La oferta de carne no se fija por decreto

Por Hernán de Goñi

El Ministerio de Economía se ocupa de financiar el gasto público. La Secretaría de Comercio Interior, de regular a aquellos sectores que no se comportan al gusto del Estado. El BCRA, de promover los créditos productivos. La lucha contra la inflación, que es una tarea común a todos ellos, no figura como prioridad de nadie.

Los políticos tampoco han hecho demasiado. Cuando la oposición piensa en este problema mira al Indec. Consideran que un funcionamiento más normal del organismo forzaría al Gobierno a asumir decisiones diferentes a las actuales, un supuesto aún lejano.

Preocupado por el impacto que los sectores de menos ingresos tendrán en su bolsillo, el único factor que parece despertar una reacción oficial es el precio de la carne. En las últimas 48 horas hubo un medida desacertada de la que nadie en el Poder Ejecutivo se hizo cargo formalmente, como fue el cierre transitorio de los envíos al exterior.

Es la misma receta aplicada en 2006 que causó el círculo vicioso que hoy padecemos. La intervención oficial (potenciada por la sequía de 2009) impulsó un récord de faena, con lo cual el stock de ganado cayó un 10%. Exportar menos puede crear la ilusión de que habrá más carne hoy, pero no ayudará a que haya más el día de mañana.

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