Becas para niños y adolescentes que no se actualizan desde 2010 y cuyo pago se suspende periódicamente ponen en riesgo la continuidad de los centros de contención. Monseñor Jorge Ojea, obispo de la Diócesis de San Isidro, reclamó al gobierno de la provincia de Buenos Aires la actualización de las becas con las que se mantienen centros de contención de unos 225.000 niños y adolescentes de las zonas más pobres de la provincia.
En su diócesis, integrada por San Fernando, Vicente López, Tigre y San Isidro, funcionan ochenta centros que subsisten gracias a donaciones y ayudas de empresas y particulares. Se trata de jardines maternales, "casas del niño", centros de atención a la infancia y centros juveniles en los que unos 500 docentes, asistentes sociales y otros profesionales asisten a unos 15.000 chicos.
En teoría, esos centros son sostenidos con becas del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia, como las UDI (unidad de desarrollo infantil), para niños de hasta 12 años, y otras ayudas con distintas denominaciones, como Centros Juveniles, Plan Eva Perón y otras, para adolescentes de hasta 18.
Pero la falta de actualización de sus montos y el retraso en su pago están poniendo en dificultades a los gestores de los centros.
El monto de esas becas no se actualiza desde diciembre de 2010 y van de $ 300 a $ 450 por mes por cada chico. En la mayoría de los casos se adeudan desde septiembre de 2013.
A Cáritas-San Isidro el Ministerio de Desarrollo Social de la provincia le depositó los dos bimestres adeudados de las becas UDI luego de correrse el rumor de que monseñor Ojea había dado una entrevista al diario LA NACION. Siguen sin cobrarse el resto de las becas.
"Aun cuando ahora se pongan al día con lo adeudado, la cuestión de los atrasos se repite, y si algo se atrasa o no se aumenta quiere decir que no es una prioridad", dijo Ojea, quien hace unos días se entrevistó con el flamante ministro de Desarrollo Social, Eduardo Aparicio.
A pocos días de asumir, después de varios meses de haber permanecido esa cartera sin titular, Aparicio recibió el pedido de audiencia de representantes de Cáritas y ofreció concurrir él al obispado de San Isidro. Así lo hizo.
Fue recibido por Ojea y por monseñor Carlos Tissera, obispo de Quilmes, donde también funcionan centros de contención gracias a las becas oficiales. Los obispos plantearon al ministro Aparicio la dificultad que producen los atrasos en los pagos de las becas UDI. Aparicio, por su parte, expresó su voluntad para lograr una solución concreta a corto plazo.
Los centros, que nacieron como de apoyo escolar, abren sus puertas a niños y adolescentes en contraturno y, además de alimentarlos, los ayudan a hacer las tareas y les ofrecen talleres de arte, música y otras disciplinas.
Los chicos que concurren a esos centros "son los que suelen estar mucho en la calle, son los chicos de las esquinas, los que no tienen contención familiar", dijo Ojea, para quien "es feroz" la demanda de droga en los barrios marginales.
"Hay villas donde el consumo está tan difundido que el chico siente que queda fuera del grupo si no consume, porque al no tener una familia su adhesión al mundo es a través de la banda", continuó Ojea. Y admitió: "Estamos en una situación difícil. Si las becas no aumentan vamos a tener serios problemas. No puedo poner plazos, porque siempre recurrimos a la buena voluntad de nuestras comunidades para pedir ayuda y el gobierno expresó su voluntad de solucionar este problema, pero está llegando un momento en el que nosotros también estamos con un ahogo importante".
Para paliar el desfase en cuanto a los montos recibidos desde el gobierno provincial y los gastos erogados, sobre todo en sueldos a los profesionales y empleados, el obispado de San Isidro se hizo cargo de conseguir fondos.
El vicario de San Isidro, padre Guillermo Caride, cuenta que el valor de la beca hoy, teniendo en cuenta los aumentos de sueldos y gastos que fueron absorbidos en estos tres años, sería de más de $ 650 por chico. Y a ese valor aún faltaría sumarle los incrementos de sueldos otorgados en estos meses.
"Se trata de dinero que es de los pobres. Esto no es una ayuda a la Iglesia, sino un trabajo directo con los pobres", dijo Ojea.
El padre Jorge García Cuerva, vicepresidente de Cáritas San Isidro y párroco de la villa La Cava, recibe a unos mil chicos en sus diferentes espacios. "Mientras estas ayudas no estén reglamentadas por una ley, seguiremos siempre patinando", dijo García Cuerva.
El obispo recordó que cuando la Iglesia sacó, el año pasado, un documento sobre el narcotráfico, el gobernador Daniel Scioli fue la primera persona que convocó a los obispos bonaerenses.



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