Las contiendas judiciales suelen trascender a las parejas. Los momentos de ocio de los hijos, rehenes de estas situaciones, suelen tornarse crueles y verse opacados por la disputa de sus progenitores. Los convenios que no prevén los viajes.
Los menores de padres separados o divorciados que se encuentran en conflicto, terminan siendo rehenes por cuestiones subyacentes que derivan de la disolución del vínculo de sus progenitores. De uno y otro lado, los padres pugnan para lograr sus objetivos, priorizando sus intereses personales sobre los de sus hijos, sin medir la intensidad del daño que le pueden ocasionar ni las consecuencias en el colegio, con sus amigos o en la relación con los mayores. La mayoría de las parejas expresa la intención de dejarlos fuera de la contienda y cuidarlos aunque no siempre sucede. Esos casos se dan, en general, en separaciones conflictivas, donde alguno de ellos, o ambos, no logran soltar el pasado y pelean hasta el cansancio para defender sus necesidades, aferrándose a divorcios contradictorios que conllevan años.
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