Ochoaizpuro: “En Junín, la sociedad no se compromete como debiera con la Justicia”

Ochoaizpuro: “En Junín, la sociedad no se compromete como debiera con la Justicia”
El hombre que llevó a la cárcel al asesino del nene de 9 años dijo que en nuestra ciudad “la gente no participa como debiera” y eso conspira contra la resolución de los casos. También habló del caso Colo y de las críticas que recibe el Poder Judicial.
Nació en Junín. Pasó los primeros años de su vida en casa de los abuelos, una modesta vivienda de calle 25 de mayo 784. Cuando tenía tres años, sus padres (él, ferroviario; ella, empleada de comercio) se mudaron a la casa donde hasta la actualidad vive su madre, en avenida República y San Martín, en la zona del Club BAP, lugar que lo vio crecer junto a su hermano menor y a muchos de los que hoy son sus amigos. Se llama Javier Alberto Ochoaizpuro, tiene 42 años y su actuación en el caso Tomás Dameno Santillán le retribuyó una catarata de elogios, algo inusual para un funcionario judicial en los tiempos que corren.

El fiscal dice que no va a dejarse confundir con los aplausos del momento y remarca a cada momento que la mediatización del caso originado en Lincoln “fue muy importante en su carrera”, pero que eso no implica haberle dedicado más horas y empeño que a otras investigaciones.

En esta charla con DEMOCRACIA, el hombre que encarceló a Adalberto Cuello -en tiempo cuasi record para lo que son los plazos de la Justicia- habló del papel activo trascendente que cumplieron los testigos linqueños, de la conducta opuesta que percibe en la comunidad juninense a la hora de atestiguar, del caso Colo y de la veintena de crímenes irresueltos en nuestra ciudad.

-Termina el año de una manera especial. En una Justicia muy cuestionada, usted fue mirado por muchos como el “diferente” del rebaño…

-Es bueno que se reconozca la tarea que venimos haciendo, a veces en forma anónima y que pasa inadvertida, pero es importante que la sociedad entienda que se trabaja en todas las causas de la misma manera.

-¿De chico ya sabía que iba a estar vinculado al mundo de las leyes?

-De chico me gustaba el Derecho, y de todos los roles de la Justicia me llamaba la atención la fiscalía, por lo que veía en las películas y en los documentales. Es una actividad con muchas variantes y eso me atrapaba. Cuando me vine a Junín, a los dos meses me propusieron ser secretario del fiscal Roberto Rodríguez y ni lo dudé.

Años después, en diciembre de 2008 asumí en la UFIJ Nº2.

-¿Puede resumir la labor de un fiscal, en cuanto a la actividad propiamente dicha y a la presión que existe sobre quien desempeña esa función?

-Es muy compleja e intensa en todos los aspectos. Hay mucha presión no sólo de parte de la víctima sino de los imputados de los hechos, que piden medidas permanentemente, que proclaman su inocencia en casi todos los casos y eso hace que haya una presión muy grande para tratar de juntar la mayor cantidad de pruebas posibles para poder resolver con certeza y que todo el mundo se sienta conforme con esa resolución. Tenemos la obligación de trabajar de manera objetiva, de tratar de reconstruir el modo en que aconteció el delito, detectar a los autores, en qué circunstancias actuaron y todo eso lo tenemos que hacer de un modo objetivo.

-¿Cuesta avanzar de manera fluida ante las artimañas que se presentan en cualquier proceso judicial por parte de las defensas de los acusados?

-Yo no hablaría de artimañas, porque quizás está denotando una ilegitimidad en el accionar. Lo que sí se podemos decir es que cada defensor tiene su filosofía y utiliza las herramientas que le da el Código Procesal para defender a su cliente.

-¿Eso le exige reflejos para anticiparse a la jugada, a lo que puede sobrevenir?

- Uno trata de prever los pasos que va a dar el defensor del acusado, los puntos que me va a atacar, para tratar de orientar una investigación. Es hacer un ejercicio de ponerse en abogado del diablo para reunir los elementos de prueba que no dejen flancos vulnerables y nos lleven a una conclusión sólida. A medida que vas conociendo a la gente, sabés de que manera trabaja cada uno y eso es lo que hace interesante este trabajo.

-¿El suyo es un ambiente en el que se puede tener amigos?

-Sí, ¿Por qué no? Muchos se sorprenden de la interrelación que tenemos con todos los actores del proceso judicial en Junín. Creo que todos entendemos que nos toca cumplir una función específica y cuando se resuelve algo que no nos da la razón en lo que pedimos, entendemos que no hay cuestiones personales. Podemos convivir en armonía entre jueces, fiscales y defensores sin mezclar el trabajo con lo personal.

¿El caso Tomás marcó un antes y un después en su carrera?

-Hubo otros hechos importantes en mi carrera, no con la trascendencia que tuvo este caso, por sus características y por la víctima. El hecho de que se haya atacado a una criatura de nueve años que no tenía problemas con nadie sensibilizó a todo el mundo, a mí también y a todos los que hemos estado desde el primer día en el lugar del hecho. Sería hipócrita si dijera que no me afectó en lo emocional. Lo mismo le pasó a gente que no tenía nada que ver y que trabajó ad honorem.

-¿Cómo juega un caso de esta naturaleza en la cabeza de un fiscal a lo largo de todo el proceso? ¿Hubo noches de desvelo? ¿Lo perturbó de alguna manera?

-No, yo le doy la atención que a cualquier otra causa. Que haya sido pública no significa que le reste importancia a otras investigaciones.

-Algunos objetan que no hubo pruebas directas para condenar a Cuello…

-Lo que pasa es que los indicios analizados de manera temporalmente detallada marcan la materialidad del hecho. El término indicio quizás sugiere una liviandad en el significado, pero hablando desde el punto de vista procesal un indicio de inmediatez equivaldría a una prueba contundente, porque lo que me está diciendo es que la persona

fue sorprendida al instante de haber consumado el delito. Lo que ha pasado en este caso es que hubo una gran cantidad de medidas de prueba que resultaron indiciarias de la responsabilidad de Cuello, pero que al Tribunal le permití fallar con la certera convicción de que era culpable.

-Una prueba directa sería que alguien hubiese visto a Cuello matar a Tomás…

-Sí, pero eso casi nunca pasa. Es muy difícil ver a alguien haciendo una cosa así, pero no quiere decir que los elementos que se incorporan no sirvan para demostrar la culpabilidad de una persona.

-¿Qué sintió en el momento precisó en que se declaraba la prisión perpetua a Cuello? Imagino que debe aparecer una sensación especial en esos instantes…

-Sentí satisfacción porque el tribunal acogió la postura que habíamos expresado en los alegatos.

-La Justicia en general viene siendo muy cuestionada, y la de Junín no es ajena a esas críticas. ¿Cuál es su opinión?

-Yo creo que en esta ciudad la Justicia actúa de acuerdo con lo que las leyes nos ordenan. Hay condenas muy importantes emanadas de todas las fiscalías; creo que en líneas generales y en el aspecto penal hay una buena administración judicial.

-Sin embargo, cargan el estigma de los crímenes sin resolver. ¿Por qué hay tantos?

-Eso habría que preguntárselo al fiscal encargado de cada causa. Hay homicidios que son de muchos años atrás, de gestiones anteriores, y a veces influye el escaso compromiso de la gente. En Junín, la gente no participa como debiera. El ser ciudadano implica derechos y obligaciones, pero muchas veces hay vecinos que se encuentran ante un delito y miran para otro lado o se esconden por temor a represalias, y eso impide que se pueda llegar a buen puerto.

-En Lincoln pasó todo lo contrario, usted siempre destacó los testimonios que aportaron los vecinos…

-Es verdad, hubo gente que se presentó de manera espontánea a comentar circunstancias que nos sirvieron para el esclarecimiento de la causa.

-En Junín, este año tuvimos un caso parecido, el crimen de Sandra Colo, y no apareció ningún testigo pese a que el hecho fue en plena mañana y en un barrio de mucho tránsito. ¿Para usted ese es un paradigma de la falta de compromiso social que caracteriza a los juninenses y que los lleva a no involucrarse en episodios de esta especie?

-No sé si hay falta de compromiso, sí me parece que muchas veces la gente no manifiesta lo que tendría que contar. De todos modos, el que tiene que dar una respuesta particular sobre las particularidades de cada caso es el fiscal que tiene a cargo la investigación.

-¿Es literal la ecuación establecida entre el paso del tiempo y la reducción de posibilidades de esclarecer un hecho?

-Sí. A medida que van pasando los meses, la gente que puede haber visto algo se va olvidando detalles que pueden ser definitivos, las huellas se van borrando y demás. Las primeras 48 horas son fundamentales para el futuro exitoso o no de una pesquisa.

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