Otra cadena en nuestras piernas

Por Vicente Palermo

El decreto 256 del Gobierno constituye un eslabón más de la cadena con la que estamos enrollando nuestras piernas. Desde hace tiempo, la política oficial ha sido la de intentar obstaculizar por distintos medios los esfuerzos de los malvinenses para desarrollar las islas.

Lo malo no es que esos intentos han sido y seguirán siendo inocuos; lo malo es que nos infligimos un daño persistente a nosotros mismos. Con la ciega obsesión de recuperar las islas, y en la equivocada creencia de que las aparatosas posturas malvineras conllevan réditos de aprobación pública, estamos reforzando la desconfianza de los malvinenses y malgastando un tiempo valioso en lugar de aprovechar las potencialidades del Atlántico Sur en pro del mejor interés argentino.

Cada día de tozuda insistencia en esa política destructiva equivale a meses de andar por el camino que será necesario para revertirla. La reversión de esa política consta de tres elementos fundamentales.

Primero, asumir que la opinión pública argentina no es malvinera. Muchos porque piensan que las Malvinas son definitivamente irrecuperables, otros por pragmatismo y otros porque privilegian valores poco afines con el territorialismo obcecado, suman una opinión pública abierta a propuestas innovadoras y originales.

Segundo, reducir cualitativa y cuantitativamente el estatus del diferendo, y dejar de supeditar objetivos relevantes y alcanzables al de "recuperar el ejercicio de la soberanía". En la política diplomática deberíamos dar muestras de que nos importa que los isleños sean libres de decidir lo que quieran. Y que mientras tanto lo mejor que podemos hacer es colocar el "conflicto" en el lugar irrelevante que le correspondería, abriendo la posibilidad de cooperación regional. No sería una renuncia formal a derechos, pero sí hacer patente nuestra percepción de que no nos asiste toda la razón en el conflicto.

Tercero, contribuir a instalar en el área un espíritu de cooperación, en arreglo a intereses concretos en diferentes campos: explotación de recursos vivos y energéticos, turismo, comunicaciones, desarrollo científico-tecnológico, política ambiental, etc.

En el tema Malvinas, hay demasiado oportunismo y demasiado silencio. La política oficial es desatinada, pero la oposición, hasta ahora, poco y nada ha hecho para contribuir al desarrollo de un enfoque original.

El autor es investigador principal del Conicet

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