Obama promulgó su ley de salud y los republicanos buscan frenarla

Obama promulgó su ley de salud y los republicanos buscan frenarla
Trece Estados presentaron demandas: la acusan de inconstitucional.
Al transformar su reforma del sistema de salud en ley, el presidente Barack Obama tenía a su lado ayer a Marcellas Owens, un niño afroamericano de 11 años cuya madre murió de una complicación cardíaca porque no tenía seguro médico poder pagar una operación y a Connie Anders, una sobreviviente de cáncer que tuvo que endeudarse de por vida para poder pagar el tratamiento que la salvó. Son sólo dos rostros entre los más de 32 millones de estadounidenses que hasta ayer no tenían cobertura médica.

"La ley que estoy firmando pondrá en marcha una reforma por la que lucharon y marcharon muchas generaciones", dijo Obama durante la ceremonia en el East Room, a la que asistieron también los diputados que hicieron posible el éxito de la votación del domingo. Siguiendo una vieja tradición de Washington, Obama firmó el texto con 22 lapiceras que luego distribuyó entre aquellos que lo acompañaron en su larga y difícil lucha por la reforma del sistema de salud. Dijo que lo hacía "en nombre de mi madre, que tuvo que pelearse con las compañías de seguros médicos al mismo tiempo que en los últimos días de su vida luchaba contra el cáncer".

Obama reconoció que, por momentos, hubiese sido más fácil rendirse frente al cinismo y a las dudas. "No somos una nación que deja de lado sus aspiraciones, no somos una nación que cae en la duda y en la desconfianza. Somos una nación que enfrenta sus desafíos y acepta su responsabilidad". Con su talento para la oratoria, agregó: "Nosotros condicionamos nuestro destino. Esto es lo que hace que seamos EE.UU. de América. Y ahora hemos coronado el principio esencial de que todos tienen que tener seguridad básica en lo referido a la atención médica". "Esto es algo de puta madre", dijo enfáticamente el vicepresidente Joe Biden, a propósito de la ley.

La víctima principal de la victoria de Obama fue, sin embargo, el bipartidismo que prometió instrumentar cuando llegó a la Casa Blanca. Nunca antes se hizo una reforma social de esta magnitud sin un solo voto republicano. De hecho, la ley promulgada ayer ha acentuado aún mas la polarización política en la sociedad.

En el pasado, todas las reformas sociales también enfrentaron una fuerte resistencia de los sectores más conservadores. Cuando Franklin Roosevelt presionó para que el Congreso aprobara el sistema de seguridad social, y cuando Lyndon Johnson hizo lo mismo por el Medicare, un seguro médico estatal para los jubilados y un Medicaid para los pobres, los republicanos pusieron el grito en el cielo y predijeron todo tipo de catástrofes. Estos tres programas sociales, tan polémicos en su momento, son ahora un derecho adquirido que todo estadounidense aprecia y a nadie se le ocurriría pedir que sean eliminados.

Los republicanos, sin embargo, han lanzado una ofensiva para bloquear la ley. El senador y ex candidato presidencial John McCain insistió en que, en medio de la "adulación mediática", se ha perdido de vista que "una abrumadora mayoría no quiere esta reforma, quiere que comencemos de nuevo y obviamente ha rechazado este masivo control del gobierno".

Ayer, cuando la tinta de las 22 lapiceras de Obama todavía estaba fresca, el estado de Virginia presentó una demanda en contra de ley afirmando que es inconstitucional. El Estado de Virginia argumenta que el gobierno federal se excede en el poder que tiene para regular la industria de la salud al establecer que los ciudadanos están obligados a comprar un seguro médico. Minutos después siguieron sus pasos otros 13 Estados: Florida, Carolina del Norte, Nebraska, Texas, Michigan, Utah, Pennsylvania, Alabama, Dakota del Sur, Idaho, Washington, Colorado y Louisiana.

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