Orlando Velásquez (38) vivió con su familia una odisea en San Rafael, Mendoza, a partir de un accidente cuando pasaron por Valle Grande.
Pararon al costado del camino, para estirar la piernas. Y a pesar que el auto tenía el freno de mano, comenzó a deslizarse. Su hijo Tomás, de 13 años, en un intento desesperado por frenar el auto, se subió y se desbarrancó con el vehículo al río Atuel.
El pequeño sufrió fuertes golpes en todo su cuerpo, pero está fuera de peligro. El accidente ocurrió el lunes (23 de marzo), pero recién en la jornada de ayer un grupo de Bomberos Voluntarios de un pueblo cercano, Salto de las Rosas, le rescató el auto, un Peugeot 208 que sufrió destrozos casi totales.
“Fue una desgracia con suerte”, dice Orlando quien es conocido para los santaroseños. Atiende un puesto de panchos en la Plaza San Martín, el que está en el centro sobre la calle Yrigoyen. Con un auto que le prestó su padre, viajó a agradecer a la Virgen del Valle la posiblidad del trabajo: muchas veces quisieron desalojarlo, pero resistió con el puesto de panchos, el ingreso familiar.
“Ya nos volvíamos de San Rafael. Paramos al lado del Bosque EUCA “, explicó el pampeano. EUCA es un bosque aéreo que ofrece una expedición entre árboles, sogas y tirolesas, en el kilómetro 17,7 de la ruta provincial 173.
Por eso estacionaron a un costado del camino, en un playón. Y como iban a cruzar la ruta, el nene de 13 años se volvió para sacar la llave. “Puse balizas y el freno de mano. Es un lugar donde no hay guar-rail. Cuando el nene estaba llegando al auto, se empezó a mover. Y se subió, para intentar frenarlo”, dijo Orlando. Allí comenzó una pesadilla.
“El auto se desbarrancó más de quince metros. Y a mi nene no lo encontramos”, dijo. Su esposa, Carina Corbalán, desesperada, quería bajar hacia el río en una zona inaccesible. Además estaba su otra hija de 5 años. “Por suerte llegó gente de EUCA, y nos ayudó. Ellos tenían elementos de rescate como tablillas y camillas”, explicó.
A Tomás tardaron unos 10 minutos en encontrarlo. Fue despedido del auto. Estaba unos tres metros debajo del auto, contra una roca, a pocos centímetros del agua. Lo pusieron en una camilla, y le hicieron los primeros auxilios.
“La gente de EUCA le salvó la vida a mi hijo”, dijo Orlando, para repetir una y otra vez su agradecimiento. La ambulancia tardó unos 45 minutos en llegar y otro tanto la Policía.
Aunque su hijo sufrió golpes en el 96% del cuerpo, no sufrió quebraduras ni lesiones vitales. “El es chiquito. Pesa poco más de 35 kilos. Por eso se salvó dicen lo médicos”, explicó.
Apenas se llevaron el nene, Velásquez le pidió a los Bomberos -que tenían un enorme camión- si podían ayudar a rescatar el vehículo. “Me dijeron que tenía que llamar al seguro”, dijo. Desde la firma San Cristóbal, no le brindaron una solución. También le pidió a la Dirección de Irrigación una ayuda, pero le dieron la espalda.
Mientras su hijo permanecía en el Hospital Schestakow, de San Rafael, la familia pampeana debía resolver la situación del auto.
“Nos pedían 15 mil pesos para sacar el auto. Nadie nos daba una grúa”, explicó Hernández.
En la caída del auto, perdieron dinero y otras pertenencias. “Perdimos dinero que teníamos. No tenemos un peso. Por eso salimos en los diarios y en las radios de San Rafael. La gente nos ayudó a partir de esas notas”, dijo.
Por ese pedido de ayuda, se movilizaron los Bomberos Voluntarios de Salto de las Rosas. “Se presentó el jefe, Pablo Faranciull y me dijo que me ayudaba a sacar el auto. Con el subjefe y otros cinco bomberos voluntarios. Tenían un camioncito. Trabajaron durante cuatro horas y me sacaron el auto”, dijo Velázquez, sin ocultar su emoción. Mientras estaban realizando el rescate la Dirección de Irrigación apareció con la promesa de una enorme grúa y también Defensa Civil. “Ya era tarde”, dijo.
Tampoco la Policía lo ayudó. “Durante estos dias me robaron cosas del auto. El estéroo, el criquet, la rueda del auxilio y repuestos del motor. Se llevaron varias cosas”, dijo el santarroseño.
Ahora solo espera volver a Santa Rosa. Hoy espera el alta para su pequeño. “Todavía no juntamos para el pasaje y tenemos que pagar el alojamiento. Pero vamos a salir”, dice Orlando Velásquez, sin perder la esperanza.
Comentá la nota