El escritor dio una disertación magistral en un colmado Teatro Español. Fustigó las palabras del viceintendente Baraybar. Estuvo presente el intendente Larrañaga.
La exposición del escritor, periodista y militante, ante una sala colmada que estalló en un admirado aplauso, fue el cierre de un encuentro en el que referentes de comunidades originarias exigieron desmonumentar a Roca.
Bayer no perdió la ocasión de dejar en ridículo -aunque algo piadosamente- al viceintendente Angel Baraybar tras el papelón de las palabras que pronunció el jueves, pero al mismo tiempo destacó el gesto político del intendente Luis Larrañaga, que estuvo presente durante todo el encuentro.
También estuvo presente en la primera fila uno de los líderes de la oposición política local, Guillermo Di “Pepe” Liscia: quedó la sensación de que más temprano que tarde, al fin, el nombre de Roca será quitado de la avenida principal de la capital provincial.
Los unos y los otros
Bayer revisó la historia argentina, destacó el papel de los héroes de Mayo (especialmente a Manuel Belgrano, Mariano Moreno y Juan José Castelli) y de José de San Martín. Marcó el retroceso que significó la llamada “Campaña del Desierto”. Fustigó entonces el papel de Bernardino Rivadavia, Juan Manuel de Rosas, Nicolás Avellaneda, Adolfo Alsina y -especialmente- Roca.
También consideró que Domingo Faustino Sarmiento “era un racista”, señaló las consecuencias nefastas del “fraude patriótico” (“un concepto que solamente podemos entender los argentinos”, dijo) y apuntó que “nuestras democracias tienen también mucho de culpa”.
Hizo especial referencia al militar prusiano Federico Rausch, que fue contratado por el gobierno de Rivadavia (1826) “para exterminar a los ranqueles”, según quedó escrito en su escueta designación. Bayer contó algunas actas que permanecen en el Archivo General de la Nación, como por ejemplo las referencias de Rivadavia a que “hoy para ahorrar balas hemos degollado 27 ranqueles”; “los ranqueles no tienen salvación porque no tienen sentido de la propiedad”; o “los ranqueles son anarquistas”.
Para Bayer, gran parte de la responsabilidad del genocidio es de la Sociedad Rural, fundada en 1868 bajo la presidencia de un Martínez de Hoz. Sus antecesores -detalló el escritor- habían sido un mercader de esclavos y un delegado español en favor del rey. La SRA le planteó formalmente al presidente Avellaneda el “problema” de los “indios ladrones”.
Ahí surgió la idea de una zanja gigante, que Alsina materializó parcialmente (unos 600 kilómetros, en la zona de Tandil, de una zanja de 3 metros de ancho por 2 de profundidad para que los indios no pudieran saltar con sus caballos, o al menos no pudieran llevarse las vacas de los estancieros). A su muerte, apareció Roca como ministro de Guerra.
El plan genocida
Ahí se planeó el genocidio. Roca aconsejó imitar a Estados Unidos con el métoto del Remington. Se importaron 10 mil armas de ese tipo. Roca proponía “eliminar para siempre a los salvajes, bárbaros”. “La Campaña del Desierto es un verdadero genocidio”, insistió Bayer.
“La Sociedad Rural pidió el exterminio y cofinanció el genocidio. El 1 de febrero de 1979 los diarios Clarín y La Nación sacaron suplementos casi tan grandes como el diario mismo para celebrar los cien años. Roca repartio 40 millones de hectáreas entre unos 1.800 socios de la Sociedad Rural. A Martínez de Hoz le dieron 2.500.000 hectáreas. El mismo Roca se quedó con unas 60 mil hectáreas en la zona de Pigüé, como buen corrupto”, añadió.
Recordó además que Roca repuso la esclavitud en 1879, cuando se "regalaban" indios a las "familias de bien". “¿Y dónde quedaron los principios de Mayo?”, se preguntó retóricamente.
“Hoy tenemos calles, plazas, una ciudad y colegios con el nombre de un verdadero genocida”, repudió. Señaló que el monumento más visible en Buenos Aires homenajea a Roca, y fue concebido por su hijo Julio, cuando fue vicepresidente de Justo.
Bayer lamentó también que se repitan algunas “verdades” repartidas por la “historia oficial”. En ese sentido señaló el papel de Baraybar: “he leído esto que sostuvo este señor... ha dicho que no mató a todos los indios, como si no fuera suficiente con las víctimas que hubo como para considerarlo un genocidio...”
El escritor aceptó que, sin embargo, nota “un resurgir de la ética en la historia, un entusiasmo por estas luchas. La semilla va a ir creciendo y creciendo y no se va a volver atrás”, afirmó.
Hizo numerosas alusiones a la parte del Himno Nacional que le canta “a la noble igualdad” y a la “libertad, libertad, libertad”. Apuntó que no se hará realidad mientras existan villas miserias, aunque “hemos logrado algunos pasos adelante, como mandar a la cárcel a los desaparecedores”.
Bayer contradijo la idea de “progreso” y “civilización” y aseveró que “a la historia hay que medirla por la ética y la defensa de la vida. Hasta ahora no hemos conseguido muchos triunfos. Pero al menos se habla del tema. Yo pregunto, ante la evidencia, quiénes eran los ‘salvajes’ y los ‘bárbaros’. Ese supuesto progreso destruye lo mejor que tenemos los seres humanos: la naturaleza. Hoy, por ejemplo, es imposible vivir en Buenos Aires. ¿Eso es calidad de vida, los autos amontonados uno detrás del otro, la cantidad de gases? Ya no se ve a los chicos en la calle, porque están sólo frente a la pantalla. Ya no hay casas con jardines, sino rascacielos; ta nadie salud a nadie. Tenemos que aprender de estos pueblos el amor por la naturaleza y terminar con los mitos. Sigan esta lucha, que es una lucha por la ética”.


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