Ocho años de prisión por dejar ciega a su expareja

Ocho años de prisión por dejar ciega a su expareja
Se trata de Carlos Ariel Goncharuk, a quien condenaron por "lesiones gravísimas" que sufrió, Susana Gómez. La mujer perdió la visión por los golpes.
Una condena de ocho años de prisión recayó sobre Carlos Ariel Goncharuk quien fue encontrado culpable de las “lesiones gravísimas” que sufrió su ex pareja Susana Gómez, quien quedó ciega en el marco de un episodio de violencia de género. Para la Justicia la mujer perdió la vista luego de una sesión de golpes que le descargó su marido en la cabeza y sufrió el desprendimiento de ambas retinas.

El acusado no estuvo presente en la sala de audiencias por consejo de su defensora oficial Cecilia Sicard, quien adelantó que apelará la sentencia dictada por la jueza Carmen Palacios Arias, integrante del Tribunal Oral Criminal V de La Plata.

Tras conocer la condena la víctima declaró que ahora podrá criar a sus hijos, pero no podrá verlos "nunca más".

"Hoy yo no estaría acá sin el apoyo y el acompañamiento que recibí de la Casa María Pueblo, por eso pido que el Estado acompañe a este tipo de asociaciones para proteger a las víctimas", declaró Gómez ante la prensa.

"A mí la vista no me la devuelve nadie", afirmó y entre lágrimas subrayó: "Voy a poder criar a mis hijos, pero no podré verlos nunca más".

En el veredicto, la jueza hizo una detallada valoración de la prueba y dio crédito a la versión de la mujer. La jueza recordó que los delitos de violencia intrafamiliar son de difícil probanza para la Justicia ya que solo se cuenta con la versión de las víctimas, aunque aclaró que en este caso, esa versión se vio corroborada por prueba directa y objetiva que formaron la convicción necesaria en la etapa del proceso para arribar a una condena.

En su alegato el fiscal Fernando Cartasegna había pedido que se aplique nueve años de cárcel. El abogado de la víctima diez. La jueza, luego de valorar atenuantes y agravantes, aplicó ocho años, una pena similar al mínimo de homicidio simple.

Como agravantes de la pena, la jueza tuvo en cuenta “la extensión del daño causado” y detalló que “Susana Gómez no va a ver crecer a sus hijos”. También mencionó la “violencia psicológica” que padeció la mujer y el “aprovechamiento de la situación de vulnerabilidad de la víctima” a la que el propio acusado la indujo. En otro pasaje mencionó la violación de la restricción perimetral que el fuero de Familia había impuesto a Goncharuk “lo que implica un no apego a las normas impuestas”, sostuvo Palacios Arias en el dictamen al que accedió Diagonales.

En la resolución también se destaca la labor de la ONG que dio abrigo a la mujer y la jueza recomendó al Estado que comience a tomar medidas para prevenir y erradicar la violencia de género. “Dicho ejemplo debería multiplicarse”, sostuvo la magistrada.

También la jueza recordó que el Estado argentino adhirió a la convención de Belem Do Pará para combatir toda clase de violencia hacia las mujeres.

El hecho que se le imputa a Goncharuk ocurrió en junio de 2011, cuando el hombre, con quien Gómez vivía en la localidad de Lisandro Olmos comenzó a golpearle la cabeza contra la pared de la cocina.

La mujer contó que conoció a Goncharuk en 2002, y luego de un período de normalidad comenzaron los maltratos.

"Me decía: ‘te voy a matar, te voy a dejar ciega’, y lo peor de todo es que lo hacia delante de mis hijos", dijo la mujer que dio otros detalles de la violencia que ejercía sobre ella el acusado.

Gómez contó que le costaba "mucho salir de ese círculo, y recién pude salir en enero de 2001 cuando dije ‘basta’, la Justicia, pese a todas las denuncias, no hacía nada. Un día casi me mata a mí y a mi familia, me golpeaba en la cabeza y repetía: ‘te voy a dejar ciega, te voy a enterrar en el patio de la casa, total, nadie se va a enterar’".

Contó luego que hizo numerosas denuncias, pero "nadie hacia nada" hasta que "un día, como no podía ir a la casa de mi familia porque él iba y me pegaba, también a mi padre, decidí ir a la Casa María Pueblo donde conocí a Darío Witt (titular de ONG): él me salvó la vida, porque comenzamos los trámites de denuncias y todo se aceleró, hasta que mi esposo quedó preso".

Gómez contó que todos los episodios de violencia que vivió le cambiaron la vida, porque ahora "no es fácil" desplazarse por la calle, ni tener "una vida normal" debido a que perdió la vista.

"Ahora veo todo negro, me guío por la voz de los demás. Uso el bastón para orientarme y he tenido que aprender todo. Es como volver a vivir, pero en la oscuridad", relató entre sollozos.

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