Una nerviosa Casa Blanca sabe que una derrota hoy para la candidata demócrata que busca ocupar la vacante en el Senado será vista como un repudio a todo lo que Obama hizo o no hizo en los trece meses desde su asunción.
Una nerviosa Casa Blanca sabe que la derrota hoy para la candidata demócrata en Massachusetts será vista como un repudio a todo lo que Obama hizo o no hizo en los 13 meses desde su asunción, hace un año mañana. "La gente de Massachusetts está enojada, como debiera estar", comentó Michael Capuano, un congresista demócrata de Boston, antes de añadir: "Tienen que enfocar esa ira en la dirección correcta, hacia la gente que nos puso en esta posición".
La representante demócrata, la fiscal general del estado Martha Coakley, y su opositor, un miembro conservador del senado del estado, Scott Brown, anduvieron por todo el estado del nordeste en busca de los últimos votos vitales, mientras las encuestas sugerían que estaban cabeza a cabeza. Dadas las pocas oportunidades de prevalecer hasta hace una semana, Brown estuvo frustrado y enojado con la falta de progreso en Washington y un amplio sentido de desencanto, alimentándolo por la detenida recuperación económica y la retórica de los comentaristas conservadores de los medios.
La campaña de Coakley debía emitir anoche un último aviso publicitario televisivo con Obama haciendo un llamado a los votantes para que la apoyen y contra Brown. Esto sucedió mientras una encuesta emitida ayer le daba a los republicanos una ventaja de cinco puntos, aunque con los márgenes de error de la encuesta. "Si Brown gana esta elección, será un disparo que se escuchará en todo el mundo", dijo Colleen Conley, presidente del Rhode Island Tea Party. "Será un claro rechazo a la presidencia de Obama y al ambicioso Congreso democrático."
Brown, que se lanza como el desvalido luchando contra las elitistas fuerzas demócratas, se está beneficiando con el apoyo del Tea Party Republicano –una coalición libre pero cada vez más potente de conservadores de derecha que está dándole una voz al enojo popular por los grandes impuestos–. Mientras apunta a Obama en particular, es apenas más respetuosa de la jerarquía republicana en Washington.
La victoria de Brown le daría al movimiento Tea Party, que nació después que Obama entrara en funciones, nuevo ímpetu para protestar por el expandido gobierno y la reforma de salud en particular. Debe llevar a cabo su primera convención nacional en Nashville, Tennessee, dentro de dos semanas, con Sarah Palin, la ex gobernadora de Alaska, como principal oradora.
La creciente influencia de la coalición Tea Party, que toma su nombre del dejar de pagar en 1773 el impuesto al té de Gran Bretaña al puerto de Boston por los colonos rebeldes, está poniendo nerviosos a los demócratas y a algunos republicanos. Pero la lucha por los votos en Massachusetts está poniendo de relieve la fragilidad política de Obama a un cuarto de camino en su término de cuatro años.

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