘aguará guazú, el yaguareté y el carpincho’ partieran hace tiempo de La Pampa.
La declaración de reserva podría representar ahora un escalón más para pedir que la zona sea contemplada en un futuro dentro del Convenio de protección a los Humedales de Importancia Internacional (Ramsar). Sin embargo, Mariani puso en duda su factibilidad en base a la situación actual: ‘La verdad es que ya no es un humedal en sí, y si lo queremos declarar sitio Ramsar nos van a decir, ¿y donde está el agua?’.
En este marco, sigue abierto y más latente que nunca el conflicto entre Mendoza y La Pampa por el Atuel. ‘Ñochilei-Co es la prueba más clara del perjuicio que le ha ocasionado a nuestra provincia el cese del escurrimiento del río, no sólo a los pobladores sino a lo que es flora y fauna’, sostuvo el subsecretario de Ecología.
El funcionario también explicó que si bien en los últimos días este río volvió a entrar en La Pampa, no está asegurada su continuidad. ‘Además es muy difícil recuperar los bañados que alguna vez fueron. Es una zona muy extensa que necesita gran cantidad de agua’, indicó.
Y remarcó otro dato: ‘Actualmente el Salado está entrando con un caudal de 0,5 metros cúbicos por segundo y con una salinidad de aproximadamente 60 gramos por litro, que es el doble de lo que tiene el agua de mar. Evidentemente eso no sirve para nada’.
Turismo
Mariani confirmó también que ‘se está estudiando’ la posibilidad de habilitar parte de la reserva para que sea visitada por turistas y por los pampeanos en general. Pero aclaró: ‘Las áreas protegidas tienen varias funcionalidades y el turismo no es la principal. Queremos que haya una parte que sea accesible; y podríamos disponer de una zona, no toda, que sea abierta al público, como en Parque Luro’.
Sin embargo todavía falta mucho para que haya definiciones al respecto. La propia Subsecretaría de Ecología tiene aún por delante la tarea de relevar a fondo la región, determinar el estado general de la flora y la fauna y completar la demarcación precisa de los límites. Recién después vendrá el aprovechamiento turístico.
Por otra parte, esa repartición ni siquiera cuenta con presupuesto específico para destinar a las áreas protegidas, según confió el propio funcionario, y todavía espera que la Cámara de Diputados trate una serie de propuestas para reformar la Ley de Áreas Protegidas aprobada en 2011, entre ellas la que crea un cuerpo de guardaparques y los aspectos relacionados con la determinación de fondos.
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