Una osadía todavía incierta

Sapag y Sobisch se mueven a una velocidad cada vez mayor. El frente opositor todavía no se concretará en sus detalles más relevantes. La oposición está muy condicionada por el resultado que mostrará el MPN: son dos posibilidades muy distintas, que obligan a planificar contenidos estratégicos diferentes.
A razón de dos actos o encuentros con militantes por día, largó la fase más intensa de la campaña del MPN. Durante la semana, se supo que habrá una previa, la interna en Plaza Huincul, para elegir en ese distrito candidato a intendente y concejales. La filtración de esa información provocó un primer efecto incómodo en uno de los sectores, el de la Lista Azul de Jorge Sapag: no fue precisamente de satisfacción, sino todo lo contrario: se interpretó el hecho como una nueva jugada de Sobisch, para su propio provecho.

Poco queda por esperar de estrictamente novedoso en la interna emepenista, más allá de lo que puedan ir aportando las encuestas que irán midiendo la intención de voto. Es un lento, gradual y ansioso palpitar, con desenlace inevitable el 20 de febrero.

En el camino, al menos por ahora, se van confirmando las dos características principales. Jorge Sapag, haciendo campaña como gobernador en funciones; Jorge Sobisch, anunciando obras, como si ya hubiera sido elegido gobernador. Los dos apuestan, curiosamente, a consolidar una imagen: la de un MPN ganador frente a la osadía opositora.

Esa osadía aun incipiente necesita para confirmarse en su propia fe el resultado de la interna del MPN. Es demasiado fuerte la diferencia entre un candidato u otro. Es necesario saber a quién se enfrentará, porque el diseño del contenido de la campaña así lo exige. Por eso, mientras tanto, a lo único que atinan peronistas, radicales, “unistas” y demás expresiones que comulgan en el altar del destronamiento del MPN, es a profundizar en el catecismo básico, que pasa por allanar los caminos al Justicialismo para que conjure sus demonios y aporte (de una vez por todas, se agrega a veces) al “bien común”.

El Justicialismo apenas puede con su sombra. Hay dos candidatos firmes de verdad. Uno es Javier Bertoldi. El intendente de Centenario es la pieza fundamental para la alianza con Martín Farizano, y hace equilibrio precario entre el peronismo neuquino que quiere ganar algo, y el peronismo neuquino manejado desde la Casa Rosada, que simplemente quiere aportar a lo que Cristina desee.

Bertoldi tiene el respaldo para algunos de sus planes (no tiene uno solo) del mercantil y titular de la CGT, Sergio Rodríguez. Cada vez que se acerca a Rodríguez, crece para Bertoldi la posibilidad de la coalición y del plan de llevar un vice gobernador y pelear la intendencia capitalina en interna abierta; y al mismo tiempo, esa situación implica un alejamiento de Oscar Parrilli.

El otro candidato de verdad del Justicialismo es Sergio Gallia. Es otra realidad y otro perfil. Gallia, hace tiempo, decidió que no iría con nadie que lo llevara a una derrota calculada de antemano. Al mismo tiempo, construyó pacientemente y con perfil bajo una opción al parrillismo y a la línea K-dura, sin que esto implicara una oposición al kirchnerismo. Nunca estuvo cerca ni fue simpatizante abierto de Farizano; pero tampoco se puso en la vereda de enfrente y tiró piedras por arriba del cerco.

Habrá negociación, habrá encuestas, habrá internas…todo puede suceder para determinar qué línea del PJ finalmente prevalece para acordar con la UCR. Desde la propuesta más descomprometida (que todos compitan, en una especie de ley de lemas) hasta la que apuesta más al compromiso de asumir el costo y determinar un candidato partidario, las posibilidades están abiertas, y apuntan a un final inexorable: el PJ no tiene otro camino más que ir a la batalla aliado con otros partidos. De lo contrario, puede protagonizar un papelón histórico.

En la UCR no hay una llanura amenizada con rosas, ni mucho menos. Todo cuesta, todo sale caro. Regar la maceta de la concordia es un trabajo prácticamente inútil. A medida que avanza el tiempo, se sabe con creciente certeza que hay una UCR “vaciada” circunstancialmente por Horacio Pechi Quiroga. La UCR que queda es resentida por ese vacío, que no será pequeño, porque el actual diputado nacional arrastra a mucha gente, del radicalismo y de otros partidos.

Al mismo tiempo, lo ya avanzado hace que no sea posible el retroceso. El partido definirá autoridades nuevas, y posiblemente pase a ser conducido por el farizanismo, a través de Alejandro Vidal. La UCR resolverá así la institucionalidad necesaria para hacer las alianzas y concretar la idea de frente amplio.

Lo que no puede resolver es la situación de los candidatos. Néstor Burgos está lanzado para ser candidato por el radicalismo. Farizano mismo dice que no es el único: nombró, días pasados, a Oscar Smoljan como una posibilidad. También a otros, como Horacio Baldo, que se sabe, no correrán esa carrera. En realidad, hay radicales que no se prestarán a una interna en donde (dicen) el que corre con el caballo del comisario no es un radical.

Allí está, agazapado para captar a los heridos, Quiroga.

Por eso, ha habido todo este tiempo amagues de negociación con el diputado. Se traducen en la siguiente frase, echada a correr por voceros interesados: “a Martín le gustaría que Pechi se presente como candidato a intendente de la UCR”.

Es nada más que una frase. Quiroga no competirá en ese contexto, porque no quiere enfrentar a Mariano Mansilla, y al peronismo, en una interna abierta, en la que tiene toda la sensación que le mandarían a votar en contra sus propios correligionarios.

En este ágil contexto no hay todavía nada que esté cerrado del todo, ni nada que sea una apertura absoluta. Y hay, además, una certidumbre: los partidos que quieren formar la coalición esperan la definición de la interna del MPN.

Lo hacen sabiendo que no es lo mejor. Que en realidad, lo mejor hubiera sido confiar en las propias fuerzas, sin importar lo que suceda en el partido de gobierno.

Es, aunque duela reconocerlo, la primera muestra de la relativa debilidad que deberá enfrentar a la también relativa fortaleza.

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