El nuevo orgullo sanjuanino

El Azul se impuso 2 a 1 a San Martín de Mendoza y pasó a los 24 avos de final. Lo empezó perdiendo con el gol de penal de Reggi. Lo dio vuelta con los tantos de Alexander Lucero y Rubén Darío Gigena.
Con el corazón en la boca, con el alma de desparramada en el verde del Bicentenario, Unión pasó de ronda. No fue a los penales, pero sufrió. Se encontró en desventaja pero este Azul es capaz de conseguir cualquier hazaña y lo hizo de nuevo, aunque no fue fácil.

La primera parte del partido mostró poco desde lo futbolístico. Es que el Azul carecía de volumen de juego y el equipo se hacía muy largo, porque el Peti Núñez corría de una lado para otro pero sin tener el control. Entonces los pelotazos era la arma ofensiva.

El Chacarero no mostraba demasiado y solo se limitaba a correr a todo jugador que lucía la camiseta Azul. Y para su beneficio contó con la inestimable colaboración de Alan Aciar que le cometió un infantil penal al Chori Sosa. Gustavo Reggi se encargó de cambiar por gol el penal y la ventaja en el primer cuarto de hora le venía como anillo al dedo.

Y entonces como en cada partido, Unión empezó con su sufrimiento. Una vez más debió a salir a remontar un resultado. Y le costó, porque por más que el Pichu Lucero y el Bichín Sanchez ganaban por izquierda, no podían cristalizar en la red ese dominio del juego y sobre todo la tenencia de pelota. Un cabezazo de Gigena, un remate de Alexander Lucero y otro del Teco Fernández, solo se contaron como llegadas sobre el arco de Portigliatti, pero no como situaciones claras de gol.

Para el complemento, la historia empezó a cambiar a partir del ingreso del Luto Molina. Allí estuvo la clave para renacer. Fue determinante para manejar la pelota y sobre todo llegar con más claridad sobre el arco rival. Antes de los diez lo tuvo el Teco Fernández pero salvó Portigliatti. Pero a los 17 minutos Alexander Lucero definió en el área con un zurdazo aprovechando la siesta de los defensores mendocinos. Ese gol potenció más al Azul y se fue adelante. Buscó y tuvo su premio en la cabeza de Rubén Darío Gigena. La jugada se generó a puro toque y cayó a los pies del Peti Núñez que envió un centro perfecto para que el Tanque defina el partido en favor del Azul.

Y después de eso, el Chacarero se nubló y facilitó el trabajo final. Unión revivió, con la estirpe y la capacidad del Luto Molina, con la garra de todo un plantel y con el aliento de la gente que dejó claro en el final que Unión en la Copa Argentina, es el orgullo de San Juan.

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