Osvaldo Bayer acompañó la presentación del libro Desmonumentar a Roca

El reconocido historiador y periodista disertó, junto a Marcelo Valko, en el Centro Cultura José Artigas. Ante gran cantidad de público, también se presentó el proyecto local para cambiar el nombre de la avenida Roca. Ya son 28 las ciudades que decidieron quitar de sus calles el nombre de Roca.

Hombre de historias propias y ajenas, Osvaldo Bayer es un sobreviniente de aquella generación de intelectuales que sufrieron en carne propia -y hasta pagaron con su vida en varios casos- el accionar de la última dictadura. A sus 86 años, su cuerpo cansado no le impide responder a cuanta invitación se le haga para dar testimonio de una vida plagada de anécdotas.

En ese camino, el martes visitó Luján. El reconocido historiador y periodista acompañó la presentación del libro Desmonumentar a Roca, de Marcelo Valko. La convocatoria aglutinó a una gran cantidad de público que desbordó las instalaciones del Centro Cultura José Artigas. La organización también estuvo a cargo de la Librería Rayuela y de Luján 2 Ciudades. En la ocasión, se brindaron detalles del proyecto de ordenanza que en Luján propone el cambio de nombre de la avenida Roca por el de Cacique Manuel Calelian.

Entre muchas otras facetas, Bayer es el principal referente de una campaña nacional que plantea, desde hace varios años, "bajar del pedestal" al general que encabezó la denominada "campaña al diserto", una acometida militar que, según documentos de la época, le costó la vida a más de 10 mil indígenas, mientras que otros fueron confinados a virtuales campos de concentración (el más conocido de ellos la Isla Martín García) o vendidos como servidumbre a las familias acomodadas de Buenos Aires.

La biografía de Bayer incluye otros intentos similares, como aquella vez que durante una charla en Rauch propuso a los presentes cambiar el nombre de esa localidad que recordaba al coronel europeo contratado por Rivadavia para matar indios ranqueles. La oferta consistía en rebautizar el lugar como Arbolito, el indígena que finalmente logró ajusticiar al militar.

"Para explicarles lo que ocurrió cuando propuse eso tengo que acudir al lunfardo, porque salieron todos rajando. Me fue muy mal por proponer eso, porque en ese momento el ministro del Interior era el general Juan Enrique Rauch, bisnieto directo del coronel. Fui detenido y llevado al Departamento Central de Policía. Vino un oficial de policía y me informó que iba a estar detenido en la cárcel de mujeres. Uno ama las mujeres, pero que no lo confundan. Pasé 63 días preso en la cárcel de mujeres. No voy a dar detalles, pero no la pasé mal", ironizó Bayer.

En un sintético repaso histórico vinculado a la relación entre el Estado argentino y los pueblos originarios del sur, el invitado habló de distintas tentativas de los gobiernos "para expulsar a los indios de las tierras que ocuparon durante siglos".

El gran quiebre, según Bayer, fue la fundación de la Sociedad Rural Argentina, en 1868, cuyo primer presidente fue un pariente directo de Alfredo Martínez de Hoz, ministro de Economía durante la última dictadura cívico-militar.

"La primera resolución de la Sociedad Rural fue dirigida al presidente Avellaneda para que ordene al Ejército que marche contra los indios y libere todas esas tierras. Avellaneda obedeció y se hizo el proyecto de cómo exterminar a los indios. El primer encargado fue el ministro de Guerra, Adolfo Alsina. Dentro de todo, Alsina presentó un plan bastante más humano", expuso Bayer.

Con la muerte del Alsina, sin embargo, el nuevo ministro de Guerra dispuso un plan sangriento que tomó el modelo norteamericano de conquista y exterminio de su población indígena. El autor de La Patagonia Rebelde opinó que la campaña comandada por Roca "fue un verdadero genocidio". Según documentos que se guardan en el Archivo General de la Nación, fueron asesinados 14 mil indios, mientras que a otros 20 mil, incluyendo mujeres y niños, se los obligó a marchar a pié miles de kilómetros: "En las plazas de Buenos Aires esos indios se repartieron como esclavos. Están los avisos oficiales en los diarios de enero de 1879 que ustedes pueden consultar. En esos avisos se anunciaba que "a toda familia de bien que lo requiera se le entregará un indio varón como peón, una china como sirvienta y un chinito como mandadero". Es decir, se restableció la esclavitud".

Las escenas que se vivían cuando los niños indios eran separados de sus familias quedaron reflejadas por los cronistas que asistían a las plazas públicas de Buenos Aires. En la edición del 31 de enero de 1879, el periódico El Nacional incluía una crónica en ese sentido.

Bayer leyó textualmente: "Llegan los indios prisioneros a Buenos Aires con sus familias. La desesperación y el llanto no cesan. Se les quita a las madres indias sus hijos para en su presencia regalarlos, a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco, unos hombres indios se tapan la cara, otros miran resignadamente al suelo, mientras la madre india aprieta contra el seno al hijo de sus entrañas. Entonces, algunos padres indios se cruzan por delante para defender a sus familias de los avances de la civilización".

Bayer también expuso que otros indios se transformaron en mano de obra para los ingenios azucareros tucumanos, donde Roca tenía importantes intereses económicos. Al respecto, el historiador explicó que "en el Archivo General de la Nación encontré una carta del presidente Roca al gobernador de Tucumán, donde le decía que no trajera más a los indios haraganes del Chaco, que él le iba a mandar desde Buenos Aires indios muy trabajadores, a los que se podía hacer trabajar cualquier cantidad de horas por día".

"Este señor tiene el más grande de los monumentos de Buenos Aires, que fue levantado por el gobierno que siguió a la dictadura de Uriburu en 1930, en la elección donde se uso el "fraude patriótico", lo que significa que se metía la mula por patriotismo. El vicepresidente de ese gobierno era el hijo de Roca, que lo primero que hizo fue hacerle un monumento a su padre", expuso Bayer en referencia al pedestal ubicado a pocos metros de la Casa Rosada.

Desde hace 10 años, Bayer encabeza un movimiento para quitar dicho monumento, por considerar que esa estatua "es una falta de respeto a los pueblos originarios".

ESTATUAS

"Hay poca gente que en Argentina se mantuvo fiel a un principio, a una ética, y yo creo que no hay otro como Osvaldo. Con este tema, lo primero que tenemos que decir es que el hombre que hirió de muerte a Roca es Osvaldo, él tuvo esa clara visión del tema Roca", indicó Valko, autor del libro Desmonumentar a Roca y otra de las caras visibles del movimiento que se propone revisar el lugar que la historia oficial dedicó al general de la "campaña al desierto".

Valko planteó que "nada es más peligroso que una estatua en su aparente inmovilidad, porque las estatuas parece que no dicen nada y, sin embargo, las estatuas no cesan de decir, son mojones de la historia oficial, son guardianes que nos ponen, naturalizan a los genocidas y nosotros nos acostumbramos a convivir con los genocidas en las calles, en las plazas, en Billiken".

El licenciado en psicología dedicado a la investigación antropológica aclaró que "nosotros no queremos romper nada, no queremos destruir patrimonio público". En referencia al avance de la propuesta, Valko comentó que, "cuando se imprimió el libro, eran 24 ciudades que ya cambiaron el nombre. Y ahora ya son 28". Además, "tenemos un anexo de otra veintena de ciudades, donde también está Luján con el proyecto Calelian, que están en ese camino".

Como parte de su exposición, Valko expuso imágenes de estatuas donde se reproducen miradas despectivas hacia los pueblos originarios. En ese mismo sentido, puso como ejemplo el nombre que lleva un comercio de la ciudad de San Antonio de Areco, bautizado como "Indio muerto, cabeza abajo": "El tipo que abrió este negocio fue a la Municipalidad para habilitarlo y el empleado escuchó el nombre y lo habilitó igual. Imaginen si el nombre hubiera sido "Judío muerto, cabeza abajo"".

"No hay que decir que Roca es una porquería y una mierda. Roca no fue eso, sino que fue la persona más eficiente que tuvieron las elites. En la primera presidencia barrió toldos y en la segunda presidencia hizo hincapié en los "extranjeros de ideas disolventes", aquellos que reclamaban ocho horas de trabajo, o en vez de hombrear bolsas en el puerto de 110 kilos que fueran de 70, o descanso dominical pago. Nos acordamos de Miguel Cané por Juvenilia, pero escribió cosas mejores que esas, como la Ley de Residencia, que buscaba expulsar a estos extranjeros", completó.

El proyecto local

Además de las disertaciones de Bayer y Valko, se incluyó la presentación del proyecto de ordenanza que propone cambiar el nombre de la avenida Roca por el de Cacique Manuel Calelian. El periodista Nicolás Grande y el investigador Federico Suárez, autores de la iniciativa, plantearon la importancia de contribuir al debate histórico, como una forma de repensar cuestiones del presente.

28

son las ciudades que en todo el país decidieron quitar de sus calles el nombre de Roca.

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