Por: Ariel Torres.Hubo una época en la que existían los discos compactos. Tenían un aspecto muy semejantes a los CD-R, sólo que una de las caras era plateada y la otra tenía impresa una etiqueta.
A propósito, y para que ningún disquero de los buenos se me ofenda, aclararé -so pena de comprometer el ritmo y el tono de este texto- que ya sé que los compactos todavía existen, invierto mucho dinero por mes en esos preciosos objetos y lo anterior vino en tono irónico. Que conste.
Pista 1. Todos los álbumes son blancos
Antes de los compactos la música se distribuía en unos discos de vinilo de un tamaño mucho mayor, tanto que el arte de los sobres llegó a convertirse en un valor fundamental del álbum . Esta palabra viene de albus , blanco en latín, un adjetivo del que se deriva el sustantivo album , con el que se designaba una tableta para escribir y, por extensión, una lista.
Los álbumes empezaron siendo, por lo tanto, una colección de discos. Cuando éstos aumentaron su capacidad seguimos usando el término aun para los vinilos que venían solos; a fin de cuentas, seguían siendo colecciones de registros. Listas de reproducción.
La tecnología digital logró reducir los 30 centímetros de diámetro del vinilo a los 12 del CD. Sin embargo, ambas dimensiones están relacionadas y entre ellas medió uno de los mayores genios de la historia del arte: Beethoven, Ludwig van.
Pista 2. El noveno milagro
Cuando Philips y Sony estaban desarrollando el disco compacto, los ingenieros propusieron un prototipo de 11,5 centímetros de diámetro, suficientes para una hora de música. ¡Una hora de música en tu bolsillo! No había forma de superar semejante slogan.
Por fortuna, Norio Ohga, vicepresidente de Sony, estaba a cargo del proyecto. Ohga se había formado en el Conservatorio de Berlín y sabía que la Novena Sinfonía de Beethoven era demasiado extensa para un solo vinilo. Así que, ¿podrían agregarse al CD unos minutos más, digamos, como para grabar toda la Novena ?
Los ingenieros dijeron que sí, pero iban a tener que agrandar el disco. ¿Cuánto? Medio centímetro. Excelente, nadie iba a dejar de comprar un compacto por cinco milímetros más o menos.
Ohga mandó a revisar el catálogo de PolyGram, subsidiaria de Philips, y encontraron que la versión más extensa de la Novena era la de Wilhelm Furtwängler en el Festival de Bayreuth de 1951. Adivine cuánto duraba esa grabación. Acertó: 74 minutos.
Ohga selló así, con la duración de una obra estrenada en 1824, el destino de toda una era. Desde los CD-R hasta los Blu-ray tienen 12 centímetros de diámetro.
Pista 3. El albo noveno
Pero no fue el gigante de Bonn quien me desveló estos días de vacaciones, sino el Album Blanco de los Beatles. Es poco probable que hayan elegido ese color para su inmaculado noveno disco de estudio por razones etimológicas; no por falta de latines, sino porque el arte del sobre fue obra del artista pop Richard Hamilton, que -suponemos- buscó un contraste con colorido disco anterior, Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band.
Pero el Album Blanco es, a mi juicio, el que más genuinamente encarna el sinfónico significado de algo blanco, una tableta para escribir, una lista y una colección de registros musicales.
Creo que tuve mi primera copia en casete (así compartíamos música hace 30 años) del Album Blanco a los 16 años. Cuando pude reunir el dinero, cambié el casete por los vinilos, lo que constituyó para mí un acontecimiento inolvidable. Por supuesto, lo volví a adquirir en CD. Y es uno de los que llevo conmigo siempre en el iPhone.
Es decir, me he pasado oyendo esta obra durante 35 años y sé muy bien en qué orden están las canciones. Lo diré más claro: el orden de las canciones del Album Blanco está grabado en mis neuronas de tal forma que el más ínfimo cambio me produce mareos, temblores, sudor frío y una sensación generalizada de desamparo y de sinsentido.
He venido luchando contra la incapacidad de los media players para respetar el orden de las pistas desde que existen los MP3. Al principio, créame, grababa todo el CD como un archivo único, para evitar que programas como Winamp o XMMS siguieran el más lógico pero menos artístico de los órdenes, el alfabético.
Ricardo Sametband, por ejemplo, usa otro método, más ingenioso y flexible: emplea la etiqueta de la pista como parte del nombre de cada archivo. Sistema que me resistí a aceptar, básicamente porque puedo ser muy fastidioso con los detalles. La canción se llama Blackbird , no 03.Blackbird.
Un día llegaron los reproductores portátiles y éstos, por fin, fueron capaces de respetar el orden original de las canciones en el CD. Lo mismo ocurrió con el iPhone, años más tarde, y, poco a poco, abandoné la costumbre de oír música en la PC.
Pista 4. La cuarta canción
Entonces llegó Netflix en la Argentina y, luego de probar el servicio con la netbook, decidí que ese Pentium 4 con una buena placa de audio que tenía medio abandonado podía hacerse un lugar junto al home theatre sin importunar la vista. Hice las conexiones de rigor, integré la máquina a la red inalámbrica y muy pronto, como era de esperar, estuve usándolo más para oír música que para ver películas.
El Album Blanco fue el primero que elegí. Arrojé la carpeta sobre el VLC ( www.videolan.org/vlc/ ), que es el reproductor de medios que uso normalmente, y todo marchó bien. Hasta la cuarta canción.
Entre otras peculiaridades, las primeras tres pistas del primer lado del primer vinilo del Album Blanco , es decir, las primeras tres del primer CD o, en términos más informáticos, los primeros tres archivos en la carpeta correspondiente al primer compacto, llevan títulos en orden alfabético: Back in the USSR, Dear Prudence y Glass Onion . Luego viene Ob-La-Di, Ob-La-Da , ¿quién no lo sabe?
De modo que cuando en su lugar arrancó, alfabéticamente, Happiness is a Warm Gun mi mundo se desplomó.
Pista 5. La canción liberada
Sabía lo que estaba pasando. Pero me parecía extraplanetario. ¡Por qué estos programas no usan la etiqueta de número pista para ordenar las listas!
Bueno, porque para mucha gente los discos ya no existen. Existen canciones sueltas. De allí el éxito de iTunes Store. En un mercado donde muchos discos sólo contienen un puñado de canciones pegadizas y lo demás está de relleno, en un mundo donde, además, las personas podemos construir nuestras propias colecciones de temas, el orden original de un disco en particular podría no sólo ser irrelevante, sino hasta resultar confuso.
Me dije, para excusar a mi querido VLC, que el programa se usa mayormente para ver videos y DVD, y que todo lo que tenía que hacer era instalar cualquier otro programita de música y listo.
Estaba equivocado.
Pista 6. El espíritu de las cosas
El orden original de las pistas (canciones, movimientos, escenas) así como la completitud de una obra siguen siendo una parte esencial del arte de la música. Todo bien con las compilaciones y los grandes éxitos de, pero si a un director se le ocurriese arrancar la Novena por el Adagio molto e cantabile , recibiría una lluvia de tomatazos. No sólo porque el autor no es una figura insignificante, sino porque las sinfonías tienen una forma, una unidad y un orden específicos, según me explicaba estos días Pablo Gianera.
La unidad, la completitud y el orden son parte de la obra musical, y esto es así desde mucho antes que nacieran las tecnologías de registro de sonido. No tiene que ver con el disco ni con los álbumes, blancos o de cualquier otro color. Tiene que ver con los músicos.
Provistos -por fin- de un medio para llegar a cantidades inmensas de público, el disco, los músicos hicieron lo que vienen haciendo desde hace decenas de miles de años: dotaron a la materia inerte de espíritu.
Para los músicos, el disco -en cualquiera de sus formas- está lejos de ser un simple envase. Piénselo, hacen cantar al bronce, la madera y la arcilla. Hacen cantar a los transistores, llegado el caso. Bueno, lo mismo hicieron con el vinilo y el CD. Lejos de quejarse por los límites, los aprovecharon como otra forma de expresión. Así, un humilde plato de plástico negro se convirtió en un objeto único; la frase Lado B , hoy tan de moda, nació entonces. Luego inspiraron alma en los herméticos CD. Y no me cabe duda de que no importa qué tecnología les den a estos hombres y mujeres, siempre lograrán el milagro de darle vida a los objetos.
Pues bien, no me gustó nada que el VLC me desfigurara el Album Blanco.
Pista 7. Con una ayudita de Twitter
A ver, pensemos, me dije. ¿Si mi iPhone ejecuta el disco en el orden correcto, hará lo mismo el iTunes en la computadora? Lo probé y el Album Blanco salió por los altavoces como lo concibieron los Beatles. Menos mal.
Hurgué en el sitio de VLC y descubrí que muchos se quejaban de que, en efecto, reproducía siempre los temas en orden alfabético. ¿Había una solución? Sí, pero pésima. Había que detener la reproducción, hacer clic en la columna de los números de pista y volver a apretar Play.
No way. Quería algo automático.
Esperanzado, probé otros reproductores ( XMPlay, Foobar2000, Windows Media Player, Winamp, AIMP, Jet Audio ) y en todos los casos ocurría lo mismo. No existía una manera de decirle al programa: Oiga, yo siempre paso discos completos, ¡respete el número de pista, hay un tag para eso! Algunos daban la opción, pero había que hacer dos o tres clics cada vez.
No, no, no podía ser.
Abrí una máquina con Linux y, para mi alivio, el Banshee ( http://banshee.fm/ ) ponía las canciones en el orden correcto.
Con estos dos cubría mis necesidades, pero el jueves por la tarde hice una consulta general en Twitter, dado que la posibilidad de reproducir los MP3 en el orden original del disco no es una característica que se mencione en las especificaciones de los programas. Tenía que recurrir a la inteligencia colectiva. Obtuve una excelente cosecha.
Para Windows y Linux
@JoseMasson y @autusgo citaron el Amarok ( http://amarok.kde.org/ ). Lo probé y, en efecto, respetó el orden de las canciones en Linux y Windows. Alcanzó con soltar una carpeta en la ventana y listo. Como debe ser.
Sólo Linux
@JoseMasson también propuso RhythmBox ( http://projects.gnome.org/rhythmbox/ ), al que ya conocía, y Listen ( www.listen-project.org ; el sitio estaba caído al cierre de esta edición), que era nuevo para mí. Ambos trataron el Album Blanco respetuosamente. Aplausos.
Otro programa que nunca había usado es Exaile ( www.exaile.org ), que me recomendó @weldev y que también respetó el orden de las pistas original del CD.
Sólo Windows
Por último, @pvernocchi me sugirió probar Zune ( www.zune.net/es-ES/ ), el software de los reproductores portátiles de Microsoft. También ordenó los temas correctamente.
Descubrí, de paso, que el Media Player12 (en Windows 7) también respeta el orden de las canciones.
Bonus track
Quiero agradecer a los twitteros que aportaron su experiencia con reproductores de música. Es por su buena voluntad que la lista está ahora mucho más completa. Dudo que hubiera tenido tiempo de probar la enormidad de programas que existen para este fin. Quiero también mencionar a @nicocou, con quien estuvimos viendo durante muchos tweets la forma de configurar el AIMP para que por default ordenara por número de pista.
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