Obama se quedó sin pólvora para la economía

Hernán de Goñi

En el mundo académico predomina la sensación de que la segunda etapa del plan de estímulo monetario que lanzó la Reserva Federal causará más dolores de cabeza que soluciones. Su instrumentación no está asentada en el convencimiento de que es la receta adecuada para ayudar a EE.UU. a salir de su estancamiento, sino en el hecho de que es la única receta que pudo impulsar la Casa Blanca sin depender de las tortuosas negociaciones que le impone el Capitolio.

El primer paquete de la Fed tuvo un efecto mucho mayor porque fue acompañado por un estímulo fiscal de u$s 800.000 millones que llegó directamente a los consumidores americanos. Y aunque muchas voces planteaban la necesidad de ampliar esa iniciativa, Obama prefirió gastar todo su poder de negociación en la cuestionada reforma de salud, apostando a compensar otros costos políticos como la intervención en Afganistan.

La Casa Blanca, entonces, se quedó sin el pan y sin la torta. La reforma sanitaria no impidió la derrota y tampoco le dejó aire para dar más beneficios impositivos. Sin poder para persuadir a China de que aprecie el yuan (para aumentar sus compras de bienes estadounidenses), EE.UU. optó por dejar débil al dólar, una movida que dispara capitales a todo el mundo emergente y complica a sus economías a través de revaluaciones indeseadas. Intentar desatar este ovillo será el desafío de la próxima cumbre del G-20.

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