Por Jorge Rouillon.La objeción de conciencia, un recurso que los médicos tienen a mano (aunque sería deseable no verse forzados a usarlo) ante leyes que afecten la vida o presiones de autoridades, suscitó estos días diversos análisis.
Los conflictos morales ante una obligación considerada injusta fueron analizados, el viernes último, por Hugo Obiglio, académico de Ciencias Morales, en un congreso de asociaciones médicas católicas latinoamericanas, en el colegio Champagnat.
Allí se evocó a Jérôme Lejeune, genetista francés, que en 1959 descubrió la causa del síndrome de Down. En 1964, la Sorbona creó para él la cátedra de Genética fundamental. Candidato al premio Nobel, dejó de serlo cuando se opuso, en 1970, al proyecto de aborto eugenésico en Francia: eliminar al ser que iba a nacer enfermo, discapacitado. La viuda de Lejeune envió una emotiva carta al encuentro.
Con 400 asistentes, hubo 40 paneles sobre temas muy variados. El médico peruano Reynaldo Ballon se refirió a "300 niños por nacer que nacieron", casos en que ayudó a reflexionar a las madres que pensaban abortar y acompañó la evolución de sus criaturas en los primeros años.
La psicóloga Carolina Pavía y el médico Ernesto Beruti enfocaron el silencio que reina sobre el síndrome postaborto. Contaron casos del dolor manifestado por mujeres -"no me hablaron del vacío emocional y físico que iba a sufrir"- y por hombres.
Hubo paneles de experiencias positivas solidarias, como la expuesta por la entidad Valoremos la Vida, de Florencio Varela, que contiene a 300 personas con discapacidad mental, en una población sin obra social, con desempleo o trabajo precario.
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