La obra de nunca acabar está en el San Bernardo

La obra de nunca acabar está en el San Bernardo
Llevan meses la colocación de asfalto negro en un tramo de unos 200 metros en calle Lázaro Azpeitia entre Joaquín V. González y Rafael Obligado. Recién en los últimos días quedó habilitada –con dificultad- para la circulación de vehículos.
Larga como esperanza de pobre. El popular refrán bien le vale a una obra pública ejecutada entre la Cooperativa Eléctrica y la Municipalidad en el barrio San Bernardo. Hace siete meses que se están ejecutando los trabajos para asfaltar y construir cordones en dos cuadras de calle Lázaro Azpeitia.

Recién por estos días quedó habilitada la circulación en Lugones y Azpeitia. Eso sí, en caso de doblar en dirección a Rafael Obligado o Gálvez deberá contar con un vehículo de tracción integral o todo terreno si desea sortear la elevación de tosca que dejaron las maquinarias.

Con el ritmo propio de un caracol y con intermitencias, una cuadrilla de obreros suele aparecerse por el lugar y efectuar algunas tareas. Hasta hace poco, enormes montañas de tierra obstruía el paso. Para poder circular por la vereda había que hacer poco menos que equilibrio.

Los vecinos que residen en Lázaro Azpeitia al 800 estaban ilusionados en que la obra implique una mejora para la cuadra y, por ende, en la calidad de vida. Sin embargo, hoy están desahuciados. “Acá somos todos jubilados y no podemos pagar el pavimento. Dicen que en la calle van a poner asfalto negro”, dijo una señora mayor a EL CIVISMO. Ni cordón estaría previsto hacer. Algunos, por su condición de tener escasos recursos, directamente no pueden pagar la obra.

Distinto panorama tienen aquellos que habitan el Lázaro Azpeitia al 900. En esta cuadra, los vecinos pagaron la construcción de los cordones; algunos frentistas obtuvieron un plan de pago de hasta 18 cuotas y hasta la vieja fábrica cuyos galpones dan a la calle también accedió a pagar la obra alivianando así el precio final. “La semana que viene van a venir porque esta semana tenían que ir a Open Door a un bacheo y después tenían que hacer cinco cuadras en el Santa Marta. Al no ser un trabajo continuo, la obra no se puede terminar”, contó otra vecina, en este caso conforme con la llegada del asfalto negro por el frente de su casa.

Mientras tanto, la calle sigue siendo de tierra aunque ahora con base de tosca apisonada, pero en la esquina de Lugones la situación apenas varió en los últimos meses. El remolque para compactar la tierra fue retirado, el gigantesco hoyo abierto fue rellenado pero los caños siguen sobre la tosca dejada a un costado de la cuadra para beneplácito de los perros que caminan sobre los tubos.

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