Hay puesteros que trabajan para dueños que no conocen. Recaudan entre 500 y 2500 pesos. El gobierno porteño dice que no puede sacarlos con la Policía Metropolitana.
La venta ilegal en Once crece, y los puestos, que más que ambulantes ya son fijos, funcionan incluso de noche. Transitar por la zona, una de las más afectadas por la actividad, es prácticamente imposible. Y mientras los vendedores nocturnos explican que son explotados por los dueños de los puestos, en su mayoría extranjeros, las cámaras empresariales denuncian la ausencia del Estado para combatir el comercio desleal.
La avenida Pueyrredón no duerme. Cuando los locales comerciales bajan las persianas, quedan los meseteros: quienes antes exhibían la mercadería sobre mantas y que hoy, con tablones y cajones, tienen ahora un lugar establecido. La situación es más visible en las veredas de la estación de Oncey las cuadras a su alrededor. Allí, donde se concentra el 25% de la venta ilegal de toda la ciudad, algunos de los puestos permanecen abiertos durante toda la noche. Otros quedan armados, cubiertos por nylon.
La fiscal porteña Verónica Guagnino investiga la venta ilegal y estuvo al frente de operativos y allanamientos. "Es lo que se dice, que venden droga; probablemente sea cierto, como en cualquier otro lugar de la ciudad, pero nosotros la verdad no hemos encontrado ningún elemento", afirma. Algunos de los puesteros entrevistados reconocen que, cuando va a venir la Policía Metropolitana, alguien les avisa.
Fuentes del gobierno porteño argumentaron no poder desbaratar algunos centros de venta ilegal al aire libre porque "con los efectivos de la Metropolitana no alcanza, los vendedores son muchos". La Policía Federal, agregaron, difícilmente colabora. Tal vez, sugirieron, los puesteros de Once sean un objetivo cuando Horacio Rodríguez Larreta asuma como jefe de gobierno.

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