Más de 6.000 personas despidieron ayer al padre Corti en el cementerio Oeste donde, tras una recorrida de tres horas, llegó en su cortejo fúnebre a las 22. El cariño de la gente fue tal que el ataúd con los restos del cura gaucho recién pudo ingresar al nicho en el Panteón de los Salesianos 20 minutos después y permanecer sin sellarse una hora más para que nadie se fuera sin al menos tocarlo.
El féretro con los restos del padre Juan Corti fue transportado a pulso por el padre Joaquín Pedroza, José Goyenechea, el intendente Néstor Di Pierro y el viceintendente Carlos Linares quienes debieron abrirse camino a la fuerza para que el ataúd ingresara al nicho que desde ahora el cura gaucho comparte con su confesor, el padre Juan Enne.
El gobernador Martín Buzzi también acompañó todo el trayecto y observó la despedida final desde un rincón del predio que circunda el panteón.
Antes de llegar al cementerio, el cortejo generó la movilización popular más importante que hasta ahora se haya visto en Comodoro Rivadavia ya que, si bien es difícil calcular, se puede arriesgar que más de 20.000 comodorenses salieron a las veredas de las calles y avenidas por las que pasó el recorrido final del padre Corti.
EL LARGO ADIOS
Luego de partir de la Catedral, pasadas las 19:15, el cortejo precedido por un autobomba y personal de Defensa Civil y tránsito, se dirigió al Colegio Domingo Savio. Fue tal la cantidad de gente de a pie y en vehículos que se sumó, que el recorrido demandó más de 45 minutos.
En el Domingo Savio, al padre Corti lo esperaba una bandera argentina de proporción y vecinos agolpados de uno y otro lado de la escalinata de su escuela, donde los chicos -la mayoría con lágrimas- lo recibieron con una conmovedora canción. Allí, el padre Javier Eslava fue quien tuvo a su cargo nuevas oraciones de gratitud.
Desde el Savio hasta el Juan XXIII, el cortejo tardó una hora más. La noche fresca y el viento que comenzaba a soplar no pudieron opacar otra conmovedora despedida en un barrio donde el padre no sólo hizo una escuela sino que asentó su vivienda.
En la calle San Martín, nuevamente poblada de aplausos, globos, carteles y emoción, el encargado de recibir al cura, junto con la banda de la Fuerza Aérea, fue el padre Gustavo y los integrantes del grupo de Infancia, cuyo vocero sintió que su garganta se quebraba hasta que finalmente pudo cerrar el sencillo homenaje mientras la gente entonaba la Canción de Angeles.
Ya en noche cerrada, el cortejo que había partido del Juan XXIII a las 21:15 llegó a la escuela Ceferino Namuncurá a las 21:40. Allí la parada fue breve pero también notablemente cálida y emotiva porque desde allí hacia el cementerio una multitud comenzó a caminar la Rivadavia, detrás de las carrozas fúnebres, hasta llegar a las 22.
Allí ya una multitud permanecía desde las 20, horario originalmente establecido para el sepelio. Fueron más de 6.000 personas las que se quedaron hasta el fin de la ceremonia.



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