Oriente Medio: nuevas jugadas en viejos tableros

Por Marcelo Cantelmi

La reactivación del diálogo israelí-palestino, anunciada en Washington, tiene como trasfondo el propósito de aislar a Irán. La idea no es mala, el problema es el voluntarismo.

Es difícil que un cuerpo físico pase por un orificio al que desborda en tamaño. Pero eso es lo que parece intentar la cumbre de paz sobre Oriente Medio auspiciada por Barack Obama y su canciller Hillary Clinton. El pequeño espacio que este esfuerzo ha abierto es insuficiente para acomodar los factores que alimentan un conflicto en extremo complejo.

Esas limitaciones improbablemente escapen a la atención de los líderes convocados en Washington, de modo que la paradoja es el sentido práctico de esta cita. La intención, en absoluto oculta de la Casa Blanca, es reactivar este diálogo para buscar aislar a Irán desactivando uno de los mayores pretextos de la furia regional como es el conflicto israelo-palestino. La idea no es mala, el problema es el método . Washington hoy, como antes George Bush y su socio Tony Blair, repite el fallido de encarar estas cuestiones con un voluntarismo temible y formas de callejón .

No hay ningún dato, por citar el punto más agudo, que permita suponer que Israel, en el marco de esta renovado diálogo, extenderá la “moratoria” que detiene la construcción en asentamientos ilegales en los territorios que ocupa en lo que sería la futura patria palestina. Si esas acciones invasivas continúan, el gobierno del presidente palestino Mahmud Abbas, ya muy desprestigiado en el mundo árabe y en su casa, acabará aún más consumido y sin poder para limitar la furia de la población y la de sus enemigos internos.

Aquella moratoria vence el 26 de setiembre. Obama no le ha exigido al premier israelí Benjamin Netanyahu la prórroga y aceptó, en cambio, que el procedimiento se conduzca sin precondiciones como demandó Tel Aviv. Ello pese a que Washington, como parte del cuarteto que completa la Unión Europea, la ONU y Rusia, caracterizan como ilegal la toma hostil de tierras que hace el Estado judío. “ Paz y colonias no son compatibles” , ha dicho con acierto el jefe negociador palestino Saeb Erekat, pero no parece que se escuchen esas palabras.

Las formas de la trampa de Oriente Medio las define con claridad la historia . Esta crisis tiene dimensiones crónicas, entre otras razones, por la conjunción de intereses comunes entre los extremistas de todas las veredas, que arman su agenda con los trozos de este arenero. Para los ultra de Irán y sus socios del partido Hamas, que controla Gaza -la otra porción en que se ha dividido el magro territorio palestino- la tensión en la región es funcional al modelo autoritario de poder doméstico y se agudiza cuando ese orden es desafiado por las masas, como sucedió en las polémicas elecciones de hace un año y medio en el país persa. Del otro lado, la derecha israelí, que integra la coalición gobernante, ha usado este furor con el propósito de fulminar cualquier posibilidad de existencia de un Estado Palestino y justificar su política de ocupación territorial. La Casa Blanca, que a mediados del siglo pasado en plena Guerra Fría, incentivo el islamismo fundamentalista en la región para atorar el crecimiento de agrupaciones comunistas y socialistas independientes pero proclives a una alianza con Moscú, también ha sido parte del problema y no de la solución . El duelo en Pakistán y Afganistán, como ya hemos señalado aquí, forma parte de ese legado de espectros.

Los intentos para apagar estos fuegos han fracasado porque no se desarmó esa estructura perversa encadenada a pequeñeces. La decisión de los dos bandos de reunirse cada quince días, según resolvió la cumbre de Washington, le dió un cierto aire a Obama para sobrevolar con espíritu de gestión internacional las elecciones legislativas de noviembre. En esos comicios cruciales, sin embargo, no pesará tanto ni esta crisis, ni la retirada de Irak o el desastre en alza de Afganistán, sino las presiones domésticas por una economía que sigue desafiante y una desocupación que se mantiene alta e invariable. Este esfuerzo de relaciones públicas le da sí al norteamericano una herramienta para alejar este tema de la agenda y suponer que con ello también alivia parte del desgaste que le genera el negativo trámite de los frentes de guerra. Entre tanto, en Oriente Medio no pasará nada más que la retórica fortaleciendo nuevamente la posición de Irán.

Esto cambiaría si se emprende una mudanza radical que incluya la construcción real de un Estado Palestino en las fronteras de junio de 1967, con controles internacionales y la capital en Jerusalén Este, en acuerdo con las resoluciones de las Naciones Unidas. No es claro si esos son los sacrificios de los que habla el gobierno de Netanyahu. Si se observa el mapa, una solución de dos Estados con esos límites, sería muy ventajosa para Israel porque le dejaría a los palestinos poco menos de 20% del espacio que le fue asignado en la “partición” dispuesta por la ONU en 1948. Es un mínimo territorio dividido, además, en dos pedazos, Cisjordania y Gaza, o casi en tres si se tiene en cuenta la perforación de límite a límite que han causado colonias como la de Ariel en el espacio cisjordano.

Hoy hay medio millón de israelíes en Jerusalén Este y Cisjordania. Una iniciativa es que doce de los mayores asentamientos sean parte de Israel, según detalló el ministro de Defensa, el laborista Ehud Barak. La capital palestina estaría en una parte de Jerusalén Este y los lugares sagrados bajo supervisión internacional.

Hamas, concentrado en Gaza, es el más duro crítico de esa salida y este diálogo . Pero el líder de la organización, Khaled Meshaal, admitió, según cita del Huffington Post , que han tenido contactos con enviados de Washington y admitió que “están muy interesados “en hablar con los norteamericanos”. Es una notable novedad cuyo destino habrá que observar con cuidado, pero que puede terminar en la nada a la luz de la forma en que se está llevando este diálogo. Es notable que el proyecto de aislar a Irán no incluya negociaciones con Siria , por ejemplo, que resuelvan el conflicto por la meseta del Golán tomada por Israel y que fortalezcan a Damasco para buscar su camino fuera de la esfera persa. Sin realismo no existen los acuerdos. Ni una ni otra cuestión parecen estar hoy presentes.

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