Otro golpe a EE.UU.

El escándalo fuerza a Washington a replantear su diplomacia
WASHINGTON.- En lo público e inmediato, la megafiltración de datos reservados de la diplomacia norteamericana produjo dos reacciones contradictorias entre los afectados por la feroz salpicadura. Hubo quienes se indignaron y amenazaron y quienes, en cambio, optaron por minimizar y sembrar la impresión de que las revelaciones de Wikileaks no tienen importancia.

Pero la reacción más importante apunta a la reparación de la diplomacia de una superpotencia que, a los ojos del mundo, se ha mostrado incapaz no sólo de guardar sus secretos sino, también, los ajenos. Situación ésta que ha generado un terremoto de confianza a lo largo del planeta.

En un escenario donde la hasta ahora potencia indiscutible se encuentra en etapa de contracción, "la reconstrucción de sus canales de información, como uno de los vehículos de su diplomacia, será uno de los pilares por hacer en el futuro inmediato", sintetizó Richard Haas, del Consejo de Relaciones Exteriores.

Cómo realizar esta tarea es algo que preocupa a un Departamento de Estado enfrentado a la novedosa experiencia de encontrar, de la noche a la mañana, problemas inimaginables "con los 190 países con los que tiene relaciones", según confió a La Nacion un funcionario cercano a la secretaria de Estado, Hillary Clinton.

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