Algún domingo pasado desde éstas páginas se aludió sobre las particulares características que hacen a Tandil una ciudad de privilegio.Por Guillermo Liggerini
La afirmación devenía frente a un año denso, complejo, crítico para la economía argentina, pero la diversidad de actividades productivas que la comarca ostenta hizo posible sobrevivir los difíciles meses. Hubo más desocupados por metalúrgicas paralizadas y el conflicto agropecuario achicó la economía doméstica, empero, el resto del abanico de sectores productivos atemperó el embate.
Qué decir entonces por éstos días, estos meses, un año que se pronostica mejor siempre y cuando la política, los políticos para ser más precisos, no se encargue de dilapidar las oportunidades.
En ese tren podría también anticiparse un año casi ideal para la administración lunghista, acostumbrada cual sello de gestión a cristalizar varios hitos y en el medio golpes de efecto varios.
De cumplirse los compromisos de la administración nacional y provincial, más los propios asumidos, Lunghi y compañía estarán transitando el bicentenario con inauguraciones, logros de trascendencia.
No será la coronación de la réplica de la Piedra Movediza ni la apertura del Hospital de Niños, pero se generarán mojones que no harán más que asentar nuevamente a Lunghi en la inalterable consideración de la mayoría de los tandilenses.
La millonaria obra de cloacas en Villa Aguirre, el avance de la construcción de las viviendas del plan federal, el centro de salud mental, la puesta en marcha de las primeras herramientas para el anhelado seguro de salud, forman un combo de cristalizaciones que ayer parecían imposibles.
Si a ello se le suma el reciente acuerdo arribado con los municipales, la mejora en la recaudación que se percibe y la posibilidad concreta de recibir alrededor de 8 millones de pesos de recursos frescos a través del criticado pero usado fondo sojero, el pediatra podrá administrar con una soltura inesperada, que hasta incluso le permitirá darse algún caprichito, cosmética que le dicen.
CANTERAS
Y si de hitos se alude, qué decir sobre el paso dado para preservar una parte del patrimonio natural más caro al sentir tandilense, sus sierras. Está claro que la historia recién comienza, que el poder minero no se quedará de brazos cruzados frente a su legítima lucha por preservar sus intereses, tan legítimo como la persistencia de una buena parte de la población que quiere conservar su tesoro mayor, que paradójicamente es propiedad privada.
El gigante paso dado merece un párrafo para dedicarle a uno y cada uno de aquellos que hicieron lo posible para salir del atolladero. En Scioli, Lunghi y Auza podría sintetizarse a toda la dirigencia que durante décadas aportó sin éxito para llegar a una ley que privilegia el bien común por el individual. Sin embargo, desde aquí se entiende que el mayor homenaje lo merecen los ciudadanos, aquellos que militaron desde la Asamblea Ciudadana, o lo que simplemente asentían y promovieron que el conflicto se mantuviera en el candelero, en la agenda pública permanentemente, y por eso los dirigentes no podían, ni pudieron eludir.
Frente a estas noticias, tal vez se entienda, entonces, el nuevo cambio de timón del discurso lunghista. Tras la furia 2009 contra todo lo que representa el poder k, el sciolismo incluido, se renuevan los lazos a favor de un pragmatismo que la propia gestión parece obligar.
Se pergeña por estas horas un masivo acto en el anfiteatro para sellar el compromiso resumido en una ley para declarar paisaje protegido a las sierras donde explotaban tres canteras. La movida persigue de alguna manera congraciarse con el Gobernador, el hombre que en definitiva hizo posible cumplir con la promesa de campaña que rezaba "ni una explosión más" (la exageración forma parte de las campañas electorales).
El lunghismo a estas alturas está convencido que el ex motonauta jugó siempre a favor (a imagen y semejanza de su exacerbado discurso positivista) y merece una agasajo más cálido al que supo tener en pleno conflicto chacarero, con un escrache en plena inauguración del Hospital de Niños y un acto casi a escondidas en una posada en la zona de La Cascada.
El 2010, entonces, le devolverá la sonrisa a Scioli por éstos pagos, como al propio Lunghi, aquella que había perdido cuando subió a la cosechadora y prefirió el puchero de los desconsolados, para así seguir perpetuándose en la consideración del electorado. Sigue cumpliendo con las promesas, como aquella que rezaba en el eslogan de campaña: más Lunghi. Sólo resta que con estas buenas nuevas se llegue a un Tandil para todos.

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