La nueva estrategia demócrata, que será presentada al Congreso en una sesión a puertas cerradas, "busca dar un papel más importante a las armas convencionales en la disuasión". Sería la primera actualización de la política atómica del país desde 2002.
Según fuentes oficiales anónimas citadas por el diario, el documento con la nueva estrategia, que será presentado al Congreso en una sesión a puertas cerradas, "buscará un papel más importante para las armas convencionales en la disuasión" e "irá más lejos que las anteriores al incluir los objetivos de la no proliferación". Los partidarios de la desnuclearización aseguran que el único sentido de las armas nucleares es disuadir a una potencia nuclear ante una posible amenaza a Estados Unidos.
Desde esa perspectiva, la superioridad de las Fuerzas Armadas norteamericanas en materia de armamento convencional convertiría al arsenal atómico en inútil en cualquier otro contexto. Esta doctrina supondría el retiro de cerca de 200 ojivas nucleares tácticas que Washington posee en Europa, una medida que cinco socios de la OTAN –Alemania, Bélgica, Luxemburgo, Noruega y Holanda– exigieron a Obama en febrero.
La decisión de reducir el arsenal está en línea con el discurso que Obama pronunció en Praga el 5 de abril de 2009. Allí abogó por eliminar en un futuro los arsenales nucleares, cuya existencia "es el legado más peligroso de la Guerra Fría".
Pese a que el gobierno demócrata se comprometería a "mantener una disuasión sólida y confiable" mediante armas convencionales capaces de golpear en cualquier parte del mundo en el plazo de una hora (Prompt Global Strike) y atacar a "la dirección de Al Qaeda en las montañas de Pakistán", sus detractores consideran que se trata de una decisión ingenua en un momento en que se reactivó la amenaza nuclear por parte de países del Eje del Mal como Irán y Corea del Norte.
Caterpillar apaga motores en Irán
El mayor fabricante mundial de maquinaria pesada se comprometió a limitar al máximo las operaciones comerciales con Teherán en las que estén involucrados sus productos y prohibió a sus filiales "que acepten cualquier pedido" que tenga como destino final al país de los ayatolás. La compañía norteamericana Caterpillar aseguró que "la acusación de que mantenemos amplios negocios con Irán no es acertada" ya que esas ventas no suponen ni un 0,2% de su facturación mundial.

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