El jefe de la Alianza Atlántica, el danés Anders Rasmussen, dijo que continuarán los ataques aéreos y aseguró que no apuntan contra “personas concretas”, pero defendió la entrega de material bélico a los opositores de Khadafi.
De los cinco países ganadores de la Segunda Guerra Mundial que tienen veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, Rusia y China fueron los únicos que se abstuvieron de aprobar la zona de exclusión aérea sobre Libia. El político danés que conduce la OTAN salió de aquella manera al cruce de las críticas de Moscú y otros países en cuanto a que la OTAN está violando el mandato dado por el Consejo de Seguridad de la ONU, que no incluyó ni el derrocamiento de Muammar Khadafi ni los ataques sobre blancos civiles.
Ante la polémica en torno al envío de armas a los opositores libios, medida que contradice el embargo internacional de material militar que acompaña la intervención aérea, Rasmussen aseguró que “todo lo que la OTAN hace en Libia se corresponde plenamente con las resoluciones 1970 y 1973 de la ONU, que permiten utilizar todas las fuerzas y medios posibles para prevenir la amenaza de ataque sobre la población civil. El suministro de armas a los insurgentes tuvo lugar en el marco de la defensa de la población civil de Libia”, agregó.
La polémica se desató cuando a fines de junio el gobierno de Francia confirmó que soltaron paracaídas con armas livianas para los rebeldes libios que se encuentran atrincherados en las montañas de Yebel Nafusa, a 200 kilómetros de Trípoli, donde se encuentra Khadafi.
Las interpretaciones de las resoluciones de la ONU son distintas, como lo dejó en claro el ministro de Relaciones Exteriores ruso, Serguei Lavrov, quien le pidió a la alianza atlántica que interpretara “al pie de la letra” lo establecido por la ONU.
“Por el momento, no tenemos la misma visión que la OTAN del modo de aplicar las resoluciones –dijo Lavrov ante los medios en Sochi–. Consideramos que el embargo en materia de armas no deja lugar a dudas.” El ruso aclaró: “Cualquier suministro de material bélico viola la Resolución 1970, al igual que el envío de instructores militares. Todo esto está cubierto por el embargo de armamento.”
Rusia, que insiste en que la OTAN se está extralimitando con los bombardeos y su abierto respaldo a los opositores, pide un cese inmediato de las hostilidades y el inicio de un diálogo entre los insurgentes y el gobierno de Khadafi a través de ONU y de la Unión Africana. Ayer, mientras los aviones de la alianza seguían bombardeando en el sureste de Trípoli para despejar el camino hacia la capital y que puedan avanzar los opositores, el ministro británico de Defensa, Liam Fox, advirtió que las fuerzas aliadas podrían tardar aún “un tiempo considerable” en derrocar a Khadafi.
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