Optimismo militante

El Grand Bourg, Lomas de Medeiros y Puerto Madero irradian optimismo: Urtubey presidente, mal que les pese a los encuestadores.
En Salta reina el optimismo. El clima festivo que se respira en el Grand Bourg, en Lomas de Medeiros, en el Puerto Madero del hermano Rodolfo y en cada lugar donde un funcionario se acerca a un micrófono. En Salta todo anda bien.

Quien lo expresó sin ambivalencias, generoso, fue Miguel Isa. “Si Urtubey llega a la presidencia, voy a ser el mejor gobernador de Salta”. No dijo que Urtubey vaya a ser el mejor presidente, porque hubiera resultado abusivo. Simplemente, ratificó su confianza en sí mismo y en el futuro.

El optimismo es una virtud. El optimista cree que todo irá bien a pesar de los contratiempos y de las frustraciones, que suelen ser salvadas por el buen humor. Sin embargo, Urtubey e Isa hablan en serio.

Serenamente, con la mirada puesta en un horizonte diáfano, pasan por alto los malos momentos del año electoral. El cuarto puesto en Salta capital es un detalle, porque el Tolo cumplió el sueño del pibe y llegó al Senado. Pero... los del Partido de la Victoria y los renovadores tienen poco sentido del humor y no están contentos con el gobernador por esa fea costumbre de recibirlos con los pies sobre el escritorio para decirles que su corazoncito late en otra dirección. “Si Juan quiere ser presidente, primero tiene que ganar la provincia”, advirtió el intendente de Tartagal, Sergio Leavy. Un oso en un bazar, y del peor humor. Claro, Juan Manuel no ganó la provincia. Si no hubiera sido por el Partido de la Victoria, el Tolo quedaba tercero.

El optimismo es una actitud que impide caer en la apatía, la desesperación o la depresión frente a las adversidades. También frente a los rezongos de Leavy.

El oficialismo salteño no solo es optimista: es estoico. Creen que su éxito radica en la naturaleza de las cosas y que los inconvenientes son un invento de los medios no rentados. Así, por ejemplo, la detención de un chico de 17 años que cometió el delito de llamarse Mauro los hizo quedar mal a todos solo para quedar bien con Tinelli. A Urtubey, a los ministros, a la policía con superpoderes de López Viñals y el Indio Godoy. Pero no se rinden: ayer difundieron por los medios nacionales que habían llegado a un acuerdo con Washington porque “sin la ayuda de gente especializada, no se puede combatir el narcotráfico”. Claro, si para una patoteada de alcance nacional tienen que buscar a un perejil y quedan en evidencia a los dos días, ¿qué pueden hacer contra los killers y narcos multinacionales que se instalaron en las inmediaciones de Salvador Mazza?.

El ministro de Seguridad, Alejandro Cornejo, salió a decir que es cierto que hace falta gente especializada, pero que no la van a traer de Washington, porque con él, con sus cámaras de seguridad made in México se basta y sobra.

Optimismo inoxidable, que no es estoico: es epicúreo. “Nada te perturbe; el placer es el principio y el fin de la vida feliz. La clave del optimismo es la felicidad. Y viceversa.

Por eso, al elegir ministra de Derechos Humanos, en vez de optar por alguna de esas militantes de gesto severo y expresión preocupada, eligieron a Marianela Cansino, contadora, cosmetóloga y tan pero tan optimista que se anima a compararse con Lula y asegura que “si él era camionero, ¿por qué yo no puedo ser ministra?”. Lula era tornero. A lo mejor, ella se estaba comparando con Moyano. el “piantavotos”.

Claro, a veces el optimismo obnubila. Sobre el abuso sexual en un boliche de Tartagal o sobre el hacinamiento de detenidos Marianela no avanzó mucho, pero ahora ya no colorea mejillas, sino que pinta escuelas.

Pero el verdadero ejemplo de optimismo militante es el ministro de Turismo y Cultura, Mariano Ovejero. “Yo soy optimista porque el turismo y la cultura deben ser factores de desarrollo”, anunció esta semana. Se podría suponer que se trata de un nuevo ministro, pero no. Ovejero ya es parte del inventario y se siente algo así como un plenipotenciario. Que el turismo y la cultura son factores de desarrollo ya se sabe. Lo que no se sabe es qué piensa hacer.

El año pasado, con Urtubey y Miguel Isa, habían anunciado desde Nueva York un acuerdo del célebre arquitecto César Pelli para construir “un ícono que represente a Salta ante el mundo”. El también optimista representante de los empresarios turísticos, Carlos Rodríguez Alzola, anunció una inversión privada de 25 millones de dólares y los medios rentados compararon el proyecto con “el trabajo del urbanista Tony Puig al imponer la denominada “Marca Barcelona”.

El anuncio estuvo rodeado de la magia de lo impreciso. Se habló de un nuevo Museo de Alta Montaña, de un desarrollo en el cerro San Bernardo, los maliciosos deslizaron la creación de una nueva orquesta sinfónica, de otros museos de arte contemporáneo, de la ruta del vino... En fin, el optimismo sigue, pero la realidad evoca al gran pesimista Calderón de la Barca: “La vida es un sueño, y los sueños, sueños son”.

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